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Usted lo veía al Oscar y no parecía uno de nosotros. La posta es que no era uno de nosotros, pero se sumó y lo respetábamos una bocha al Oscar. Déjeme que le cuente bien como fue todo. En los ochenta nuestra banda era comandada por el “Filo” López, un tipazo, un verdadero tipazo eh. Eso sí, un brutazo, como muchos de nosotros, no se vaya a creer que uno porque sabe leer y escribir ya se cree un Borges, no señor. Pero el “Filo” Pérez no sabía hacer una “O” con el culo de un vaso. Es más, creo que no sabía que mierda era una “O”. Le decían “Filo” porque andaba siempre con una faca encima. Pero una faca de esas chiquitas que son una porquería, una faca enorme. No llegaba a ser un machete de pedo. Siempre con eso encima. En la lleca, en la cancha, hasta cuando estuvo sopre. Porque siempre estaba en la sombra. Por cualquier cosa él iba y te metía un puntazo sin preguntar y a otra cosa. También le decían “correntino” a pesar de que era rosarino, pero el apodo se lo encajaron porque era un cuchillero, lo sigue siendo bah. Y fue ahí en el presidio que conoció al Doctor. El Doctor Oscar Iribarne. Un tipo leído. Culto y de buena pinta. Le decíamos “Doctor”, pero la verdad es que no sabíamos qué era. Porque uno ve a un tipo de traje y ya es Doctor, eso es porque hay mucha ignorancia en este ambiente, ¿vio? Algunos decían que era boga, otros que era contador o licenciado no sé en qué.

Y fue justamente en la cárcel que lo conoció. Usted dirá, que hace un tipo como el Oscar en el presidio. Pasa que tampoco era un santo el Doctor. Uno lo escuchaba hablar con esa labia que tenía el hombre y a uno lo engañaba. Era muy bien hablado. Decía algunas palabras raras, como los médicos. Por ahí eran palabras medios boludas que uno no entendía porque no éramos tipos leídos. De pedo que sabíamos contar los goles que nos embocaban o los trapos que afanábamos. Nos quedábamos con la boca abierta ante cualquier palabra extraña como “Habeas Corpus”, póngale. Pero el Oscar era estafador o al menos por eso lo habían metido en cana. Decían que había fundido una empresa, que se había quedado con toda la guita. No sé si será verdad o mentira, pero si la justicia lo encanuto tras las rejas por algo será. Como le decía, ahí en la cárcel fue que el Filo conoció al Doctor. Los dos estaban en el pabellón de los evangelistas. Me dijeron que cuando uno tiene condena, tiene que pedir que lo pasen a ese pabellón, dicen que ahí no le rompen las pelotas a uno. La verdad no tengo idea, uno escucha esas cosas. Yo no estuve condenado nunca. Ojo que no soy un nene de pecho, estuve preso en la comisaria, por algún arrebato de cartera en la calle, por cortar algún cuero por ahí. Pero gracias a dios no más de eso. Pero el Filo sí. Alternaba el tiempo en la cárcel y en la cancha, donde era el jefe de la barra. Una vez cumplió condena por seis meses, por meterle la púa a uno de Berazategui. Cuando salió, acá mandaba el Pato Manrique, que era su segundo al momento de que al Filo lo encanaran. La cosa es que el Pato se hacía bien el boludo y no quería devolverle el puesto al jefe, el Filo se calentó, puntazo al hígado y otra vez adentro. Purgando esa condena fue que lo conoció al Doctor. Estuvieron adentro como dos años, o más, la verdad que no me acuerdo. La cosa es que a la barra la manejaba el “Gringo” Manzano, cuando él estuvo adentro. Y la verdad que la manejo como el orto, que quiere que le diga. Un desastre. Se nos plantaba cualquiera, nos robaban los trapos, la cana nos sacaba guita, un desastre Manzano, no podía ni mandar una puteada. Pero el Filo salió y todo volvió más o menos a la normalidad.

