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El antiequipo de la semana

Arriba: AFA (Representando al torneo de 30 equipos); Edgardo Bauza (Entrenador de San Lorenzo, defensivo, cara de emperador romano según Niembro); Cristiano Ronaldo (Jugador del Real Madrid, cumpleañeros, desaparecido)

Abajo: Daniel Osvaldo (Jugador de Boca, pendenciero, fumador); Periodismo (Vendedores mayoriastas de humo, buscaroña); Daniel Montenegro (Jugador de Independiente, ex jugador de Independiente, colgado, olvidado, archivado)

Selección (*)

Y comenzó nomás esta deformidad en forma de torneo de 30 equipos. Donde la guita a repartirse entre los clubes es la misma y el poder de voto de los recién ascendidos es similar a los que votan telefónicamente en el Bailando por un sueño. La cosa es que este torneo amorfo ya empezó, ahora a fumárselo. Todo muy lindo para algunos clubes que debutan en primera o que vuelven tras una gran ausencia.  Hay equipos que apenas tienen para recargarle la SUBE a sus jugadores y tienen que hacer viajes larguísimos. Pero claro, el último capricho Grondonista es más fuerte. Del 100% de los clubes de primera, 99,5% tienen severos problemas económicos y financieros pero la AFA mira para otro lado, total si el día de mañana algún club quiebra, ahí estará el boludazo del hincha para arremangarse, ponerse a laburar y sacar a su equipo a flote.


Volvió a perder San Lorenzo, nuevamente contra River por la Recopa Sudamericana. El conjunto de Edgardo Bauza mostro mes no reacción que Karina Jelinek en un parcial de análisis matemático. Hace rato que el Cuervo no está jugando bien y ahora lo pago perdiendo esta Recopa. Tiene un esquema más mezquino que el Sr. Burns en Navidad y eso le hace pagar caro los errores. Si bien el “Patón” no corre peligro en cuanto a su continuidad, el fantasma de Caruso recorre Boedo…

Debate sobre la inclusión de Cristiano Ronaldo:

— ¿Vamos a poner a CR7?

—Y si, perdió el clásico 4-0

—En todo caso pongamos a Ancelotti…

—Pero CR7 después se fue a festejar su cumpleaños

—Ahhh pero no jodas, que grave viejo. Hijo de puta ¿Cómo va a hacer eso? Boludo perdió un clásico, no es que salió a matar gente o se fue de putas con Sergio Ramos y después se fue al partido.
—Si tenés razón pero cayó como el orto eso en el Real Madrid, ahora lo quieren hasta vender…

—Pero vos viste lo desagradecidos que son en el Real. Di María se rompió el orto en la última final de la Champions y lo vendieron por la puerta de atrás, encima hay muchos que lo critican. Hasta a Casillas lo critican. Vamos con Ancelotti.

—A Cristiano ya lo puse en la imagen, sale CR7

—Te gusta pegarle a Cristiano

—Esto es como cincuentas sombras de Gray uno disfruta pangándole

—Claro y después que el boludo escriba.

—Hace lo que puedas…

El periodismo deportivo vivió una extraña relación con el recién llegado a Boca: Daniel Osvaldo. El argentino que tuvo tantas camisetas en Italia que el Papa Francisco. En Italia, El canal italiano Sportmediaset publico una supuesta foto de Osvaldo fumando, decimos supuesta porque solo se ve una silueta. El hombre de la silueta puede ser desde Jack Sparrow a Diego Villar, pasando por Aragorn. Sin embargo, esta nota fue levantada por casi todo el periodismo deportivo argentino y multiplicado a la enésima potencia. Pero la cosa no quedo ahí, varios medios armaron un compilado bien mala leche sobre las reacciones de Osvaldo, desde que cago a pedos a Lamela a la más reciente donde quiso comerle la cabeza a lo Ozzy a Icardi por morfón.

