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"La poesía, de chanfle al segundo palo" de Juan Sasturain

Para Tomas Sanz
RECUERDO QUE mi viejo tiraba la bronca contra Aróstegui, porque "transmitía todos los partidos igual". Eran los años cincuenta -antes del memorable desastre del Mundial de Suecia del '58- y todavía no habíamos llegado a la fiebre analítica y descriptiva que nos invadiría poco después. Por entonces, don Alfredo Aróstegui, "el relator olímpico", intercalaba algunos nombres propios entre un sinfín de frases hechas en las cuales recuerdo con especial afecto la que decía, antes de un saque lateral, "será encargado de ponerla otra vez en movimiento el jugadorr..." y ahí nombraba al "jas" correspondiente, ya que eran casi invariablemente ellos, cuando todavía no aspiraban a marcadores de punta, los encargados de esos menesteres.

Consultor espiritual, no mago

¿Sabes lo que pasa? Todos te tildan de chanta ¡Todos, eh! Nadie te da una oportunidad. Claro, porque en este país es muy fácil etiquetar al otro. “Ahí va el chanta”, te dicen. Por más que los resultados estén a la vista. Acá para que te creantenés que ser político. Y un político garca. Cuanto más garca mejor. Vas de traje y corbata y ahí sí te respetan. Por más que te hayas cagado en medio mundo y que te hayas robado medio congreso.  Acá escuchan la palabra “espiritualidad” o “hechizo” y ya sos un ladrón. Un ladrón de gallinas, eso es lo que sos. Por más que le cambies la vida a la gente que asesorás. Si te dedicás a lo espiritual sos un cagador. Más si sos un sanador. Sos chanta. Punto, no hay vuelta que darle.

Vos le cambiás la vida a la gente, pero al resto le chupa un huevo. Peor si te dedicas al fútbol. Pfff, peor. Lo digo porque yo me dedico al fútbol. Y mirá que yo he hecho milagros. He laburado como un burro. ¿Se acuerdan de Pelligatti? El delantero que pasó de Ferro a Boca. Claro, como no lo van a conocer si hoy está jugando en el Milan y en la selección. Bueno a ese flaco le salvé la carrera. En Ferrocarril Oeste era un goleador eximio. La metía hasta con la nalga derecha. La pelota rebotaba en un rival, le pegaba a al juez de línea, picaba en el banderín del córner y le quedaba a Pelligatti en el medio del área, para empujarla. Un culo termonuclear.  Cuando pasó a Boca daba asco. No le hacía un gol ni al Arco del Triunfo. Quería escupir al suelo y le erraba. Cuatro partidos estuvo así. Pobre flaco, lo cargaron todos, hasta el técnico lo boludeaba en conferencia de prensa. No podías abrir ninguna red social sin ver un meme del chabón errando. Hasta que me vino a ver. Claro, no creía una mierda en mí y mucho menos en mis “poderes”. Le  cerré bien la boca. A la otra fecha de haberme consultado, se despachó con tres goles y no paróde meterla partido tras partido.  Obviamente, el flaco me quiso pagar un vagón de guita. Le dije que se la donara al comedor de una iglesia. Por un lado, con la publicidad que me iba a hacer Pelligatti, yo ya estaba hecho; por el otro, lo mandé a que done esa guita a la parroquia del barrio porque después dicen que uno es un brujo adorador del diablo, que hace pentagramas en la vereda, que invoca hasta a SatanásPáez y que votó a Menem en el ‘95.

