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Hay temas que la ciencia todavía no ha podido explicar. El origen del universo. La conciencia humana. El funcionamiento del VAR por parte de los árbitros argentinos. Y, por supuesto, la aparición del mufa.

Toda selección victoriosa, o en camino a serlo, convive con un enemigo silencioso. No es el rival de turno, ni el árbitro, ni la altura de Ecuador o Bolivia, ni siquiera las tandas de penales. Es una presencia mucho más sutil, casi imperceptible, que aparece cuando el sueño está al alcance de la mano. Hablamos del piedra, del yetatore, del fulmine, del lagarto... del mufa.

Desde la antigua Grecia, ya hubo indicios de esta patología. El filósofo griego, Hematocrito de Siracusa (425 - 399 a. C.= 26 a. C.), quien falleció joven luego de que una columna del Partenón se le cayera encima al intentar volver a Grecia, nos hablaba del Γρουσουζιά, traducido como “Yeta”. Y de cómo esta podía influir no solo en forma individual, sino que a nivel sociedad.  Por tales cuestiones, existía el llamado ostracismo para aquellas personas que eran un peligro para la democracia o el destierro para aquellas personas que cometían algún delito como homicidio o eran peligrosos para la sociedad griega. Hematocrito, fue un impulsor en la antigua Grecia de accionar el dispositivo del ostracismo para aquellos que puedan ser considerados mufas. Por dudosas cuestiones, fue Hematocrito quien padeció el ostracismo, cuando afirmó que Aquiles era invencible y que los enemigos tenían que tener mucha suerte para darle justo al talón.

Pero volvamos a nuestra época. Resulta llamativo que este individuo permanezca oculto durante meses, incluso años. No suele aparecer en amistosos contra Estonia, tampoco durante un Argentina-Bolivia un martes lluvioso por Eliminatorias. Mucho menos a nivel clubes.  Mientras la selección transita partidos intrascendentes, el sujeto desarrolla una vida completamente normal. Usted jamás sospecharía de él. Va al supermercado, trabaja, lleva a los chicos al colegio y hasta puede pasar por una persona agradable. Pero llega un Mundial. O una final de Copa América. O una semifinal olímpica. Y algo sucede. El mufa despierta.

Lo curioso es que, en la inmensa mayoría de los casos, ni siquiera es un verdadero seguidor de la selección. No conoce las convocatorias, confunde laterales con extremos y probablemente crea que el doble cinco es una formación policial. Su vínculo con el fútbol es superficial, casi decorativo. Lo mínimo e indispensable para sostener una conversación de ascensor. Casi como lo es el clima.  Sin embargo, cuando el equipo entra en instancias decisivas, experimenta una transformación digna de estudio.

Los especialistas sostienen —especialistas que, por supuesto, no existen, pero que serían muy prestigiosos si existieran, pero son especialistas al fin y al cabo— que el cuerpo humano libera, durante las etapas definitorias de una competencia, una sustancia muy similar a las feromonas. Dicha secreción transporta información relacionada con la ilusión colectiva, el nerviosismo y esa esperanza ingenua de la felicidad en torno a lo social definido.

Para la enorme mayoría de la población esa sustancia es completamente inocua. Para el mufa, no.  Las investigaciones más serias dentro de la pseudociencia futbolera indican que estas personas poseen unas diminutas glándulas receptoras, todavía imposibles de detectar mediante resonancias o análisis clínicos, capaces de interpretar esa señal química. Una vez activadas, desencadenan un mecanismo completamente involuntario. A saber:

  • El organismo envía impulsos eléctricos al cerebro.
  • El cerebro responde con una sola orden: "Es momento de mufarla."
  • El sujeto comienza a gritar goles antes de tiempo o a realizar aplausos de la nada.
  • También, varios científicos han descubierto que se sientan a mirar tal o cual partido sin objetivo alguno.

A partir de ese instante, el individuo comienza a emitir una serie de conductas características. Empieza a utilizar frases que jamás pronunció durante el resto del año. Publica una bandera argentina en sus redes sociales. Cambia la foto de perfil. Compra una camiseta en la boliferia o en internet, casi siempre trucha.  Algunos más pudientes suelen reventar el sueldo en el store de la marca patrocinante de la selección. Descubre que siempre fue hincha de la selección. Habla de "nuestros muchachos". Opina sobre planteos tácticos. Y, lo más preocupante de todo, comienza a realizar afirmaciones categóricas, las cuale son salen de las siguientes:

  • "Vamos a salir campeones."
  • "Ya está, no se nos escapa."
  • "Somos mucho más que ellos."
  • “GOOOOOOOOL” (cuando la pelota esta todavía en el pie del pateador)
  • “Hoy le metemos cinco”

Es precisamente en ese momento cuando las personas de su entorno deben permanecer alertas. No se trata de discriminar ni de generar una caza de brujas. No, por favor, no lo tome de esa manera. El síndrome del mufa no distingue edad, profesión, nivel educativo ni condición social. Puede manifestarse en un contador, un médico, un remisero, un profesor universitario o ese primo que aparece únicamente para los asados importantes y sin poner un peso. Hasta presidentes de la Nación han sufrido de esta patología.

