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Me quede libre. Si libre. Libertad. Por fin, hermano, por fin me fui de ese club choto. Te repito, soy libre. “Yo soy libre como el sol cuando amanece, yo soy libre como el mar”, como canta el Paz Martínez. ¿No es del Paz Martínez esa? ¿Nino bravo? Bueno, Nino Bravo. No tengo idea, a mi me cabe la cumbia. Un simple error como el que acabo de cometer, era suficiente como para que la tribuna me sepulte en puteadas. Ellos son perfectos, ¿viste? Mirá que en todos los clubes los hinchas apoyan, pero en este te putean de arriba abajo. Están esperando a que te equivoques para putearte. Nunca una palabra de aliento. Una vez nos pincharon los neumáticos porque perdimos el clásico. ¡Como si lo hubiésemos perdido a propósito! ¡Hijos de puta! Vayan a jugar ustedes. Se la daban de fieles y en los banderazos previos a los clásicos eran cinco gatos locos que encima te amenazaban para que ganes. Solo en este club inmundo pasa eso. Ni los hinchas lo quieren. Pero ya me importa poco, termine mi contrato, soy libre.

Libre, soy libre ¡No sabes que felicidad, mi viejo! Se terminó. Chau. Kaput. C'est fini. Se me terminaron los problemas. De pelearme con todos los conchudos de la comisión directiva. Una manga de chorros. Encima te pijoteaban todo: premios, prima, sueldo. TODO. Y si ibas a protestar todos te hacían promesas vanas. Claro, para gastar guita en boludeces, en espejitos de colores estaban a la orden del día. Pero se terminó, se acabó. Lo mejor que me pasó en el club fue haberme quedado libre. Y mira que yo hice las inferiores ahí, debute ahí. No, no soy hincha pero me pelé el culo para llegar a donde llegué. Nadie me regalo nada y mucho menos en este club roñoso. Todo lo contrario, tenía que dejar un diezmo para los dirigentes y los barras. Que más o menos son los mismos vividores. Le chupan la sangre al club, a nosotros, a todos, mi viejo, a todos.  Basta, loco. Ahora a mí ya no me pueden seguir robando, porque lo que me hacían era eso: ROBARME. Di los mejores años de mi vida en este asqueroso club. Me pudrí. Si hacíamos una buena campaña venían los dirigentes a colgarse de nuestras bolas. Salían en todas las fotos. Si andábamos mal, no te junaba ninguno. No te conozco. Pero ya está, ya se terminó. Quede libre, chau, a otra cosa.

¡Ah la libertad! No sabes que vivo me siento ahora. Se terminaron todas las presiones. Esto es una felicidad. Iba a entrenar de mala gana. No tenía ganas ni de jugar en ese puto club. Encima los árbitros nos cagaban a lo loco ¡Y si es un equipo de mierda, como no lo van a cagar! Los réferis se nos cagaban de risa en la cara. Claro, un club tan chico, tan porquería. Nos cagaban el trabajo de una semana. Era renegar constantemente. Los líneas te cobraban todas, pero las que eran en contra. Ni una buena tiene ese club. Esto de quedar libre es como un campeonato para mí. Pensé que no salía más de ahí. Era una condena ese lugar. No sabés el alivio que tengo de haberme quedado libre ¡Mira si voy a renovar por dos años más! ¡Pero están mamados!

Sí, me quede libre y estoy contento. Ahora tengo que buscar club. Seguro que encuentro algo mejor, cualquier cosa es mejor que ese club. No importa si es en otra categoría, algún DT me va a llamar. Aunque ya pasó un mes y nadie me llama, eso me preocupa un poco. Capaz que mi representante anda con quilombos. Tiene muchos jugadores. No sé. Es medio jodido esto de estar libre. Tampoco la edad me ayuda. Voy a ver si le pego un llamado a mi representante. En una de esas todavía me ofrecen dos años más, con uno ya me alcanza. Después de todo, tan malo no era el club, mira que bancarme tantos años a mi…
Toni Schweinheim 
Obra Publicada, expediente Nº 510614. Dirección Nacional del Derecho de Autor

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