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"Sixto Figazza" de Roberto Fontanarrosa.

Siempre recordaré a Sixto Figazza como el ejemplo del futbolista chacarero, hecho en el campo. Llegó a Rosario Central de Murphy, provincia de Santa Fe y su introspección, su mutismo, sorprendieron incluso al cuerpo técnico, ducho y habituado a enfrentarse con muchachos que venían del interior. 

A Sixto —el más chico de una familia numerosa— sus hermanos mayores parecían haberle quitado las palabras de la misma forma en que lo hicieran, alguna vez, con los juguetes. Tanto es así, recuerdo, que para conocerle la voz, sus compañeros debieron esperar pacientemente a que marcara un gol y lo gritara a voz en cuello frente a la tribuna partidaria. Alto, grandote, colorado, llevaba impreso en la piel el sol de la campiña que lo vio crecer. Lo observé cambiarse un día, en los vestuarios (cuando aún a mí me dejaban entrar a los vestuarios) y me emocionaron las marcas que tenía sobre el cuerpo, las zonas blancas y casi lampiñas adonde el sol de Murphy no había llegado a oscurecerlo mientras araba el campo o alimentaba los pollos. La vasta región abarcada por la camiseta de tiras (la vulgar "musculosa" como se la conocería después), la línea pura y bien definida de la gorra sobre la frente y la pulsera alba de la correa del reloj en la muñeca.
También, incluso me asombró la marca de una fina cadenita de oro que colgaba de su cuello robusto, como así también la moneda pálida que señalaba en el pecho amplio el sitio donde solía reposar la medallita de San Efigenio de los Toldos, su santo protector. 

Todo aquello demostraba la conducta de una persona morosa, de movimientos lentos, casi inmóvil, que daba chance al astro rey de bordear con su luz los contornos de las alhajas. Conducta, si se quiere, opuesta a la que mostrara luego en el campo de juego, pues pronto se evidenció como un jugador de trajinar incansable, que humedecía con su sudor todos los rincones de la cancha. 
Pero lo que más me sorprendió en él, en Sixto Figazza, a fuer sincero, fue su inocencia, su notable ingenuidad, su candor por momentos preocupante. 

Llegó a Central, por ejemplo, esgrimiendo entre sus manos grandes y algo torpes (había sido criado para manifestarse con los pies, después de todo) un diploma de futbolista. Un diploma que le fuera entregado por una escuelita de fútbol de su ciudad natal y adonde, según él, había recibido ese título habilitante tras cursar cinco años de aprendizaje intensivo. De más está decir que el cuerpo técnico del club desestimó aquel rollo de papel algo ajado e intentó someterlo a una prueba de destreza sobre el verde césped, que es el único sitio donde se revela toda la verdad, como bien decía el inolvidable uruguayo Roberto Matosas. 
Mucho hubo que insistirle al muchacho venido de Murphy para que aceptara la prueba dado que repetía hasta el cansancio que a él le habían asegurado que la sola presentación de aquel diploma le permitía el acceso, lisa y llanamente, a un equipo de primera. Finalmente aceptó someterse a prueba y superó ésta sin mayores inconvenientes, refrendando ampliamente los excelentes antecedentes de los que venía precedido. Por otra parte —y como para completar el cuadro referido a la campechana personalidad de este muchacho— estaba el hecho de que a Figazza, con apenas 17 años, lo atemorizaba ciertamente el fárrago urbano de la ciudad de Rosario. Y eso que estamos hablando de una Rosario de antaño, quieta y silenciosa, y no de este monstruo de cemento que hoy por hoy todos conocemos. 

Para Figazza, pensar que debía salir de la pensión e ir a hablar por teléfono a su ciudad natal debiendo enfrentarse con los temidos trolebuses, lo llenaba de pavor y aversión. Yo lo acompañé más de una vez al puerto, donde porfiaba en contemplar los cargueros de bandera liberiana, y en el trayecto solía detenerse como un niño asustado ante el paso raudo y silente de los trolebuses. 

No manifestaba abiertamente su pánico, pero me confesó una noche, después de un partido contra Chacarita, que soñaba con ellos y se despertaba bañado en transpiración. Recuerdo que incluso un día, llegué a tomarlo de la mano en las inmediaciones de la plaza Santa Rosa, tanta fue la conmiseración que me despertó ese comportamiento medroso y dubitativo. 

Pese a todo, pese a esa personalidad introvertida y poco dada a la explosión temperamental, la bulliciosa hinchada de Rosario Central lo adoptó prontamente como uno de sus ídolos predilectos, por su entrega sin doblez en la puja, por el desmesurado esfuerzo que demostraba en la cancha. Fuerte, noble, transparente podría decirse pese a su físico  exuberante, nada hacía pensar que el destino le reservaba un final equívoco, tendiéndole una trampa en la cual cayó, quizás, por su ingenuidad o su falta de previsión. Me lamenté siempre, eso sí, por no haberlo advertido a tiempo, cuando fui testigo del comienzo de los sucesos quizás un tanto casualmente. 

