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Sábados de Fontanarrosa. Hoy: el Chiste del día (9 de mayo)

Siempre se dijo que los chistes de Fontanarrosa siempre están vigentes y hoy lo vamos a demostrar nuevamente. En la sección de hoy perteneciente al Negro, tenemos "el chiste del día". La consigna es publicar un chiste del Negro que publicado un día como hoy, o sea, un 9 de mayo. Es por ello que van chistes de ese día que salieron publicados en Clarín, desde el '98 al 2007.
1998

1999

2000

2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007 (ya dibujaba Crist por él)


Sábados de Fontanarrosa. Hoy: "Fútbol y ciencia" (a propósito del VAR)

Aprovechando que se vino el VAR, casi 32 años después que Fontanarrosa plasmara en octubre del 85 en la revista Fierro una historieta llamada "El avance alemán", el cual luego fue hecho cuento por el negro en 1990, bajo el nombre de "Fútbol y Ciencia", que este que publicamos aquí y ahora.

***

¡Hasta siempre, señor árbitro!

Sábados de Fontanarrosa. Hoy: Entrevista a Fontanarrosa en "El Sello". TyC Sports.

 


Material inédito que hace muy poco que el canal TyC Sports subió a sus plataformas, de hecho de allí lo sacamos. Dale play disfrutá del querido Fontanarrosa en estado puro.

Sábados de Fontanarrosa. Hoy: Ulpidio Vega

Ulpidio Vega, te nombro. Y de la apagada sombra de tu nombre rescato tu paso tardo por el empedrado desprolijo de Saladillo y la cierta fama de guapo sin doblez que te persiguió sumisa, como la silenciosa y tenaz fidelidad de un perro.
Quien te vio alguna vez por el Bajo, no te olvida. De callada mesura, sombrío el porte, mezquinabas palabras como si fueran monedas caras. Negros los ojos, en la negrura misma que sobre la frente escasa te tiraba encima el ala apenas curva de tu sombrero gris, tan conocido.
Ulpidio Vega, te nombro. Y de tu nombre exhala un aliento a kerosén barato, a bizcochito, a queso de rallar y vino tinto.
Aroma de almacén, de cambalache, que tuvo tu pobre viejo laburante por calle San Martín, casi en Tablada. Aroma a jabón pinche, a mate amargo, el mismo aquél que te alcanzaba la mano cordial de doña Cata, tu pobre vieja, que se cansó de mirar por la ventana.
Ulpidio Vega, te nombro. Y se santiguan las cuatro esquinas bravas de Ayolas y Convención, las que salieron tantas veces escrachadas en letra de molde cuando algún fiambre aparecía tirado en esa encrucijada.
Rezan de apuro las jovatas de memoria larga al recordar tu estampa de figura fina, el caminar pesado, un gesto de disgusto en la cara aindiada y el cuerpo erguido por la faca que atrás, en la cintura, te entablillaba.
Por trabajar en el Swift te habían llamado "El Matarife de Saladillo".
¡Qué te iba a impresionar a vos la sangre, Ulpidio Vega! Si día a día degollabas animales y la cuchilla te era tan natural como un anillo, como un zarzo sencillo en el meñique.
Pero eran dos los Vega, Juan y Ulpidio. "El Vega chico" le decían al otro que también trabajó en el frigorífico.
Y por si fuera escaso el desmesurado coraje de Ulpidio en la pelea, el "Vega Chico" era también de púa veloz, y sin entrañas.
De negro los dos, siempre, aun de mañana.
Pero, como suele suceder en estas cosas, Ulpidio se metió con una mina que se levantó una noche de Carnaval en el Club Atlético Olegario Víctor Andrade. La mina era una reventada que hacía copas en el Panamerican Dancing, frente a Sunchales, y que ya le había borrado el estampadito floreado a las sábanas del Amenábar, de tanto frote. Pero una hembra que pasaba y dejaba el aire como embalsamado de perfume dulzón, y enardecido. Rosa se llamaba, y era justicia.
Ulpidio Vega, te nombro. Y no me equivoco. Como se equivocó esa noche fatal la mina aquella cuando por llamarte "Ulpidio", "Juan" te dijo.
¡Qué oscura mano de destino cabrón los puso frente a frente, Ulpidio Vega!
¡Vos y tu hermano, inseparables siempre, enfrentados por el cariño falaz de una perdida!
Tiempo estuvieron mordiéndose las ganas de agarrarse. De mirarse profundo, y sin palabras. De medirse con odio. Y de no hablarse. Todo el barrio sabía del bolonqui que rechinaba en los dientes de los Vega. Pero cuando más de una vez saltó la bronca, y la faca apareció brillando en ambas diestras, algo los amuraba al suelo y les clavaba la bronca a la vereda. Algo, que allá en la casa, desde chicos les acariciara la frente, les planchara los lompa y les dejara los botines bien brillosos cuando se iban de milonga a Central Córdoba. Algo. La vieja.
"Si no te mato" se lo dijo bien clarito Ulpidio a Juan "sólo es por ella". "Si no te enfrío" le contestaba Juan, que no era lerdo "es por la vieja".
Y así andaban los dos, encajetados, sin poder ni dormir, más que hechos bolsa. Y encima la reventada de la Rosa les metía la cizaña de su labia, de sus promesas vanas, de sus mañas.
Y no se pudo más. Aquella noche Ulpidio y Juan llegaron puntualmente hasta el campito. Era un potrero de pura tierra y matorrales que los mocosos usaban para jugar al fulbo. Pero esa noche había luna. Y no era juego.
Ulpidio peló una faca que tenía este largo. ¡Uy Dio, cómo brillaba la plata de la luna sobre el filo helado del acero!
Y Juan, Juan peló también tremenda púa que de verla nomás, te entraba miedo.
"¡Venite!"
"¡Vení vos!" se supo después que se dijeron. Y fue cuando llegó doña Cata hasta el campito, de pálido rostro, ojos sufridos, de manos apretadas y pañuelo negro. Nunca se supo quién le pasó el dato. Tal vez, fue esa mágica intuición de madre la que la llevó hasta allí en ese momento.
No se oyó de su boca, una palabra. Y tampoco en sus ojos lágrimas se vieron. Pero eso sí, sus manos agrietadas de lavar ropa ajena en el invierno, dibujaron en el aire asustado de la noche, un gesto: se agachó, se sacó una zapatilla y lo demás, frate mío, ni te cuento.
A Juancito lo fajó hasta en el cogote, le deformó la sabiola a chancletazos, y le sacudió tantos palos por el lomo que lo dejó mormoso al pobrecito. Contaban los vecinos que lo oyeron, que tirado en el suelo, Juan rogaba y a la vieja pedía perdón a gritos.