Un buen día, cuando estábamos comiendo un asado con los muchachos, se nos cae el Filo con el Doctor y lo presentó. Que quiere que le diga, estaba más desubicado ahí que chupete en el culo. Disculpe la expresión, pero estaba así ese hombre. Hacia como 60 grados a la sombra, todos estábamos en cuero pero el con un riguroso traje gris, solo se lo sacó para comer, quedando en mangas de camisa. Tendría unos 45 años más o menos. Bah, yo siempre fui medio boludo para acertarle la edad a la gente, además este tipo tenía una pelada ya, así que debía andar por esa edad. Y el Filo se ve que lo quería una bocha al Doctor. Ese día comimos y nos fuimos para la cancha. El Doctor vino con nosotros. Déjeme decirle que nunca vi a nadie tan amargo. Hijo de puta, no canto un carajo. Paradito ahí al lado del paravalancha todo el puto partido, con ese traje de mierda bajo un sol terrible. Parecía un custodia el muy hijo de puta. Termino el partido y pensábamos que no lo íbamos a ver más a Iribarne. Pero al otro partido vino no solo a la previa, sino que otra vez al partido. Esta vez sin el traje gris, lo había cambiado por uno marrón. Uno puede pensar que un tipo de esa inteligencia y cultura, en el medio de nosotros estaba de más y que no se relacionaba con nadie. Pero créame que no era así. El Doctor era un tipo muy culto que ha viajado por el mundo. Un tipo de mundo. No era un boludo de guita que paseaba por placer. El Doctor era un tipo que se la sabía lunga. En los asados, los muchachos y yo nos quedamos callados escuchando como él contaba todos sus viajes por Europa. Con lujo de detalle, que cabarulos buenos hay en Roma, como te tratan las prostitutas en Londres o como en Holanda te aceptaban tarjeta de crédito… cosas que nos impresionaban.

Al cabo de un año —creo que fue un año—, el Doctor, a pesar de que era un bacán, ya era parte de nuestra barra. Más todavía cuando casi lo quisieron llevar en cana al “Matungo” Robertti. Robertti lo que tenía de grandote, lo tenía de pelotudo. A la entrada a la cancha contra los de Dalmine, el boludo le manoteo la cartera a la sobrina del presidente. La cosa es que al pelotudo lo agarro la cana a la salida del partido, pero el Doctor que era bienhablado lo hizo zafar de ir en cana. No sé qué mierda dijo, pero la cosa es que la cana un poco más y le pide disculpas al bolas tristes de Robertti. A nosotros nos convenía tener un tipo así en la barra, sumaba mucho. Nosotros somos todos rústicos y malhablados, tener a él es como sumar un 10, un enganche de esos creadores que te salvan un partido.

Pero hay mucha envidia entre los muchachos. Algunos empezaron a decir que el Doctor era un infiltrado. Un rati que se había metido a la barra para hacernos cagar fuego desde adentro. Pero la verdad es que nosotros no éramos una barra grande. Tampoco éramos delincuentes de gran talla. Todos delitos menores eran los nuestros. Nunca matamos a nadie. Y mire que hemos cagado a trompadas a varios eh, hemos hecho mierda a más de uno, pero nunca pasaba más allá. Solo el Filo que era cuchillero. Si la cana había metido un infiltrado acá dentro, perdía su tiempo, bah al menos si es que buscaban delincuentes grosos y no cuatro de copas como nosotros. Pero los muchachos sospechaban. Y un día el Filo volvió a caer preso y ahí todas las miradas se depositaron sobre el Doctor, encima más de uno se la tenía junada. Para qué le cuento…

El Filo se había mamado hasta la medula y se mandó a manejar así. Cuestión que el boludo este, no va y choca contra un patrullero. Un boludo a pilas. Pero la cagada mayor fue que el Filo no contento con chocar contra un patrullero, fue y le dio un puntazo a uno de los canas. Un revuelo se armó. Un quilombo de aquellos. Salió en los diarios, en la televisión. El Filo otra vez adentro. Y nosotros otra vez in alguien que nos guie. No sabíamos quien iba mandar. Podía mandar el Sapo Mosquera o el Roña Rodolfo. Yo también estaba en la primera línea de sucesión eh, no se crea que era el último orejón del tarro. Pero estas cosas las tenía que decidir el jefe, no nosotros. El que corta el bacalao es él, nosotros somos perejiles. Mientras divagábamos esto, se nos apareció el Doctor y nos dijo que iríamos con él a visitarlo al presidio. La cosa es que a nosotros no nos iban a dejar pasar así nomás. Pero como le decía, el Doctor era un tipo pillo, con contactos. Nos dejaron entrar a todos. No éramos muchos le digo, éramos los tres más kapangas de la banda y el Doctor.