Porque aquel partido fue, quizás, uno de los últimos en que a mí se me permitió la entrada al vestuario "canalla" antes del encuentro, y allí pude ver y oír (por partes, fragmentada) la conversación entre Figazza y el doctor Woodward, facultativo del club del barrio de Arroyito por aquellos tiempos. Y quisiera aclarar el motivo por el cual a mí no se me permitiría, más adelante, entrar a los vestuarios de los locales por expresa indicación de sus directivos, aunque esto no haga en demasía a la historia propiamente dicha que estoy relatando. Yo nunca he sido un periodista deportivo de los mal llamados "polémicos" y que no pasan de ser, en la mayoría de los casos, simples mal educados que confunden el micrófono con un arma de mano. Yo siempre he mantenido una línea de conducta, de ética profesional, que me ha marcado los límites de la confianza y me ha impedido denostar o agredir impunemente a ningún miembro, importante o no, de una comisión directiva. Para sobrevivir, nunca he tenido que recurrir al bajo recurso de la diatriba ni tampoco al fácil camino del escandalete para mantener mis espacios en la radio. Pero se dio la malhadada casualidad de que en aquel partido al cual estoy haciendo referencia, Central perdiera 7 a 1 luego de una impresionante serie invicta de 28 partidos y hubo algunos malintencionados que atribuyeron aquella debacle (que tendría más de una razón técnica y táctica para justificarse) a mi casual presencia en los vestuarios adjudicando todo a una supuesta condición mía de "mufa", odiosa palabreja con que se puede discriminar y marginar de por vida a un hombre bueno. Coincidió el episodio, también, amargamente, con el lamentable hecho de que uno de los players locales a quien yo entrevisté a poco de salir a la cancha se quebrara en tres partes la tibia y el peroné antes de los cinco minutos de juego en una desgracia a todas luces incomprensible. 

Algunos malintencionados que nunca faltan, recordaban luego que yo le había predicho al malogrado jugador una tarde de triunfo y algazara, más la conversión de no menos de dos goles para la divisa local. Esa maléfica combinación de desdichas, sumada a lo ocurrido con Sixto Figazza, descargaron sobre mi persona la maledicencia y, de ahí en más, se me cerraron las puertas a los vestuarios auriazules. Lo cierto es que aquella triste noche del partido contra Tigre, yo estaba cubriendo para la emisora los prolegómenos del encuentro, realizando las entrevistas habituales. 
 vi al Gringo (como le decían a Figazza en otra demostración de lo certeros que suelen ser los futbolistas para los apodos) realizando el precalentamiento con sus compañeros. Su cara y su nariz estaban más rojas que nunca y temí (juro que lo pensé en aquel instante) que el pibe hubiese caído en las temibles garras del alcohol. Yo sabía que era el muchacho más sano del mundo, pero es sabido cuántas y variadas son las tentaciones para un hombre joven en una ciudad como Rosario, que no por nada ostenta el dudoso privilegio de haber sido, en algún momento, capital mundial de la prostitución. Sin embargo, muy pronto me tranquilicé. Lo que tenía Figazza era tan solo un fuerte resfrío que coloreaba aun más su cara redonda de italiano del norte. Vi, entonces, como el doctor Woodward se le acercaba y, al parecer, le proponía algo, animadamente. Pude apreciar, desde el rincón donde llevaba adelante la transmisión, cómo Sixto dudaba largamente ante aquella propuesta. Aprecié cómo el doctor le mostraba un pequeño frasquito conteniendo un líquido traslúcido en tanto sostenía, en la otra mano una jeringa con su correspondiente aguja hipodérmica. 
Quizás (y tal vez sea solo una de las excusas con las que deseo disminuir mi culpa) me contuve de acercarme al sitio donde el médico y el muchacho conversaban, debido a que yo estaba promediando un reportaje a uno de los futbolistas locales y hubiese sido francamente descortés dejarlo con la palabra en la boca. 
Con el rabo del ojo observé que el facultativo se llevaba a Sixto tras un biombo y ambos permanecían allí ocultos por un buen rato. Recuerdo que no podía concentrar mi atención en el reportaje que estaba haciendo, hasta el punto de preguntarle a mi entrevistado cuántos goles pensaba convertir aquella tarde siendo, como era, el goalkeeper del primer equipo (éste fue otro siniestro dato que alguien recogió y enarboló, como una bandera, cuando llegó el momento en que se me catalogó de  agente de la mala suerte. Recordemos que el goalkeeper recibió la friolera de 7 goles aquella tarde, nada más que por su propia ineficacia). 
Pensé por un momento en abandonar todo y correr hacia donde se hallaba Figazza para consultarlo sobre la confusa escena con el doctor. Pero me frenó el hecho de que no quería alimentar ciertas perversas habladurías (éstas de otro cariz) sobre mi relación con el muchacho proveniente de Murphy, ya que alguien nos había visto, tiempo atrás, tomados de la mano en las inmediaciones de la plaza Santa Rosa ¡Qué tonto es el ser humano, en ocasiones! Pues yo estaba perfectamente seguro sobre lo cristalino y diáfano de mi relación con el rubio medio volante y quizás debería haber enfrentado la situación con espontaneidad y decisión. 
Pero el lógico temor a la opinión pública (¡dura paradoja, ya que yo mismo era uno de los manipuladores, en definitiva, de esa opinión!) contuvo mi afán. Esperé que todo no fuera más allá de un mal pensamiento, de una oscura presunción que había cruzado por mi mente poco dada a cavilar de ese modo. Pero, si se quiere, el demencial desvelo por atrapar resultados deportivos dentro de un profesionalismo ateo, me habían enseñado a desconfiar de todo y de todos. En el partido de aquel viernes por la noche (había quedado diferido de una fecha anterior) Figazza hizo un primer tiempo estupendo, pese al resultado adverso. Corrió, metió, desplegó íntegramente su reconocido y amplio bagaje de voluntad y hombría de bien. Yo no alcancé, desde la cabina de transmisión, a detectar nada anormal en su conducta. 
Que subiera y bajara como una locomotora, que corriera a cuanto rival pasara por su lado, que ayudara a todo compañero que se encontrara en aprietos, no era un comportamiento que pudiese sorprender a nadie. Era aquél el mismo despliegue que lo había consagrado en el equipo de primera y era aquélla la entrega que lo había metido en el corazón de la fervorosa parcialidad auriazul. Quizás... quizás, un desmedido brillo en el blanco de sus ojos, que podía apreciarse desde la tribuna, me inquietó por un instante. Pero nada más. E incluso eso podía ser atribuible a la gripe que lo aquejaba. 
Por otra parte, en el segundo tiempo dejé de observar esa particular fosforescencia. De pronto algunos densos nubarrones amenazantes se dibujaron en el cielo. Pero todo no pasó de un amago de tormenta y, sobre los diez minutos del segundo tiempo, la luna relucía sobre el cercano río y el estadio. La verdadera tormenta estaba ocurriendo en el campo de juego, ya que los ágiles del equipo de Victoria habían, a esa altura del partido, perforado cuatro veces las redes del local. Fue entonces cuando comencé a detectar una conducta extraña en Sixto Figazza. 