Y un buen día Daniel Montenegro hablo. El jugador que está colgado en Independiente le tiro palos a la dirigencia y a Almirón por la forma en que se manejaron. Recordemos que al “Rolfi” lo manosearon más que a la Coca Sarli en la película “Carne”. Dijo que hace 20 días nadie habla con él y está más archivado que la auditoria contra Comparada. Ahora lo quiere chicago, pero la cosa parece difícil.


(*) Este antiequipo cerró el 14/01 por la mañana, la semana que viene volverá a su habitual día de viernes.

Sábados de Fontanarrosa. Hoy: Memorias de un wing derecho.

Y aquí estoy. Como siempre. Bien tirado contra la raya. Abriendo la cancha. Y eso no me enseño nadie. Son cosas que uno ya sabe solo. Y meter centros o ponerle al arco como venga. Para eso son wines. No me vengan con eso de wing “ventilador” o wing “mentiroso” o las pelotas. Arriba y contra la raya. Abriendo la cancha para que no se amontonen los forwards en el medio. Nada de andar bajando a ayudar al marcador de punta ni nada de eso. Si el marcador de punta no puede con el wing de él... ¿para qué m... juega de marcador de punta? Lo que pasa es que ahora cualquier mocoso le sale con esas teorías nuevas y nuevas formas de juego o te viene con la “holandesa” o la brasileña y otras estupideces. 

¡Por favor! El fútbol es uno solo y a mí no me saca de la formación clásica: el arquero bien parado en la raya y atento. Por ahí escucho decir que Gatti juega por toda el área o sale hasta el medio de la cancha... Y bueno, así le va. Yo al arquero lo quiero paradito en su arco y nada más. Para eso es arquero. Después una línea de tres. Después otra de cinco. Y arriba que nos dejen a nosotros tres. Más de veinte años hace que jugamos así y nos hemos podrido de hacer goles. De a siete hacemos. Yo ya debo llevar como 6.800. Yo solo... ¡Después me dicen de Pelé! O arman tanto despelote porque Maradona hizo cien. Cien yo hago en una temporada. Y en verano, cuando los pibes se quedan en el club como hasta las dos de la matina, me atrevo a hacer cuarenta, cincuenta goles por semana. Cuarenta, cincuenta. Yo solo... Maradona... ¡Por favor! Y eso para no hablar del centrofoward nuestro. debe llevar más de 12.000 goles. por debajo de las patas... Y...¡el tipo está ahí! 
donde deben estar los centrofoward. En la boca del arco. En el área chica. Pelota que recibe, ¡Pum! adentro. A cobrar. Y ojo, que el nueve de los de Boca no es maño tampoco. Es el mismo estilo que el nuestro. Siempre ahí: en la troya. Adonde están los japoneses. ¡Nos ha amargado más de un partido, eh! Yo no he visto los goles que nos ha hecho pero escucho los gritos y el ruido de la pelota adentro del arco. 

Le da con un fierro el guacho. Pero, claro, tiene dos wines que son dos salames. Por ahí si jugara al lado mío él también habría hecho como 12.000 goles. ¡Si le habré servido goles al nueve! ¡Si le habré servido goles! Me acuerdo el día del debut. Le estoy hablando de hace 25 años, 25 años, un cuarto de siglo. Sacaron la lona que cubría la cancha y le juro que nos escegueció la luz. Un solazo bárbaro. Yo casi no podía ver por el resplandor en las camisetas, especialmente en las nuestras. Claro, por el blanco. Las bandas rojas parecían fuego. No como ahora, que está saltando todo el esmalte y se ve el plomo. O el piso, del verde ya no queda casi nada. ¡Cómo está ésta cancha! ¡Qué lástima! Qué poco cuidada está. Pero bueno, ese día fue algo inolvidable. Era domingo al mediodía y se ve que los muchachos estaban alborotados porque esa tarde jugaban River y Boca en el Monumental y ellos se habían reunido en el club para irse todos juntos en el camión para el partido. ¡Huy, lo que era ese día! Y claro, llegaron ahí y se encontraron con que la Comisión Directiva había comprado el metegol. 