Después de eso me vino a ver el presidente de un equipo grande. No puedo decir el nombre porque lo prendo fuego, pobre. Hacía siete años que no salían campeones. Acá les podría mentir y decir que con mi intercesión dieron la vuelta olímpica, pero la verdad es que no acepté el caso. Uno no puede aceptar estos casos, son imposibles. Soy un consultor espiritual, no un mago. Por más que venga Mandrake, si los dirigentes se mandaron cagada tras cagada y encima los jugadores son horrendos, yo no puedo hacer nada.Me quemo para siempre. Caso contrario al que me pasó con otro equipo. Un equipo chico. Habían armado un equipazo pero no lograban embocarla en el arco. Mucho menos ganar. Me acuerdo que vino su entrenador para ver si podía darle una mano. Después de interiorizarme bien, y de ver que los jugadores eran buenos, pero que estaban teniendo una mala racha, me fui a la cancha, hice algunas “sanaciones” o “trabajitos”, les dije que había una traba que se las había hecho el rival, pero que ya la había alejado y a otra cosa. Metieron ocho partidos ganados al hilo. Entraron hasta a la Libertadores.

¿Sabes cuál es la posta de esto? Yo les voy a contar la verdad de la milanesa. Seguramente después de que les cuente esto les voy a parecer un chanta, pero soy honesto y les tengo que batir la justa…¿Ustedes vieron que alguna cábala funcione?  De verdad, eh. Seguramente me van a decir que sí. Yo no sé cómo puede ser que el calzoncillo rojo que algunos suelen usar por cábalalos días de partido logra que la pelotita entre en el arco. Imposible. Pero la cábala funciona como un refugio, como un manto sagrado, es un colchón al que uno se tira. La mayoría de las veces las cábalas no funcionan pero uno las sigue usando igual. Si todas funcionasen, todos los equipos saldrían campeones en un mismo torneo. Pero uno va confiado. Y ahí está el asunto, mis queridos amigos: la confianza. Cuando a uno no le salen las cosas, la confianza se le va al carajo. Las dudas comienzan a aflorar y el jugador comienza a dudar de todas sus capacidades. A medida que la presión aumenta las dudas son mayores. El tiempo pasa y al jugador no le sale una. Hasta que inevitablemente meta una y empiece a ganar confianza de a poquito. Pero ese poquito puede ser un mes, dos meses, un año. Y el tiempo es vital en el fútbol. Es ahí donde aparecemos nosotros. Cuando al fútbolista o al equipo le decís que la culpa del mal presente no es de ellos, sino que le hicieron “un trabajo”, es como meterle una batería de confianza por el traste. Enseguida levantan y vuelven a tener confianza. Claro, la culpa no es de ellos. Que hayan mandado la pelota por encima de la segunda bandeja estando a menos de un metro del arco solo, ya no es culpa de ellos; es culpa del “trabajo”. Que le hicieronerrores pelotudos, goles infantiles. Todo deja de ser culpa de ellos. Es como que los expiás de toda culpa. Mejor que ir a confesarse,  ¿me explico? Le sacás un peso de encima.  Yo la verdad es que no creo demasiado en esto de la espiritualidad, de los “trabajos”.  Ojo, respeto a la gente que sí cree de verdad. Yo no creo demasiado en mis métodos, pero es muy efectivo ¿saben por qué?  Porque yo no  soy solo “brujo”, como le gusta decir a la gente, yo soy psicólogo.
Toni Schweinheim 
Obra Publicada, expediente Nº 510614. Dirección Nacional del Derecho de Autor

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"Don Salvatore, pianista del Colón" de Osvaldo Soriano.

Don Salvatore es mi vecino. No es inválido, pero nadie lo vio caminar nunca. Antes era zapatero y estaba siempre sentado. Ahora los nietos lo sacan a la vereda en una silla de paja, y él se queda todo el día allí, en camiseta, embelesado, mirando hacia el puerto como si esperara volver a ver el barco que lo trajo de Cosenza. No saluda a nadie, no lee, no fuma. Sigue de reojo a las chicas que pasan con el jean ajustado a las caderas y después aprueba o desaprueba con un leve toque de la cabeza.

No sé para que vine.

Hace un montón de años que no vengo a la cancha. No, no le exagero viejo. No me dejaban venir, no se confunda, no estaba en la gayola, ni tampoco es porque soy un pollera; es una historia larga, deje que en otro momento se la cuento. Por lo que he visto hasta ahora, esto cambió mucho, hermano ¿Está usted seguro que esto sigue siendo fútbol? Le puedo jurar que en las riñas de gallos he visto gente de mejor talante.