De más está decir que yo seguía meticulosamente sus evoluciones en el campo de juego dada la amistad que nos unía y, también, es obvio, porque me inquietaba lo que había presenciado en los vestuarios. Lo noté alterado, más de lo que podía suponerse en un jugador que está perdiendo por goleada. Y respiraba con enorme dificultad. Hacía con los brazos gestos confusos y ampulosos que nadie entendía demasiado bien y sacudía la cabeza como tratando de desprenderse de un dolor repentino. Abandoné la cabina de transmisión a la carrera y bajé, a escape, hasta los distantes vestuarios. De allí encaré hacia el túnel y por el túnel me asomé al campo. Desde ese lugar, semioculto, pude apreciar la espantosa transformación que se originó entonces. Los ojos se le desorbitaron y comenzó a escupir una baba blanca y espesa, jadeaba y giraba sobre sí mismo como un trompo. Sin duda lo agitaba un desasosiego general y maléfico. Pronto el arbitro se percató de su extraña condición, y comenzó a seguirlo con la mirada, al igual que yo. Figazza, de repente, tras arrojarse en forma salvaje a los pies de un rival, quedó caído de bruces sobre el césped. Cuando se incorporó, a medias, su rostro mostraba una contracción espantosa. Le habían crecido enormemente las cejas, como así también las patillas y el cabello de la nuca (habitualmente corto y prolijo) se encrespaba ahora, haciéndose más largo e indócil. Los asistentes, que habían corrido hasta su lado temiendo alguna lesión dieron un paso atrás, espantados, y lo propio hizo el árbitro. Figazza, ya de pie, se cubrió el rostro con las manos y las manos eran peludas como las de un mono. 

El partido se había detenido y un remolino de hombres lo rodeaba, pero el muchacho de Murphy se abrió paso, súbitamente, entre los impresionados rivales y compañeros y corrió con saltos desacompasados y animalescos hacia el costado de la cancha. Un ulular se elevó desde las tribunas. Figazza pasó muy cerca mío, a unos diez metros, y comenzó a treparse al alambrado olímpico. Sin embargo, dos enormes perros de la policía que se hallaban dentro del campo, se arrojaron sobre él con determinación homicida. Figazza, desencajado, saltó desde la altura en que se hallaba y en otros dos brincos, se metió bajo el refugio (una suerte de techito a dos aguas) que le brindaba un cartel publicitario de doble faz, detrás del banderín demarcatorio de media cancha. Hasta allí vi correr al doctor Woodward, varios jugadores recuperados de la primera impresión y el arbitro, mientras en el otro extremo los dos perros, contenidos a duras penas por la policía, pugnaban por atrapar al fugitivo. 