La detección temprana.

Existen algunos indicadores tempranos. El sujeto comienza a escribir "Vamos Argentina" con una frecuencia inusual. Usa demasiados emojis de copas. Habla del partido faltando cuatro días. Les desea suerte a los jugadores como si alguno fuese a leer su historia de Instagram. Incluso puede llegar a decir "tranquilos, ya somos campeones", frase considerada de riesgo extremo por toda la comunidad futbolera. Comienzan a preocuparse a donde ver el partido. Curiosamente el ultimo match que vieron fue la de un evento mundialista cuatro años atrás, o en su defecto, dos años por la Copa América.

Ante cualquiera de estos síntomas, mantenga la calma. No confronte al paciente. No intente convencerlo con estadísticas. No discuta. No trate de explicarle nada. La experiencia demuestra que la mufa rara vez responde a argumentos racionales.  Durante años se creyó que este comportamiento era exclusivamente cultural. Sin embargo, estudios realizados por hinchas especializados en detectar mufas, en distintas canchas del país concluyeron que el fenómeno tiene un fuerte componente biológico. Nadie elige ser mufa. Del mismo modo que nadie decide vomitar cuando otro vomita o tener hipo después de tomar gaseosa demasiado rápido. Es algo evolutivo.

Por esa razón, distintos organismos internacionales —cuyos nombres tampoco conviene chequear demasiado, porque de seguro son mufas— elaboraron protocolos preventivos para minimizar el riesgo de contagio emocional que producen estos individuos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), presionada durante años por la comunidad futbolera internacional, difundió una serie de recomendaciones para los ciudadanos que entren en contacto con una persona afectada por el síndrome del mufa.

Las medidas son simples y han demostrado una eficacia extraordinaria, aunque imposible de comprobar científicamente. Pero en estas épocas a nadie le importa el rigor científico, sino fíjese como estamos.  Las medidas de precaución son las siguientes:

  • Si usted es varón, deslice discretamente su mano derecha hacia la entrepierna izquierda, procurando que el movimiento resulte natural y no despierte sospechas.
  • Si usted es una dama, apoye suavemente la mano derecha sobre el corazón, como si estuviera sonando el himno nacional.
  • No haga movimientos bruscos para que no se enfoque en usted y lo miré.
  • No establezca contacto visual prolongado.
  • Si puede, diga “anulo mufa”, tantas veces como pueda. Si no puede decirlas en voz alta por temor, dígalas internamente.
  • Siempre tenga a mano alguna imagen de Pugliese.
  • También puede repetir “Pugliese, Pugliese, Pugliese”.
  • Y, bajo ninguna circunstancia, responda a frases como "ya está ganado" con un "sí, olvídate".

La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz.

Porque en el fútbol moderno existen muchas variables imposibles de controlar: el estado del campo de juego, el viento, un rebote desafortunado, un penal dudoso o una lesión inesperada. Pero si hay algo que jamás debe subestimarse es la capacidad de un mufa para aparecer exactamente cuando todo viene demasiado bien. Tenga cuidado. Esté alerta. No es para preocuparse, es para ocuparse. Incluso esto que usted acaba de leer puede llegar a ser mufa, o tal vez sea usted el piedra. Así que por las dudas: anulo mufa.

 

Bibliografía.

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Bianchi, E., & López, H. (1973). Fenómenos Yetatorios en Competencias Deportivas Sudamericanas. Instituto Nacional de Ciencias Exactamente Incomprobables.

Boveri, A. (1966). Manual de Profilaxis contra el Piedra. Universidad Popular de Villa Ortúzar.

Casella, J. P. (1988). Feromonas Futbolísticas y Conductas de Riesgo en Tribunas. Revista Argentina de Biología Futbolera Marciana, 12(3), 45-67.

Fernández, O. (1997). El Lagarto: evolución de una amenaza silenciosa. Editorial Tiempo Suplementario.

Gómez, L., & Santoro, F. (2002). Neuroquímica del "Ya Somos Campeones". Anales del Instituto de Estudios Sin Sustento Científico en Base a Tik-Tok, 8(1), 13-39.

Instituto Nacional de Mufología Aplicada. (1994). Atlas Anatómico del Homo Mufensis. Gerli Oeste, ahí a dos cuadras del Plaza Vea. Provincia de Buenos Aires.

Pérez, M. (2022). El Fulmine y otras enfermedades del optimismo deportivo. Editorial Lo Vi En Instagram Y Debe Ser Cierto.

Rodríguez, C. (2011). Mufa, azar y superstición: una aproximación epidemiológica. Fondo Editorial Financiado por la CIA, el Vaticano, el FBI y la AFA.

Sosa, G. (1974). Tratado General sobre el Síndrome del Piedra. Academia Rioplatense de Ciencias Esotérico-Deportivas. Ministerio de Regulación del Tarot.


Toni Schweinheim
Obra Publicada, expediente Nº 510614. Dirección Nacional del Derecho de Autor




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