Antes cuando yo era un asiduo concurrente, era muy diferente el público. Ojo, no me malinterprete no soy de esos fascistas que anda catalogando a la gente, por mi cada uno puede hacer lo que quiere, es su derecho ¿Vio? Pero en la época en la que yo venía, era otra cosa. Mire cómo viene la concurrencia ¿Dónde están los sacos y los sombreros? Mire aquel monigote, ese de la izquierda, esta sin camisa, sin nada, en cueros. Está bien, estos calores hacen insoportable todo, ¿pero cómo viene así? ¿Nadie le dice nada? Hay señoritas por aquí. Qué poca decencia hermano.

Y hablando de señoritas, por lo que he visto hay muchas mujeres y ninguna de ellas con el léxico apropiado de una damisela, no señor, he oído marinos rusos con más feminidad. ¿Y esa porquería que suena en los altoparlantes? Que porquería, parece que están matando a alguien allí adentro ¿Cómo dice? ¿Eso es música? No me macanee, se lo pido por favor, somos grandes ¿Qué paso? ¿Está seguro que esto es un partido de fútbol? Bueno, bueno me callo, tiene usted razón ¿Sabe lo que pasa? Yo hace como cien años que no venía a una cancha, entiéndame.

Esta todo cómo un poco abandonado, ¿no? Lo bueno de esta modernidad es que han cambiado esos tablones de madera. Eran un peligro mi querido, recuerdo una vez cuando fuimos a la cancha de Argentino de Quilmes, una de esas maderas se desacomodó y nos caímos como cincuenta ¡Un dolor que no se imagina! Tampoco le voy a criticar todo el fútbol de ahora, esto del cemento me parece una gran idea, eh. Y las butaquitas estas también, no serán las del Luna Park pero van bien ¿Le conté cuando fui a verlo pelear a Firpo? ¿Cómo que no conoce a Firpo? ¿Qué donde juega? ¡El boxeador, hombre! Usted no es tan pebete como para no conocerlo. No le escucho bien. Debe ser porque empieza a cantar la fanaticada.

¿Está escuchando usted? Dicen que van a matar a otros ¿Qué es eso? No, no estoy sordo. Usted también

lo oyó no me macanee ¿Pero por qué los van a matar? ¿Qué han hecho los otros? ¿Es por lo de la revolución libertadora? Explíqueme señor, le dije que hace como cien años que no vengo acá. ¿Cómo dice? ¿Qué van a matar a los contrarios? ¿Se da cuenta lo que dice? ¡Pero esto es fútbol señor! ¡Es como si yo amenazara a un radical o a un peronista porque lo vote a Palacios! ¿Se da cuenta lo que dice? Ah, que es una moda. Que moda extraña.  Antes uno cantaba para alegrar a la fanaticada, para darles ánimos a los jugadores, a esos que jugaban por los colores, por amor al barrio. Yo no quiero que maten a nadie señor, estos son otarios, eso es lo que son, se hacen los maulas pero son otarios. Que gente malandra.

¿Qué es ese ruido infernal? Parece una guerra esto ¿Pirotecnia, me dice? ¿Pero por qué? ¿¡Qué!? No le oigo, hábleme más fuerte, no escucho. Ah que ya salen los equipos a la cancha ¿Pero cómo sabe eso? Ah mire usted ahí salen, ha de ser advino usted.  Mire las propagandas que tienen las camisetas ¿Cómo dice? ¿Qué son publicidades? Pero es lo mismo hermano, no me quiera engatusar, soy viejo pero no gagá ¡Cuantas propagadas que tienen! Parecen un almacén de barrio con esos chapones pintados ¿Cómo nunca los vio? ¿Dónde vive usted? Encima son propagandas en otro idioma. Nunca vi un producto cómo ese. Ahí saludan a la tribuna ¿Ese flaquito es el arquero? ¿Por qué se viste con un color tan chillón?  Un arquero se tiene que vestir con colores oscuros, si no lo marcan enseguida y lo sacude hasta el fullback. Pero estos son todos purretes para jugar ¿No será el partido de reserva este?  Tan pibes y ya son titulares, mire como son las cosas eh, cómo cambian los tiempos, hermano. Tienen edad para estar en la colimba. Pero por sus peinados parecen que estuvieron en una comparsa, en un cotolengo.