Pero fue el técnico de los locales quien encontró la solución al álgido momento. Se levantó como un resorte de su banqueta notificando al referí que Figazza no volvería a la cancha. Enseguida el partido continuó, olvidándose el publico del extraño suceso que tanto lo alterara. Los policías pudieron alejar a los perros del improvisado refugio que ocultaba al muchacho de Murphy y solo hubo oportunidad de acordarse nuevamente de él, casi sobre el final del encuentro, cuando, desde abajo del refugio de la publicidad estática, se elevó un aullido desgarrador, de animal herido. Pero incluso aquel estremecedor lamento pasó casi desapercibido, pues lo sofocó el prolongado ulular de mi colega Roberto Reyna cantando el fatídico séptimo gol de los visitantes. No pude estar en los vestuarios, por las causas por todos conocidas (es notorio que la maldición sobre el presunto mufa es fulminante) pero me enteré de que el control antidoping (precario, en aquel entonces) realizado sobre Figazza, no había dado absolutamente nada. Me informé, asimismo, que el pibe no había sido salido elegido en el sorteo pero un veedor de la AFA que presenciaba el encuentro, consideró pertinente —dada la peculiar conducta del muchacho— someterlo a la prueba. 

La explicación final la daría un día después un pariente que vino a buscar a Sixto a la pensión del club, donde permanecía retenido. El muchacho era séptimo hijo varón y, se sabe en el campo, que esa condición es propicia para que un hombre se convierta en lobo. El viernes de luna llena había hecho el resto. De cualquier forma (perdonen si insisto), yo sigo sospechando del doctor Woodward, a quien se acusó, tontamente (o para desviar la atención) de no haber detectado desde el primer examen físico aquella rara anomalía que aquejaba a Figazza. No soy muy dado a creer en esas leyendas camperas. Como tampoco acepto, bajo ningún aspecto, que a un hombre se le endilgue una fama de mufoso o jetattore por el simple hecho de haber coincidido su presencia con un par de resultados negativos y/o desgraciados.

Roberto Fontanarrosa.

El Antiequipo de la semana (14/03 al 21/03)

Arriba: Martín Benítez (Jugador de Independiente, corneta, ¿cómplice?); Alexis Zárate (Jugador de Independiente, abusador, bambinista); Carlos Reinaldo Merlo (Entrenador de Racing, casi ex entrenador de Racing, camarilleado, teñido); Mauro Camoranesi (Jugador de Racing, casi ex jugador, mala leche, camarillero); Sebastián Saja (Arquero de Racing, usa las manos para atajar y hacer camas).

Abajo: Claudio Morel Rodríguez (Jugador de Independiente, casi ex jugador de Independiente, burro) Daniel Montenegro (Jugador de Independiente, casi ex jugador de independiente, silbado); Javier Cantero (presidente de Independiente, desafortunado, cabeceador de sillas); Barras (termos violentos, inadaptados); Edgardo Bauza (Entrenador de San Lorenzo, incomprendido, rotador compulsivo de jugadores); Oliver Atom (Anime, crack, excluido, marginado).

Selección.
Caso curioso el de esta semana. Las noticias “anti” futbolísticas vinieron todas del lado de Avellaneda, por tal motivo de once jugadores, cinco son de Independiente y tres de Racing. Fue una semana caótica la del Rojo que comenzó la acusación de la novia —algunos dicen que es amigovia, otros que es un gato, etc— de Martín Benítez a su compañero, Alexis Zárate. Mientras los rivales de Independiente se abusan de sus defensores, mientras duermen en el área. Alexis hizo lo mismo con la novia de su amigo, mientras este dormía. También estaba otro jugador: Nicolás Pérez. El tema ya está en la justicia. Como si Independiente no tuviese bastantes quilombos.

En la previa del partido entre Independiente y Villa San Carlos pudo verse una bandera, que decía lo siguiente: "Omar sí, camarilla no". La “m” era un tres invertido y el “NO” estaba escrito con un “10”. Obviamente hacia alusiones a Claudio Morel Rodríguez y al “Rolfi” Montenegro. Jugadores que comenzaron a ser resistidos. El primero por lo menos volverá a la titularidad. En cambio El 10 y capitán de Independiente, cada partido que pasa se come más silbidos que una mina en minifalda pasando por una obra en construcción. Algunos dicen que los jugadores no soportan que De Felippe los haga entrenar en doble turno y por eso están tendiéndole una cama al entrenador. Sin embargo, entre tanto veterano y tanto pie redondo, la camarilla se la hacen ellos mismos, de lo malos que son.

