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Las mejores frases futboleras de octubre. Octava parte.

"Los argentinos tenemos que agradecer todos los días que hemos tenido a Maradona y a Messi. Yo tuve la suerte de jugar con los dos. Cuando era chico, quería ser Maradona"
Juan Román Riquelme, suertudo.

"Que gane el mejor, ojalá que sea Huracán para pasar de fase y seguir haciendo historia en Huracán. Va a ser importante para todos llegar a una Semifinal"
Patricio Toranzo, positivo.

"Quiero saludar a todo el pueblo bostero, que somos mayoría. No importa que los otros ganen, siempre vamos a ser los mejores. Quiero saludar a Angelici y agradecer por traer a Tévez en su mejor momento"
Diego Maradona, apoyador serial.

"Que Coudet se quede tranquilo, nosotros ganamos los partidos en el campo de juego y no en ningún escritorio"
Cesar Martucci, termeandola.

“La concha de tu hermana”
Javier Mascherano mimando al árbitro.

"Necesitamos este título"
Cristian Erbes, necesitado.

“¿Si me molesta que se hable del fantasma de La Volpe? La Argentina es especial porque hablan boludeces. El problema es que yo después de treinta y pico de años afuera llegué a un equipo que ya estaba armado, que estaba jugando. Pero no rompí nada ni hice nada malo. Si pueden hablar es porque pasó algo increíble, que sucede cada 100 años. Me preocuparían las estupideces que se pudieran hablar si a Boca lo hubiese dejado cuarto. Pero lo dejé primero y, por perder dos fechas, ¡me alcanzan! Después tocó perder la definición contra Estudiantes, en Vélez”
Ricardo La Volpe, camarilleado.

"Acá en España, la concha de tu madre es como decir cojones"
Luis Enrique, traductor público.

"No sé si la elección Nacional tendrá injerencia, pero le agradezco el apoyo a los candidatos presidenciales”
Marcelo Tinelli, Menekirchnesciomacrondonista.

"Las próximas elecciones presidenciales de la FIFA representan un momento crucial en la conducción del deporte y en el futuro de la misma FIFA. Creemos que Gianni Infantino tiene todas las cualidades requeridas para abordar los grandes desafíos que hay por delante y liderar la organización por el camino de las reformas, para restaurar la integridad y la credibilidad de la FIFA"
Comité ejecutivo de la UEFA y de la liga de la injusticia.

"Siempre hay tiempo de alcanzar la unidad"
Luis Segura, Menekirchnesciomacrondonista.


"Nunca aceptes dinero que no te hayas ganado y no intentes nunca alcanzar tus metas con dinero"
Joseph Blatter, capocómico.

Frases tomadas desde el 20 al 26/10

Pagani Times: ¿Los pibes tienen que jugar con enganche? Horacio te lo resuelve a los gritos.

Un día volvió Pagani a calentarse más que la corteza terrestre con esto del calentamiento global En esta ocasión el veterano periodista se la agarro como siempre con la otra parte de la mesa, por el mal momento que vienen teniendo las selecciones juveniles en las ultimas competencias ¿Hay que jugar con enganche? Horacito te resuelve la incógnita a los gritos y con las manos haciendo de megáfono sobre el final del video.

 

Como serian algunas frases futboleras si fuesen políticas.

Cada vez que hay elecciones robamos con esto. Intentamos cambiar alguna que otra cosa elección tras elección pero siempre alguna queda. Hoy ampliamos un poco más la cosa, abarcamos mas actores y no solo al viejo y querido #ElProgramaDeFantino. La consigna es simple: imaginar que los actores futboleros de siempre, en lugar de vertir esos dichos en el ámbito del balompie trastocar esos dichos y que queden algo político. Nos quedó esto:

















Esconden los datos oficiales...

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Gol de Oro

La canchita tiene tierra, unas pocas matas de pasto que apenas sobreviven, los dos arcos y, apenas visibles, las líneas que marcan la cancha. Alrededor, chaperíos, el almacén del tío del Lungo, un paredón que da a la autopista y bastante basura.

El Lungo fue el que más insistió para que nos anotáramos. Jugamos hace tiempo juntos, claro, en el potrero. En el barrio ganamos siempre por afano, y eso que en la villa hay buenos equipos: “Los del 11”, donde juegan los hermanos González que la tienen atada; los paraguayos de los pasillos del fondo, que tienen dos equipos bravísimos (uno nos sacó el invicto hace dos años, pero de pedo y con dos jugadores más); y el equipo del Gordo Pedro, claro. Esos no juegan muy bien, pero algunos son muy picantes, y cuando pierden se pudre todo.

Pero esto es otra cosa. Un campeonato callejero: lo auspicia una marca deportiva importante, es para pibes menores de 13 años y se supone que ninguno puede jugar ni haber jugado en equipos de AFA. Digo que se supone, porque varios que están afiliados se anotan, y si no revisan bien juegan y todo. Tiene mucha difusión, televisan algunos partidos (creo que lo dan en un canal de cable) y hasta se dice que corren apuestas en los partidos.