Yo había escuchado desde abajo de la lona que pensaban inaugurarlo esa noche cuando los socios se juntaban en la sede social a comentar los partidos o tomarse un fernet antes de cenar. Pero... ¡qué!... apenas los muchachos vieron el metegol al lado de la cancha de básquet ni siquiera se molestaron en meterlo adentro. 
¡Además, esto es pesado, eh! No sé cuántos kilos debe pesar esto, pero es pesado. Puro fierro, de las cosas que se hacían antes. Bueno, ahí nomás lo destaparon y se armó el partido. Yo calculo, calculo, que había de haber entre 20 y 25 años personal viendo el partido. ¡No menos, eh! No menos. Una multitud. Y había apuestas y todo. Le digo que calculo que había esa gente porque yo ni miré para arriba, le juro, no me atrevía a levantar la vista del cagazo que tenía. Le juro. Uno escuchaba bramar esa tribuna y temblaba.

¡Qué cosa inolvidable! Nosotros, los tres de adelante, tuvimos suerte porque el tipo que nos manejaba se ve que sabía. Yo apenas sentí que se movía, dije: “Hoy vamos a andar bien”. porque también es importante el tipo que a uno le toque para manejarlo. Usted podrá tener condiciones, es más, podrá ser un fenómeno, pero si el que está afuera es un queso, va muerto. Y yo le digo, ahora, con experiencia, yo apenas noto cómo el tipo me mueve ya me doy cuenta si conoce o no. Es una cuestión de experiencia , nada más. No es que uno sea sabio. Escúcheme, usted ve un tipo cómo se para en la cancha y ya sabe cómo juega al fútbol. No tiene necesidad ni de verlo correr. ¡Por favor! Pero ese día se ve que el tipo conocía. No era ni improvisado ni uno que agarra la manija porque está aburrido y para matar el tiempose juega un metegol. De esos que usted trata de ayudarlos, de darles una mano pero al final el que queda como un patadura es usted. Cuando el culpable es el que tiene la manija. Y usted los escucha gritar: “¡Qué tronco es el siete ese! ¡Qué animal el wing!”. Hay que aguantar cada cosa. ¡Por favor! Pero ese día no. Ese día tuve suerte, lo que es importante en un debut. Y más en un River-Boca. Usted sabe bien cómo son estos partidos. Un clásico es un clásico, digan lo que digan ahora yo ya tengo como 30.000 clásicos jugados y así y todo, le digo, todavía cuando escucho el pique de la primera pelota en la mitad de la cancha me pongo nervioso. Parece mentira. Es que son partidos muy parejos. Somos equipos que nos conocemos mucho. Pero aquél día tuvimos suerte, por lo menos los de adelante. De la mitad de la cancha para adelante la rompimos, la hacíamos de trapo. “Tachola”, me acuerdo que se llamaba el que tenía la manija. Me acuerdo porque le gritaban permanentemente y además porque durante cuatro años vuelta a vuelta venía al club y jugaba. ¡Cómo sabía ese tipo! Lo arruinó la bebida. Cuando llegaba en pedo yo me daba cuenta porque nos hacía hacer molinetes y cada cagada que ni le cuento. Un día me hizo hacer un molinete y yo cacé un chute que la pelota saltó del metegol e hizo sonar un vaso. Me quería hacer pagar a mí el desgraciado. Pero cuando estaba sobrio era un león. Y ese día la gasté. En la defensa no andábamos tan bien porque el que manajaba a los tres era un salame. Un paspado. Pero con los de adelante bastaba. 