Javier Cantero sigue en las malas. Luego de “perder” en la oficina de la AFA la postergación del partido contra el rojo, tuvo una semana para olvidar. Su equipo empato con el último del Nacional B, le salto el tema del abuso sexual y encima un socio intento agredirlo. En los capítulos de South Park, Kenny tenía más suerte que Cantero en la vida real.

Y llegó el turno de hablar de la otra parte de Avellaneda. Racing anda de mal en peor. El conjunto de “Mostaza” Merlo no da pie con bola. Pierde más que bombucha cargada por el joven manos de tijera. El presidente lo salió a bancar, pero según los rumores indican que si este domingo no gana, se tomara el buque. La gente lo respalda y le echa la culpa a los jugadores, sobre todo a Sebastián Saja y a Mauro Camoranesi. “Limpieza ya!!! Sajarrucho, Camaranesi  5DTs. Con Merlo No!!!”, fue el pasacalle que colgó gente de Racing. Sin embargo para realizar una camarilla se requiere cierta coordinación, inteligencia, astucia y viveza. Cosas que los jugadores de Racing no tienen desde hace rato. Los dirigentes apuntan más que nada a Saja, no solo por es el líder del grupo, sino que últimamente parece ser que esta usando más las manos para extender las sabanas de la cama a Merlo, que para atajar.

Nuevamente los violentos rompieron las pelotas esta última semana. Fue en el clásico de La Plata. Un grupo de barras del conjunto del lobo, intento entrar a la zona de vestuarios y se armó un despelote bárbaro. ¿Las consecuencias? Diez detenidos, algunos heridos leves y Gimnasia deberá jugar sin público. Por ahora no hay soluciones posibles para el tema de la violencia. Una solución propuesta seria la de poner un pico y una pala, en cada entrada a las tribunas. Las barras al ver eso, saldrían corriendo.

San Lorenzo perdió en Chile contra Unión Española y se complicó bastante en la Copa Libertadores. Muchos hinchas salieron a cargar contra Edgardo Bauza y sus extraños planteos. El entrenador fue cuestionado por rotar jugadores hasta cuando no hay fecha de Copa y utilizar fuera de casa un sistema más defensivo que el de Falcioni. Por las dudas Fava ya va desempolvando el “No hablemos de Bauza, hablemos del próximo”.

Japón eligió a su mascota para el mundial de Brasil de este año. El elegido fue… Pikachu. Nada más alejado del mundo del futbol. ¿Y Oliver Atom? Quedo afuera. Teniendo un anime de futbol tan popular como lo es “Supercampeones”, es un pecado dejar afuera a Oliver. Tambien podrían haber elegido a Benji, a Steve o al paquete de yerba de Bruce, pero no, eligieron a Pikachu. Por lo que no solo Tevez se quedaría fuera del mundial, sino también un groso como Oliver Atom. Esperemos que también hagan lobby por el ponja.

El análisis de la Fecha 8 del Torneo Final «Nietos recuperados 2014» - Copa Raúl Alfonsín. Segunda parte

Por Virginia (*)
Hola buenas tardes. Me toco nuevamente en esta tardecita comentarles lo que paso en la fecha anterior. Fue una linda fecha. Hermosa. Maravillosa mis queridos amigos. Es un poco tarde ¿no? Ya es viernes. Pero no se hagan problema porque el tiempo pasa y es bueno que pase. Y como pasa rápido, hay que aprovecharlo al tiempo. Y si son pregúntenle a Campestrini, que viene haciendo tiempo desde hace mucho tiempo. Qué lindo este muchachito. Un divino. Ese es el tema de hoy, el tiempo. Todo porque el análisis sale un poquito más tarde que lo habitual. Pero no hay que hacerse problema. La vida está llena de problemas como la defensa de Boca o de River. Vamos ya al análisis de la jornada ocho, pero antes les voy a leer una cartita que me escribe don Ángel. “Cagones de mierda, esconden las pelotas”. Ay pero que hombre enojadizo don Ángel. Tranquilo Angelito que ya aparecerán las pelotas. Mientras me tomo este matecito, vamos a ver el resumen de la fecha.