Cuando el Filo nos dijo quién iba a garrar la batuta de la barra, casi nos caemos todos de ojete. Quería que el Doctor se haga cargo de la barra. Decisión que nos cayó como el tremendo culo a todos. Pero el Filo nos explicó que era lo mejor. Que el Doctor era un tipo de palabra, un tipo de mundo con códigos que le iba a devolver el puesto de líder, cuando saliera de ahí. La verdad que lo que decía me parecía bien, pero sinceramente no lo veía al Iribarne mandando eh. Una cosa es ser bien hablado, educado y otra cosa distinta es tener que plantarte mano a mano para defender un trapo o robarlo. El Doctor no dijo nada en esta reunión carcelaria, pero sabía que no le teníamos fe y que encima lo mirábamos de reojo. A la noche íbamos a hacer un asado con toda la banda y nosotros le teníamos que comunicar al resto, lo que había decidido el Filo. Antes de empezar a comer le batimos la posta al resto de la barra. La decisión del Filo había caído como el orto. Pero el Doctor se agrando y esa noche nos convenció a todos, la verdad. Nos habló sobre Marketing, el tema de la condena social y no sé qué otras cosas más. Nos dijo que de ahora en más nadie iba a trabajar. Cuando se refería a “trabajar” era a robar. Nos prometió un montón de cosas, parecía un político en campaña. Nos convenció a todos esa noche. Y cuando digo a todos, es a todos.

La próxima semana jugamos con los de Varela y como todos los partidos de visitante, el club nos ponía un micro. El Doctor era un tipo que pensaba a futuro, eso no se lo discuto para nada. Me acuerdo que nos juntó a todos los muchachos y nos dijo que al club el micro le costaba como 25 lucas y que podíamos quedarnos con esa guita y al cabo de unos meses podríamos comprarnos nuestro propio micro y seguir cobrando la guita. La verdad nos cayó para la mierda eso, que quiere que le diga. Medio que lo miramos para el carajo. Nos hizo ir en bondi a todos hasta allá, llegamos todos tarde. Se lo hicimos saber pero el Doctor es un tipo de convicciones y no quiso saber nada. Al mes lo queríamos matar, mira que venir a pijotearnos a nosotros eh. Los muchachos ya lo querían ver lejos al Doctor. Lo fuimos a ver a Filo al presidio y nos dijo que lo aguantáramos. Y lo aguantamos un par de meses. Fueron un tremendo quilombo hermano. Ir en Bondi a las cancha es una patada en los huevos. Diga que por lo menos viajábamos gratis porque los choferes medio que nos tenían miedo. La cosa es que un día en la puerta del baldío donde nos juntábamos estaciono un micro, uno de esos de larga distancia ¡Una cosa que ni le cuento! Bajo el Doctor de ahí adentro y nos dijo: “Muchachos, acá está el fruto del sacrificio, tenemos micro”. Casi nos ponemos todos a llorar hermano. Un verdadero lujo eso. Aire acondicionado, televisión color, un chiche, un chiche, que le cuento.  Estábamos como los barras de suiza o Alemania.  El micro quedo a cargo del Cango Ibañez, era el único con permiso para manejar. No tenía antecedente, por eso.

Hubo otras cosas del Doctor que nos llamaron la atención. La organización de los estacionamientos. Usted sabe que siempre los muchachos le piden una colaboración por cuidarle el auto. No cuidamos un carajo pero si no quiere irse de la cancha y encontrarse con un vidrio roto o sin un espejo, lo tiene que garpar, hay que gatillar para que no le hagamos nada al autito. La cosa es que el Doctor no estaba en contra de eso, es más, nos decía que era una linda fuente de ingreso y que había que cuidarla. Por eso se mandó imprimir tipo unos recibos. Y a los muchachos les compro una pechera y los mando. Porque él decía que a la gente hay que brindarle seguridad, si uno le da seguridad la gente no deja 50 mangos, deja hasta 100. Puede creer que el sistema funciono y la juntábamos en pala, en pala señor.  Venia el ñato con su coche, lo veía a algunos de los muchachos con el chalequito flúo, le daba un ticket y el tipo se iba contento pensando que le íbamos a cuidar el auto. A los diez minutos estábamos todos escabiando. El Doctor nos metió muchos cambios y fueron buenos eh.

Lo que no nos gustaba del Doctor era que nunca participaba en ningún combate. Cuando nos cruzamos los de Almirante, el Doctor se quedó atrás, ese día cobramos pero también repartimos, no se crea. Cuando lo fuimos a ver estaba atrás de todo, medio asustado. “Eso de pelear por pelear, no me gusta. Hay que pelear por algo ¿Para qué mierda quiero una bandera que encima es de otro club?” nos confiaba practico el Doctor. Ojo el Doctor no es ningún cagon, sabe artes marciales, Yu yitzu o algo así, “Chinchulín” le decía el mono. Aparte era grandote. Un día comprobamos su caracater cuando en la cancha había uno grandote que estaba pungeando, lo rompió todo. Lo mando al hospital. Mire que yo he visto muchas peleas y muchos lastimados, pero se grandote lo dejo estropeado, ni para respuesto de tarado servía.