No hay mejor defensa que un buen ataque, mi amigo, eso lo sabe cualquiera. ¡Por favor! Ahora se meten todos abajo. Están locos. tres pepas hice ese día. Y las otras tres se las serví al nueve, al morochón. Y no tenía bigotes. Lo que pasa es que algún mocoso se los pintó con birome para que se pareciera a Luque. Un gol, me acuerdo, un gol, la bola rebotó en el corner y se me vino. Ibamos perdiendo uno a cero, porque ¡ojo! habíamos arrancado perdiendo, y la hinchada bramaba. La puse debajo de la suela y casi la astillo. La empecé a pisar y me la traje despacito para el medio. El nueve se fue para la izquierda y el once también, para abrirme un buco. Yo la masé y un par de veces amagué el puntazo, pero el fullback me tapaba el tiro y no veía ángulo para el taponazo. Le cuento que yo no le hago asco a patear y cuando veo luz le sacudo. A mí no me vengan con boludeces. Pero el rubio que me marcaba me tapaba bien. Entonces yo agarro y la engancho de nuevo para afuera, para mi lado, como para meterle un derechazo cruzado, al segundo palo, a la ratonera. ¡Si habré hecho goles así! Y cuando el rubio me sigue para taparme y el arquero cubre el primer palo, de revés nomás, cortita, la toco para el medio. Y el nueve, sin pararla ché, le puso semejante quema que abolló la chapa del fondo del arco. ¡Qué golazo! ¡Lo que fue eso! Yo lo había escuchado al negro, lo había escuchado. Cuando yo me abrí para la derecha y ví que la defensa se venía conmigo. Y lo escuché al Negro, lo había escuchado. Cuando yo me abrí para la derecha ví que la defensa se venía conmigo. Y lo escuché al Negro que me grita: “¡Ah!”. Y se la toqué. Lo mató al Negro. Lo mató. La hacemos siempre a ésa. Diga que ya nos conocen. ¡Qué partido fue ése! Y para esta noche tenemos uno lindo. Si es que vienen los muchachos. Porque los escuché decir que iban a las maquinitas. Siempre hablan de las maquinitas. Vaya a saber qué es eso. Acá una vez al club trajeron una. Yo siempre escuchaba unos ruidos raros, unas cosas como “pluic” “plinc” , “clun” y unas sacudidas. Unas luces. Pero después no lo sentí más. Dicen que se le jodió algo adentro a la máquina, algún fusible y nunca hay guita para comprarlo. Son máquinas delicadas. De ésas que hacen los yanquis. Por eso los muchachos siempre vuelven. Porque el fútbol es el fútbol. Esa es la única verdad. ¡Qué me vienen con esas cosas! Son modas que se ponen de moda y después pasan. El fútbol es el fútbol, viejo. El fútbol. La única verdad. 
¡Por favor!

Roberto Fontanarrosa

Extraído de Puro Fútbol, Ed De La Flor 2002, Planeta 2012.




Un cuento de San Valentín.

A Bárbara

—Mi amor, este sábado es San Valentín ¿Dónde me vas a llevar a cenar?  — las palabras de Claudia fueron como un racimo de misiles cayendo sobre la moral de Alberto. Ese día, mejor dicho esa noche de San Valentín jugaba su equipo por la primera fecha del campeonato. Toda la maldita semana estuvo pensando excusas para zafar, pero de tantas que pensó no tenía ninguna a mano para zafar justo ahora.

—Clau amor, yo te amo toda los días, San Valentín me parece algo...

—No me vengas de vuelta con esa mentira que te parece algo yanqui —interrumpió enojada ella— siempre lo mismo, siempre excusa pedorra Alberto.

— Pero siempre salimos a cenar Clau…

—Siempre pero nunca en San Valentín —volvió a cortar ella como si fuese un ríspido defensor— hace cinco años que estamos juntos y nunca podes...

—Sabés lo que pasa...

— Yo sé lo que pasa —interrumpió más fuerte que antes Claudia— otra vez tenés un partido de mierda. Si no va a la cancha, vas a jugar al fútbol con los vagos de tus amigos.

— Pero yo no tengo la culpa que justo caiga ese día...

—Sí que tenés la culpa, por supuesto que sí. Vos priorizas al fútbol y a mí que me parta un rayo. Pero déjame que te diga una cosa: este sábado de San Valentín vamos a hacer algo juntos o te juro que no me ves más...