Pero qué lindo partido. Ambos equipos necesitaban ganar. Porque todos en la vida tenemos necesidades. Sino pregúntenle a Jamal Malik en la película “¿Quién quiere ser millonario?”. Que linda historia, maravillosa, fenomenal mis amigos. Y esa necesidad era la que pasaba Miguel Ángel Russo, hacía rato que no tenía una alegría. Qué lindo Miguel con esos dientitos todos grandotes. Un amor. Pero vamos a lo importante, a los goles. El primero lo hizo Furch a los 40 minutos del primer tiempo. Mire como la salva Caranta, que lindo pero la suerte estuvo del lado de Furch al que le quedo el rebote ¡Hay que tener suerte eh! Porque los delanteros son como la vida misma, tienen que estar bien ubicaditos para aprovechar la fortuna. Maravilloso. En el segundo tiempo los de Alfaro defendieron el resultado. Se pusieron todos así, uno al lado de otros en el medio y abajo en el área. Todos amuchaditos, muy lindos ver a los chicos reventando la pelota. Raspando a los rivales, que deporte tan maravilloso. Y llego el empate ce Central. Carrizo de cabeza. ¿Se acuerdan de Amadeo Carrizo? Qué lindo tipo de hombre.  Estilizado, fornido.  Hermoso. Este chico por ahí es pariente. La cartita: Me llega una cartita de Julio de Sarandí. “Hola Virginia, sé dónde vivís, llegas a hablar mal de mi equipo y vas a recibir un regalo” ayyy pero que lindo, un admirador secreto y a mi edad. Que maravilloso.

Otra vez perdió Racing. Estos chicos no ganan más. Que lastima, porque tienen un entrenador muy pintón. Pierde, pierde y pierde Racing. Pero hay que tener esperanzas. Como yo le digo a los chicos, si te caes una vez levántate, si te caes dos veces levántate, si te caes tres veces levántate. Porque en la vida uno aprende con las caídas. Entonces como Racing cayo tantas veces, ya tiene como para hacer un doctorado en Harvard ¿No? En frente estaba Newell’s, lindo equipo, me gusta, es maravilloso verlo atacar. Desde tempranito ganaba Racing, porque al que madruga Dios lo ayuda. Mire como Ponce se aprovecha de la defensa de Racing. No Ponce, no. No tenes que aprovecharte así de chicos que no están prestando atención a la jugada. Eso es querer sacar ventaja. Ay estos chicos de hoy son tan picaros que se aprovechan de todo. El equipo de Merlo quería reaccionar pero no podía. Que feo no poder y querer eh. En el segundo tiempo no cambio mucho nada. Y Newell’s a través de Trezeguet iba a poner el segundo tanto. Un hermoso gol, maravilloso. La cartita: Me escribe Flavio de Avellaneda, a ver qué me dice “Virginia, Montenegro es un pecho frio, tenía que salvarlo a Independiente y lo mando a la B. Chau un millón a tres cientos mil”, ay estos muchachos de ahora vienen muy acelerados. Tienen otra concepción del amor y lo hacen todo más rápido. Flavio, te pido que relajes un poquito mi amor, disfruta de la vida.

Ambos necesitaban ganar por distintos motivos. Porque en la vida todos queremos que nos vaya bien por determinados motivos. Y para ellos hay distintas vías. Argentinos Junior necesita salvarse del tan temido fantasma del descenso. Pero yo le digo que no hay que temerle a los fantasmas. Ellos ya no están. Hay que tenerles miedo a los vivos. Son ellos los que hacen daño. Boca necesitaba ganar para poder acercarse a los de arriba. Porque hoy en día vivimos en una sociedad exitista, donde tiende a excluir a los viejos y no se acuerdan de los viejos logros. Pregúntenle a Bianchi, mi vida él. El partido empezó mejor para Boca. Pero el arquero de Argentinos Juniors era la figura. Qué lindo verlo volar y sacar pelotas, muy hermoso. Pero se equivocó, porque todos nos equivocamos. Y no tenemos que juzgar a la gente por los errores, no señor. El que aprovecho ese error fue Lucianito Acosta que se la dejo a Gigliotti. El puma puso el uno a cero. Como me gusta el “puma” Rodríguez, que lindo canta. Porque le canta al amor, a la vida y a las manos. “Agarrense de las manos…” dice muy contento él. En el segundo tiempo, Boca era mucho más. Pero cuando uno es más que el otro no hay que ser soberbio  eh. Eso le paso a Boca, sobro y Argentinos juniors lo aprovecho de lo lindo. En la última jugada, Pisculichi le dio con pasión al ángulo de Orión y puso el uno a uno final, para que se repartan puntos. Que linda actitud. La Cartita: Me escribe el Chino de Capital, que lindo apodo oriental Chinito. “Zeñoda, a zu programa lo ve el gobernado’, el está priocupado por lo que paza en la provincia, azi que no diga nada de que el gobernado’ no haze nada contra lo’ barra’”. Chino, chino, como defendes al gobernador.