A Ulpidio, de las crenchas lo cazó la vieja aquella, y le arruinó la jeta a chancletazos porque le pegó media hora, de corrido.
Roberto Fontanarrosa.
Extraído de "El Mundo ha vivido equivocado". Ed. Planeta 2012. Ed. De La Flor 1982.

Sábados de Fontanarrosa. Hoy: "Aquel gol a los ingleses"






















"Una milésima de segundo después, la geometría del conjunto ya ha cambiado. El Negro Enrique, que estaba a su derecha, se escondió tras un rubio. El Burru dejó de estar junto a la raya y los dos grandotes se le cierran ahora por el medio.

Sábados de Fontanarrosa. Hoy: "Fontanarrosa y la política"

Compilados de chistes extraídos del libro "Fontanarrosa y la política". Ed. De La Flor 1998. Ed. Planeta 2012.














Sábados de Fontanarrosa. Hoy: Boca-River, ídolos de "No te vayas, campeón"


HUGO ORLANDO GATTI
"Para mí, como espectador, la fiesta era Gatti. Ya fuera en River, en Gimnasia, en Boca o en Unión. Daba lo mismo. Y no deja de ser un detalle entendible, ya que es difícil que alguien esté a la espera de ver al arquero rival cuando, habitualmente, los puntos de atracción pasan más que nada por los jugadores de campo, los habilidosos de turno, los goleadores. Desgarbado, flaco, anguloso, de poco peso, muy rápido, contrastaba con la imagen impuesta de arqueros grandotes y pesados. Dominador del área, propenso a salir a cortar, a anticiparse al juego, daba la impresión que se aburría sujeto entre los tres palos e, incluso, en su área".

DANIEL ALBERTO PASSARELLA
"No muy alto pero fornido, comprimido, fuerte, se levantaba hasta un punto en que los tapones de sus botines deberían quedar a un metro veinte, un metro treinta del piso. Además, le pegaba a la pelota como un animal, con una fuerza y una precisión notable, ya fuera de lleno, recto o de chanfle. Había algo en Passarella. La determinación. La determinación constituía algo así como un clima, una nube que lo rodeaba, una aureola que transmitía claramente a propios y extraños, que había entrado a la cancha para ganar. Era una tranquilidad para los argentinos saber que Passarella estaba allá atrás”.