Claudia salió de la cocina pegando un portazo que hizo retumbar toda la casa.  Eso le trajo algo de alivio a Alberto. Como esos partidos donde un equipo está siendo peloteado a mansalva y se suspende momentáneamente porque algún inadaptado le arrojó un proyectil al juez de línea. Es un alivio fugaz, tenso, que durará unos minutos pero cuando se reanude otra vez a sufrir y encima no se sabe si más adelante habrá algún castigo.

Alberto agarró las llaves del auto y salió disparado para el bar, tal vez para despejarse un poco o para consultarles a los muchachos que hacer. Aunque ellos seguramente elegirían la cancha.

— Buenas — saludo Alberto

— ¿Cómo andas Betito? — saludaron a coro.

— Que caripela nene — dijo Horacio mientras arrastraba migas con el meñique— está bien que arranca el torneo y vamos a sufrir como unos hijos de puta pero no llores antes de tiempo...

— No boludo, me pelee con Claudia

— ¿Que cagada te mandaste? — Pregunto Gustavo.

— Querer ir a la cancha en San Valentín

— No le des bola, para el domingo ya se le pasa — analizó Adrián—, ahora si no venís por ir a una cena de San Valentín te pasas de pollera, viejo.

—No creo que se le pase, me amenazo con largarme a la mierda.

— Estos yanquis de mierda con esas pelotudeces te cagan la vida — opinó el Gordo quien hasta ese entonces estaba atacando a un tostado.

—Decí que la Claudia no festeja Halloween porque si no a este conchita lo tenés disfrazado de calabaza — dijo Carlos.

—De travesti ya se disfraza todos los días…

—Paren boludos que yo voy a ir a la cancha como sea — se atajó Alberto— vine acá para que me ayuden a meter una excusa.

—Y tráela a la cancha, pajero — dijo Gustavo.

— Pero claro hombre —aseveró Horacio— después se van a cenar y a un telo Noche de fútbol y encima la terminas poniendo ¿qué más querés?

—No sé...

— ¿Que no sabes?  ¿Tenés miedo que le miremos el culo?  Eso ya lo hicimos —afirmaba Gustavo.

— Es que no se si le va a gustar...

— Le decís que el mejor regalo es abrirle tu mundo — acotó Horacio.

—Claro — dijo el Gordo arrastrando la o—, a las minas que no les gusta el fútbol o que nunca fueron a la cancha piensan que vamos a una especie de guerra o a un manicomio gigante.

—Además vas a quedar como un duque— comenzó a explicar Carlos mientras movía ambas manos en forma circular— porque Claudia va a ver que no haces nada malo en cancha, que no tenés ningún filito...

—O que los jugadores no hacen orgias con vos— acotó el Gordo— además ella va a ver que acá somos todos decentes, que no estamos en una orgia. Las mujeres que no van a la cancha se piensan que nosotros venimos a la cancha a mirar minas o a encontrarnos con nuestro harén. No nos dicen nada pero desconfían siempre…

— Por supuesto, ella va a ver que solo vos vas a la cancha a mirar fútbol —retomó Carlos— en parte creo que Claudia se chincha por eso. Las minas son así, piensan que uno va a la cancha a cagarse de risa, a divertirse. Se piensan que venimos a una despedida de solteros y acá nos comemos un garrón tras otro. Hasta parecemos masoquistas, hermano.

— Decile que te acompañe, no seas boludo — dijo el Gordo— es la única forma que tenés de venir a la cancha sin que tu jermu te pegue un voleo.

—Si puede ser, puede ser — dijo Alberto rascándose la barbilla.

— Tráela, dale te prometo que no te vamos a joder o a tratar de pollera — dijo Horacio.

—igual vamos a estar ocupados sufriendo. Si este hijo de puta va a poner de titular al muerto de Andrada — comentó el Gordo mientras señalaba el diario.

— ¿Andrada?  ¿Me jodes?  Ese tronco hizo como diez penales en todo el torneo pasado. Hijo de puta, debe estar entongado con el técnico.

—O se lo debe mover, anda a saber.