Qué lindo partido. Muchos gritos de goles, mucho desahogo en las gargantas. Qué lindo ver a la gente desahogarse. Pero hay que desahogarse de una manera linda y sana. No de una manera fea. Como traspiraba ese hombre en el banco de suplentes de All Boys. Ese sí que transpira la camiseta. Qué lindo es ver sudar a la gente, maravilloso ver como esa camisa a rayitas se va oscureciendo por las axilas. Ver como esa mancha de transpiración va cubriendo lentamente todos los espacios. Que belleza, cuanta ternura. Empezó mucho mejor River. Ganaba con un gol de Carbonero. Qué lindo el morocho, como le pega, como corre y como baila. Pero después empato All Boys. Después empato para All Boys, Espinoza. Que rico el chico, con esos bigotitos a lo Diego de la Vega, me encanta. Al rato lo expulsan a Vangioni. Miren que linda plancha con los dos pies, que ricura, maravilloso como el jugador de All Boys se retuerce de dolor. Y miren que firme el árbitro levantando la roja. Todo muy lindo. En el segundo tiempo River no salió bien, estaba pachucho, dormido. Porque todos tenemos derecho a estar pachuchos ¿No? Y el equipo de Floresta se encargó de aprovecharse de eso. Torassa puso el 2-1. Y un poco más tarde, Jonathan Calleri puso el 3-1. Carbonero luego descontaría. La Cartita: Me llega una cartita anónima, a ver qué me dice: “Vieja hija de puta, pone huevo la puta que te pario”. Ay pero que atrevido este nene, como me va a tratar así, que maleducado.

Uno de los clásicos de zona sur. Mucho color, mucho insulto. Que hermoso es el fútbol. Estuvo mejor Lanús desde el comienzo. Qué lindo es ver a Ricardo Caruso Lombardi al costadito de la cancha. El salta. Le cobran algo en contra y salta. Agita los bracitos. Que ternura Carusito. Miren como insulta al aire, como se mueve. Qué maravilla este muchacho. El gol del partido lo hizo Pereyra Díaz, de cabeza. La Cartita: Me llega esta esquela de Ricardo de Quilmes. “Placente es un cagon y un mala leche”, que feo que la gente sea mala leche. Porque en la vida hay que tener buena leche. Hay que ser buenos con los demás, y eso de cagón… ay estos términos que usan hoy en día. No hay que ser cobarde, hay que enfrentarse a los problemas, sino nos devoran los de afuera. Yo voy a seguir con mi matecito.

(*) No mi vida, no es la tia Virginia de verdad, es una parodia querido.

El análisis de la Fecha 8 del Torneo Final «Nietos recuperados 2014» - Copa Raúl Alfonsín. Primera parte

Por Sanfilippo (*)
Se jugó una nueva fecha. Y no se va a jugar una fecha vieja, no sé porque soy tan pelotudo en hablar así. Colón no gana desde la fecha cinco. Y así y todo sigue puntero. Si de acá a la fecha 19, ganas dos veces seguidas, para mi sale campeón. Este torneo esta para cualquiera y cuando digo para cualquiera es porque este torneo es cualquiera. Si está bien es competitivo pero no porque juegan todos bien, sino porque son todos horribles y todos pierden contra todos. Salvo Racing que pierde con todos. Para mí el Nacional Bundesliga está mejor. Por lo menos hay más goles, viejo. Sino fíjese el Banfield Münich del Peplado Almeyda y el Dortmund de Varela de Diego Jürgen Klocca. O el partido del sábado entre el equipo del Pelado Almeyda y el de Leverkundiente . Que partidazo hermano. Bueno para uno que no es hincha ni de Banfield ni de Independiente fue un partidazo. Hinchas de ambos equipos quedaron con los huevos en la garganta. Si no le gusta la B Nacional, fíjese la Primera B Metropolitana. Se están matando. Parece que el nivel descendió y ahora está en el ascenso, mi viejo.  Así estamos, así estamos.

A Vélez le paso como a un adolescente mirando porno. La crema lo termino matando… en fin. El conjunto local de arranque ya se ponía a pensar en el arco de enfrente. Tuvo un par de ocasiones pero el primer gol vino a los 14 minutos cuando Cubero se equivoca al intentar cerrar una pelota, menos cierre que un Farmacity. La cosa es que Vera aprovecho eso y se la dejo servida a Albertengo. 1-0. El segundo gol vino a los 37 minutos, pelotazo casi de área a área que Vera agarro y la metió, así de fácil. En el segundo tiempo el juego no cambio mucho. Vélez atacaba pero no lograba embocarla. Rafaela estaba más tranquilo que Niembro con Travel Ace Assitans. Y la Crema puso el tercero. Enorme contrataque que Fernández define picándosela al arquero de Vélez. Partido Liquidado. Sobre el final descontó Pratto. La Figura: Basta de hacer chistes con el apellido Albertengo la puta que lo parió.

Fue un cero a cero, sí. Pero a diferencia de otros cero a cero este fue un partidazo. La cagada es que no pudieron hacer goles. Es como vas a un boliche, hay un terrible minón. Una bestia impresionante. 90-60-90. Empezas a chamuyártela, te da bola. Chapan. La convences para ir a un telo. La subís al auto, llegas al telo y… no hay habitaciones. Un cero a cero con muchísimas situaciones de gol es lo mismo. La Figura: ¿Qué queres que comente? ¿Queres que me ponga a comentar todas las situaciones de gol que hubo? Pero tómatelas de acá pibe.