Y siempre nos repetía eso de que no se peleaba por la nada. Y así fue que el Doctor vino un día y nos dijo: “Muchachos, llego el día de pelearse por algo que valga la pena. Hay que ampliar los horizontes” y nos metió en un acto político. Porque el Doctor era puntero político o algo así. De algo vivía ¿no? Fuimos una o dos veces, todo tranquilo, escuchamos algunas cosas y nada más. No estábamos muy convencidos, tampoco nos daban plata pero había que bancarlo al doc. Hasta que un día nos vino con una linda propuesta. “Muchachos, hoy tenemos que copar el frente de escenario, va a haber piñas y eso, hoy nos vamos a pelear porque nos van a pagar bien”. Todavía me acuerdo de las palabras del Doctor. Ese día fuimos y agarramos el frente del escenario, no sé qué político importante venia, pero nosotros nos paramos ahí y nos la aguantamos. Vinieron no sé de qué sindicato a querer sacarnos y cobraron como los mejores. Después el Doctor nos pagó una bocha por eso. Luego se hizo frecuente, marchas, movilizaciones, etc. Nos da daban una buena moneda y nosotros ampliábamos el horizonte. Nos conocían todos ya. Después hubo que apretar perejiles que no se si eran del mismo partido o del otro. Uno no pregunta cuándo va a hacer este tipo de laburo, solo va y cumple.

La cosa es que a Filo un buen día lo largaron del presidio y se vino para donde estábamos haciendo un asado. El boludo se pensó que iba a mandar de nuevo. Estábamos medio en pedo todos. Y el Filo vino a hablar con el Doctor para que todo siga como antes de irse. Minga le iba a dar el Doctor. Y la verdad es que nosotros estábamos a gusto con él. La cosa es que la discusión empezó a subir de tono y se pudrió todo. Empezaron a darse de lo lindo. Nosotros por una cuestión de códigos no nos íbamos a meter. Cuestión que el Doctor le estaba dando una buena paliza al Filo, cuando este saco una faca así de grande. Así era eh, como para cortarlo al medio al Doctor. Nos pusimos blancos, para que le cuento, como dice el Martin Fierro, no hay nada mejor que un buen susto para despertar a un mamado. Pero el Doctor ni se mosqueo, saco una nueve milímetros de la cintura y le metió tres cuetazos. Chau Filo. Se ve que del quilombo que había llamaron a la cana y cayó casi al mismo tiempo que el Filo al suelo con los tres petardos en el pecho. Corrimos como unos hijos de puta. Los Ratis agarraron a un par,  pero la mayoría zafamos, incluido el Doctor. Nos dispersamos por todos lados. Yo estuve guardado en lo de mi hermano por una semana, por las dudas, ¿vio? En la tele salía  todo lo que había pasado, que el Doctor había bajado al Filo, que era una interna, qué sé yo. Se nota que la policía había hecho cantar a los que agarraron.

Habrán pasado dos o tres meses y el Doctor se me apareció en casa. Bien vestido como siempre. Me dijo que se las piraba para Brasil por lo menos hasta que se pase el lio. “¿Sabes una cosa Roberto? Yo no soy violento, por eso nunca me gusto eso de pelear por pelear. Pero el Filo me quería tocar la fuente de ingreso y se pensó que la tenía servida en bandeja. Ahora me voy a Brasil, cuidame a los muchachos. Te dejo una carta para ellos”, me dijo el Doctor antes de pirárselas. Cuando  le pregunte como iba a hacer para volver si lo iban a andar buscando. Me contesto con una sonrisa “en un par de meses ya se olvidan del tema”.

Cuando se fue me pinto la curiosidad y abrí la carta, decía un montón de mariconadas sentimentales. Que nos iba a extrañar, que esto que lo otro. Eso sí, tenía linda letra. Esa letra de profesional, tirada para un costado. Lo que me sorprendió fue que el Doctor dejaba la barra a mi cargo. Yo era el nuevo jefe. Mire usted, eh, ¿qué me cuenta? Ni bien termine de leer, la quemé y esa misma tarde le dije a los muchachos que el Doctor me había venido a ver y que al Mono lo nombraba como el nuevo jefe. Porque el Doctor era un tipo leído, pero en esto hay que ser vivo más que leído para poder seguir estando. 

T.Schweinheim
Obra publicada, expediente Nº 510614, Dirección Nacional de Derechos de Autor



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