La conversación siguió por ese lado: la del equipo que empezaba otra vez con el eterno problema del promedio, todos los penales boludos que Andrada hizo el último torneo, el entrenador que estaba en la cuerda floja desde hacía rato y sus cambios inexplicables.

Alrededor de las diez Alberto se fue para la casa, donde  seguramente estaba Claudia preparando la cena, claro si es que se le había pasado el enojo, sino a hervir un par de salchichas o llamar a algún delivery.

Al entrar a la casa percibió el aroma de la salsa. Era un buen presagio.

— Hola mi amor — dijo al entrar a la cocina.

— ¿Y? ¿Pensaste que lo que vas a hacer el sábado?  — dijo Claudia, demostrando que seguía enojada y que la cosa iba en serio.

—Sí y tengo algo que proponerte.

— Decime

— ¿No querés esperar a después de cenar?

— No — dijo tajante Claudia con la frialdad de un delantero que arrastra por toda el área chica al arquero.

— Mi propuesta es abrirte las puertas de mi segundo hogar —respondió él, como midiendo las palabras—, compartir con vos eso que tanto me apasiona y después nos vamos a cenar, a donde quieras…

— ¿Me estas proponiendo ir a la cancha con vos?

—Si —respondió Alberto y se sintió como esos jugadores que están en el círculo central esperando una definición por  penales. No quería ver, parpadeo muy lento, como para ocultarse unos segundos de la realidad. Fueron unos segundos, pero cuando los abrió estaba Claudia colgada de su cuello.

— ¡Me encanta la idea mi vida! —dijo ella.

— ¿E-en serio?

— ¡Siiii! Siempre quise ir pero papá no quería. Siempre quise saber cómo era estar ahí. Ver que se siente y porque les gusta tanto a ustedes ir.

— Bueno, ahora vamos a ir, vas a ver mi mundo. Mi segunda pasión, porque la primera sos vos.

— Sos un lindo, gracias por la sorpresa.

Alberto no estaba seguro, la idea a Claudia le había caído tan bien. Era raro, porque a ella si bien no le gustaba mucho el fútbol había aceptado sin ningún problema, incluso le encanto. Por ahí era como decía el Gordo. Algunas mujeres pueden ser desconfiadas y sospechar que uno va a la cancha a estar con otra mina o a vender droga.

A Alberto lo que le molestaba era tener que ir a la cancha con ella. No por los muchachos, sino por él mismo. Claudia nunca lo vio en su estado puro a pesar de estar 5 años juntos. No lo vio completamente “desnudo en su ser”, con todos los sentimientos a flor de piel. Alentando, llorando o insultando a viva voz. No le daba vergüenza, tampoco pudor. No estaba muy convencido pero era la única forma de ver al club de sus amores sin que Claudia lo hinche, o sea, quedar bien con Dios y con el diablo.

***

Llego el día del partido. Como siempre, Alberto llego medio tarde pero esta vez con la compañía de Claudia. No quiso subir las escaleras de la mano con ella, pero Claudia estaba tan entusiasmada que lo tomo por la mano igual. Llegaron a la zona de las plateas, ese hábitat siempre tan natural pero hoy un poco ajeno.

Ya estaban todos. Gustavo, Carlos, Juanma, Horacio, el Gordo y varios más. Saludo a todos con la mano y se sentó en la anteúltima butaca lindante al pasillo, ya que no eran numeradas.

—Romeo preséntanos a Julieta —grito Gustavo desde una punta.

—Hoy se te va a complicar mirar culitos —arremetió el Gordo.

—No le vayas a tirar ninguna piedra al árbitro hoy, no seas boludo — dijo Carlos, mientras los otros seguían diciendo cosas.

Claudia los miro y sonrió forzadamente. Alberto en cambio paso de estar pálido a estar colorado como un tomate.

—Anda con tus amigos —le dijo Claudia al oído.

—Nono —respondió él entre la rapidez y lo tartamudo— yo vine con vos…

—No hay problema eh —respondió ella con el típico acento que tienen las mujeres en situaciones difíciles, en donde uno no sabes si están enojadas, serias, contentas, tristes o todas las anteriores juntas.