Vieron que no conté mucho acerca de mí. No me parece demasiado importante hacerles perder tiempo con mi vida. Me llamo Ramiro, tengo 11 años y soy villero. Nací acá y sé lo que es remarla, con mi vieja parando la olla y con seis hermanos. Voy a la escuela todos los días, mirando para todos lados: la gorra, los tranza, los chorros, la sociedad. Para todos soy un enemigo. No tenemos muchas satisfacciones: nos bombardean con cosas que no tenemos, no nos contienen. En la villa todo es complicado: salir, estar, viajar. Si llueve un poco hay barro, si llueve mucho se pierde todo. Las familias se desarman, la droga está en todas partes. Pero siempre queda algo.

A mí me queda el fútbol. Cuando me dan una pelota, nada de eso importa. Puedo estar jugando desde el mediodía hasta la noche, olvidado de todo. Mis mejores amigos son mis compañeros de equipo. El Lungo insistió en que nos anotáramos en el campeonato, y nos convenció a todos. Hasta algunos que son pibes bastante descarriados, pero muy buenos, se contagiaron y se vienen rescatando este mes para ganarlo. De premio tenemos pelotas, camisetas, y hasta plata. Así que nos anotamos. Y nos fue bien. Jugamos muchos partidos, y ganamos todos.

En semifinales nos cruzamos con un candidato de fierro: unos pibes de la 31, tienen dos bajitos que la rompen (se dice juegan en infantiles de San Lorenzo), y faltando diez minutos nos ganaban dos a uno. Además, nos había pasado de todo antes de jugar: el Lungo se había roto la rodilla y no pudo jugar, el padre de Jorgito había caído preso por homicido, y habían venido en moto el Rengo y Diego, dos chorros de veinte años que manejan parte de la villa, a avisarnos que teníamos que perder porque habían apostado mucha guita a favor del otro equipo. No dijimos nada, pero no nos achicamos: Jorgito jugó igual, con el padre preso, y con un gol suyo y otro mío, lo dimos vuelta.

Ahora estoy parado en la canchita de siempre, con el partido cero a cero y esperando en la mitad de la cancha alguna contra milagrosa, porque con uno menos nos defendemos como podemos contra estos pibes de Parque Patricios, que son como nosotros: rápidos, habilidosos y guapos. Pero quiero contarles (y acá viene lo importante, lo lindo, lo que justifica que les haya robado estos minutos, fíjense que en este equipo somos honestos, robamos nada más que minutos, ja) acerca de un momento particular: único, definitivo. Cuando uno vive pensando en una pelota, también sueña fútbol. Sueña goles. Y esta jugada que les voy a contar, la soñé casi toda. Por eso es importante, porque no haya nada más lindo que cumplir un sueño. Arranca, me parece, cuando Chaka recupera en defensa y tira el bochazo largo, de memoria. El dos de ellos, ese grandote que no me dejó tocar una en todo el partido, por primera vez se resbala y no llega a cortar. Pico rapidísimo, mientras un coloradito rival se tira a cortarme, pero lo dejó pagando con una gambeta corta. Otro me sale de frente: le tiro un caño y lo dejo humillado en el camino. Ahora sí, encaro mano a mano, y escucho alrededor un murmullo raro, diferente. El arquero sale a tapar y cubre bien el primer palo. Se me viene todo en un segundo, como siempre en estos casos: le puedo dar fuerte, a ver si pasa, o abrirme apenas y buscar la comba al segundo palo. No hago ninguna de las dos cosas: la zurda reacciona antes que mis pensamientos, y la pico por encima del arquero. Veo la bocha en el aire, la derrota en la cara del arquero, el desbande alrededor, la cara de desconcierto de unos cuantos. Escucho los gritos. No son los de siempre: son otros, nerviosos, extraños, se mezclan con la cumbia del fondo que no dejó de sonar nunca. Y, antes de que la bocha caiga justo atrás de la línea, antes de que explote el gol en las gargantas de toda la villa, oigo, clarito, el tiro. Tengo tiempo de girar, de verle la cara al Rengo, arriba de la moto y todavía apuntándome con el fierro. Mientras se van apagando las caras y las voces de los que me levantan la cabeza, me agarran y lloran, entiendo al fin porqué me parecían raros los gritos alrededor. Y mientras veo la cara de mi vieja bañada en llanto, de mis hermanos que parecen insultar al aire, pienso solamente una cosa: ojalá, si me toca perder en esta, aterrice en un lugar distinto. Que haya una cancha igual a esta, en una tarde así de perfecta, y se juegue un partido interminable, pero sin ningún hijo de puta que venga a estropearme el gol más lindo de mi vida.

Nicolás Monja


Cositas

 Por Julio Batista


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