Lindo empate entre estos dos equipos. En el primer tiempo fue Belgrano el que apretaba más, pero Olimpo lo tuvo a Champagne. El uno lo salvo al conjunto de Bahía Blanca con dos atajadas formidables. En el segundo tiempo, fueron los dos lo que se apretaron y bastante. Olimpo se paró de contra y si no fuese por Olave se hubiese quedado con los tres puntos.  A los 32 minutos, Cerrutti iba a calesitear en el área y lo iban a bajar. Penal para el visitante que Vega cambio por gol. Olimpo se llevaba tres puntos de oro. Pero otra vez se iba a cumplir la ley del ex. Maggiolo iba a clavar el empate tras una asistencia del 22 de Olimpo. La Figura: ¿Turus y Bastia van al mismo peluquero?

ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS. ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS. ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS.  ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS. ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS. ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS. ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS. ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS. ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS. ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS. ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS. ANDATE BAUZA. ANDATE TINELLI. ANDATE LAMMENS.  La Figura: Bauza si queres hacer tanta rotación ándate a un equipo de vóley la puta que te pario.  

Llego el turno del clásico de La Plata. Como todo clásico el partido empezó medio áspero, con ambos equipos parados para “ver que hace el rival”. Pasados esos minutos llego el gol de Jara. Corrida de Correa, pase a Jara que definió cruzado. Uno a cero y a Raimundi se le saltaba la térmica. El pincha pudo hace otro más, pero Monetti estuvo atento. Le costó al lobo asimilar el golpazo del gol recibido. Ya en el segundo tiempo, Gimnasia fue más al frente y Estudiantes se paró más atrás esperando sacar alguna contra. Estudiantes pudo aumentar la ventaja con un tiro libre que pego en el travesaño. Con el correr de los minutos, Estudiantes se refugió bajo su arco, la cosa es que a Gimnasia se le caían menos ideas que a Jorge Bucay sin el copy/paste. Así se fue el partido. La Figura: Sin ninguna duda, Alberto Raimundi. Muchos lo acusan de “termo”. Termo: dícese de aquella persona que bardea a las hinchadas rivales. Si puede ser, pero Raimundi es relator partidario de Gimnasia ¿Qué queres, que sea neutral? Peor es lo que hacen ciertos relatores que se jactan de ser neutrales y bombean todo el partido al equipo que no se bancan. Teléfono Bambino.

(*) No pibe, no es el Sanfilippo de verdad, es una parodia, no sea tarambana. 

Tras la sospechas de que les estarían haciendo la cama a De Felippe y a Merlo, proponen nombrar a Avellaneda como “la capital nacional de la Camarilla”

Avellaneda. Famosa por sus fabricas y camarillas
Parece ser que Avellaneda esta sitiada por un fantasma, pero no el fantasma de la B, sino otro: El fantasma de la camarilla. Tanto Racing como Independiente hace siete partidos que no ganan, uno en la primera división y otro en el Nacional B. Primero fue la Academia, cuyos hinchas colocaron un pasacalle que decía: “Limpieza ya!!! Sajarrucho, Camaranesi  5DTs. Con Merlo No!!!”. Luego llegó el turno de los hinchas del Rojo.  "Omar sí, camarilla no". Rezaba la bandera en la previa del partido contra Villa San Carlos. “Antes Avellaneda era conocida por tener muchas fábricas, ahora somos conocidos por tener muchas camarillas” comenta un comerciante de la galería French. Independiente sufre una especie de “doble camarilla”, en lo deportivo y en lo dirigencial, puesto que son varios los opositores que quieren que Cantero, termine su mandato antes de tiempo. Lo mismo sucede con su par de Racing, Víctor Blanco”.

“Para mi esta bárbaro que Avellaneda sea la capital nacional de la camarilla. Como para fomentar el turismo, que sé yo. Habría que hablar con el consejo deliberante y ver si el intendente está de acuerdo” opina un vecino de dicha localidad. “La gente vendría a Avellaneda, se acercaría a los entrenamientos de Racing e Independiente para ver cómo se elabora a la vista la camarilla,  saca fotos, compra recuerdos” se entusiasma un gomero de la zona. “No sé si lograremos convencer al intendente para que seamos la capital de la camarilla, pero al menos aquellos que se dedican a los pasacalles y a  hacer banderas, con esta crisis se están llenando de guita” asegura un vendedor ambulante en una esquina de la avenida Belgrano.

Caruso abrió la chimenea y nos dejo estas frases.










Ricardo Caruso Lombardi fiel a su estilo, hablo con la radio partidaria de Quilmes, FMQ y dejo todas estas frases.

Los mismos colores

  A la memoria de Pablo Piaggio. **** Yo tenía un amigo que era hincha de Banfield. Hincha, pero lo que se dice hincha. Hasta los ojos v...


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