De pronto la multitud empezó a cantar a viva fuerza, ella se paró para mirar al campo de juego, los jugadores ya estaban saliendo de la manga. La gente estallo en un grito generalizado. Claudia aplaudió tibiamente, como para cumplir. Alberto no se movió de su asiento.

Se vino el sorteo, la elección de los arcos o la pelota. El saludo con los capitanes. Y por fin la pelota se puso a rodar. Ni bien comenzó el juego, Claudia se puso a mirar su celular. Alberto en cambio miraba un punto fijo que bien podría estar en el círculo central de la cancha. Unos furiosos insultos saco a Alberto de su letargo.

—¡¡¡La Concha bien de tu madre Andrada!!! —Grito Carlos mientras agitaba la manito.

—Otra vez este pelotudo, siempre lo mismo — se quejaba el Gordo.

—¡¡¡Hijo de puta!!! ¡¡¡Hijo de puta!!!¡¡¡Hijo de puta!!! —Horacio parecía poseído.

Alberto se incorporó y miro hacia la cancha. Otra vez Andrada había cometido un penal. No había pasado ni tres minutos.

— ¿Qué paso amor? —Pregunto Claudia.

—Penal para ellos —respondió Alberto sin explicarle nada más. Total ella no entendía, era lo mismo decirle que el penal lo había hecho Andrada, Marangoni, Maradona, Batistuta o el Garrafa Sánchez.
El 9 de ellos cambio el penal por gol y hubo un silencio sepulcral en todo el estadio, casi tan silencioso como el alma de Alberto en ese momento. Fue entonces que Carlos lo llamo a Alberto.

—Betito venite unos segundos que te quiero comentar algo del partido —dijo moviendo la mano. Alberto se fue como impulsado con un resorte.

—Decime Carlitos...

—Mira Beto, te voy a decir algo pero no te lo tomes a mal por favor —dijo en tono serio Carlos.

—Decime

— ¿Viste el penal?

—Eh, si si —mintió Alberto.

—Fue a los tres minutos...

—Si debe haber sido a esa altura.

—Te lo voy a decir sin más rodeos Alberto —dijo Carlos poniéndole una mano en el hombro— creo que tu mujer es mufa…

Alberto lo miro fijo, luego miro a Claudia. Quiso decir algo pero no le salio. Se quedó unos segundos parado pensando hasta que un rotundo “Uhhh” de un gol que se había morfado Milozzi.
Entonces volvió al lado de Claudia.

—Mi amor, nos vamos

— ¿Por qué? ¿Qué paso? —respondió entre sorprendida y esperanzada por salir de ahí ya.

—No pasa nada, pasa que me di cuenta que este no es un lugar romántico, te mereces algo mejor.
Alberto la tomo de la mano, saludo a los muchachos con un movimiento circular de su mano izquierda y se fueron.

— ¿Que paso que se fueron? ¿Qué le dijiste?—pregunto el Gordo.

—Le dije que su mujer era mufa —contesto Carlos mientras se prendía un cigarrillo.

— ¿Qué cosa? ¿Mufa? Si todos sabemos que Andrada hace un penal por partido —se sorprendió el Gordo.

—Nah, es una mentira lo que le dije. Lo hice para salvarles la pareja —dijo Carlos mientras le daba pitadas a su cigarrillo— ¿No viste la cara de orto de ella? Y él estaba más cagado que Palacio enfrentando a Sessa. Mejor así, no se pierde de nada, si este partido es un calco del torneo anterior…

Ambos se callaron de repente. Andrada bajo al 7 de ellos justo en la puerta del área grande.


T.Schweinheim
Obra Publicada, expediente Nº 510614. Dirección Nacional del Derecho de Autor

San Valentín.

Por Toni

Y de paso felicitamos a todas las parejas por este día.

Los mismos colores

  A la memoria de Pablo Piaggio. **** Yo tenía un amigo que era hincha de Banfield. Hincha, pero lo que se dice hincha. Hasta los ojos v...


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