ENZO FRANCESCOLI 
"Serio, talentoso, hábil e inteligente, Enzo iría tejiendo sobre su figura una leyenda que lo instala en el Parnaso de los ídolos. Lo hizo fundamentalmente con goles, sin ser un goleador de corte clásico sino, más bien, un organizador, un enganche con mucha llegada. De jugada, de cabeza, de tiro libre o de penal. Enzo asumía naturalmente su importancia, se hacía cargo del equipo, afrontaba el compromiso de que el juego pasara invariablemente por sus pies. Uno de los goles que más se recuerdan de Enzo fue contra Polonia por la Copa de Verano en Mar del Plata. Fue tan impresionante la chilena, tan plástico el movimiento del Enzo al pararla con el pecho y luego darle en el aire con esa voltereta invertida, que todavía hoy se nos dibuja una sonrisa admirativa cuando la recordamos”.

JUAN ROMÁN RIQUELME 
"Quizás el últimos de los pisadores, una característica hoy escasa pero que viene de mucho antes del Coco Rossi, el peruano Loayza, Rojitas o Pipo Gorosito. Esa especialidad que hace que el jugador, más que correr con la pelota, camine sobre ella, como algunos perritos amaestrados en los circos. Lo primero que hace cuando recibe la pelota es ponerla bajo la suela, para que no se escape, para que se calme. La trae, la amasa, la frena, mientras que con el culo y los brazos mantiene alejado al marcador. Es un infierno quitársela, aunque para el rival la pelota pareciera siempre tentadoramente cerca. Pero si Riquelme se quedara sólo en eso, en el escamoteo corto, correría el riesgo de convertir su juego en un malabarismo inútil. Riquelme va más allá. La pide siempre, la busca y tiene una pegada fantástica.

DIEGO ARMANDO MARADONA
"La primera vez que lo vi fue cuando jugaba para Argentinos, en el Parque Independencia. Hubo algo que me impresionó de él en ese partido, además de su melena enrulada, y era que jugaba como lo haría un veterano, o al menos eso me pareció aquella tarde. Anduvo por la mitad del terreno, trotando, casi sobrando el partido, con una economía de movimientos ayudada por su técnica que siempre le permitía dominar la pelota en un solo tiempo. Y se cansó de meter pelotas largas, cambios de frente, con enorme justeza y precisión. El encuentro de Maradona y Brindisi en Boca fue como el encuentro de dos almas gemelas, de dos espíritus sensibles a quienes, en algún momento, el destino habría de juntar en una comunión digna de ser cantada por Armando Manzanero".

Sábados de Fontanarrosa, hoy: Inodoro Pereyra, la historia de la historieta.

Hoy en "sábados de Fontanarrosa", tenemos un clásico de clásicos: Inodoro Pereyra en la chatura inmensa de La Pampa. Nació en la revista cordobesa "Hortensia". Fontanarrosa diría luego que le pidieron un personaje gauchesco y que se baso en los viejos radioteatros de historias Gauchas que escuchaba de niño en su Rosario natal, así ideo a Inodoro Pereyra. "Cuando me dijeron de hacer este personaje en una tira semanal, yo le dije al editor que estaba loco". Comentaría años más tarde el "negro" en una entrevista. "La Pampa siginificaba solo dibujar una linea, y yo que siempre fui medio vago con eso zafaba" se sinceraba Fontanarrosa. En esta publicación usted podrá observar los orígenes, o sea, la Historia de la Historieta. La Primera tira de don Inodoro, la primera aparición del Mendieta, la de la Eulogia y la de los loros. También —como ya habiamos publicado— la última tira que aparición en la Revista Viva de Clarín. Para comenzar, ponemos la "evolución" de los tres personajes centrales. Larga vida al Renegau.



El Primer Inodoro Pereyra

La primera aparición de la Eulogia

La aparición del Mendieta

Nota, Mendieta aparece por primera vez en "De los deberes", pero su participación solo se limitaba a un cuadro y no intervenía.

La llegada de los loros


El último Inodoro Pereyra


Si no se visualiza correctamente las imagenes, haga click sobre ellas.

Conociendo a los equipos del Mundial 2026. Hoy: Grupo E

  Ojo con Curazao. 


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