¿El referí no salió todavía? ¿Cuándo va a llegar? ¿Cómo que es ese de amarillo? Me está cachando usted ¡Si el árbitro se viste de negro! Algo sé de fútbol, no se crea que porque hace rato que no vengo es que no se nada ¿Que me calle? Pero su solo le estoy batiendo la justa, pero va a empezar. Le hago caso y me callo.

Discúlpeme maestro, no quiero pecar de pesado, pero esto empezó hace más de quince minutos y solo corren y se tiran pelotazos. Parece que no quieren saber nada  con la bocha, hermano. Solo los veo correr y correr y cada vez que llegan a la pelota tiran un pelotazo que para que los otros se arregle ¿Esto es todo el tiempo así? ¿Qué le paso al fútbol? Está bien, pasaron como cien años desde la última vez que vi un cotejo de fútbol pero este deporte está muerto, hermano.

Antes uno veía a los wines danzando a gran velocidad con la pelota, poniéndosela al nueve como con un guante, en la testa o en el pie. Pero ahora ni wines veo. Se pega mucho más de lo que se juega. Mire usted a la parcialidad. Festejan más una barrida o un recupero a lo bestia que un firulete, un caño. Qué dolor de vista es esto. Tengo ganas de llorar, que tristeza. Déjeme viejo, soy un otario. Mire que el Pedro eligió irse a ver a sus nietos, a sus bisnietos y yo como un gil que soy, me vine para acá. Una salida que tengo en cien años y me vengo a ver esto… le soy sincero, no sé para que vine, tenía que haber hecho como el Pedro…



Por Toni

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"El Juramento" de Gabriel García Márquez



Y entonces resolví asistir al estadio. Como era un encuentro más sonado que todos los anteriores, tuve que irme temprano. Confieso que nunca en mi vida he llegado tan temprano a ninguna parte y que de ninguna tampoco he salido tan agotado.

El mundial me tiene cansado

¿Sabés qué? El Mundial me chupa un huevo. Cansado me tiene. Mundial aquí, Mundial allá. Nadie habla de otra cosa. Todo el mundo anda a las apuradas para llegar a ver los partidos. La calle es un caos. Ojo a mi me gusta el fútbol, me encanta, voy todos los domingos a la cancha. Pero te digo, sin dudar un segundo, que si tengo que elegir, prefiero a muerte que mi equipo gane un torneo o una Copa a un Mundial. La gente se vuelve estúpida. No hay otro tema de conversación y la verdad que me hincha las bolas eso.

Claro, usted me podría decir que todo el mundo se pone contento. ¿Y? Yo me pongo contento si Juancito, mi pibe, mete alguna materia en la facultad. Cosa que no viene pasando seguido.  ¿De que alegría me hablan? Si yo voy a tener que seguir laburando,ganen el Mundial o no. No puedo ir a la carnicería y decirle: “Che ganamos el Mundial ¿No me das un kilo de bife de chorizo por eso?”. No, mi viejo, los que ganan son esos jugadores que están ahí. Esos millonarios. Están en la Selección porque están en Europa. Tienen más márketing que la Coca Cola. Y eso que yo soy fanático de esa gaseosa eh. Nunca un jugador del ascenso, nunca uno de un equipo chico. Están ahí porque son paladines del márketing. Algunos no tienen ni puta idea de lo que significa la Argentina. Viven en Europa, rodeados de lujos y se olvidan de sus raíces. No, ya sé que no tendrían que estar viviendo en un chalecito en González Catan. Pero a lo que voy es que a ellos les chupa un huevo ganar o no. No les cambian en nada.

Además esto del Mundial tapa un montón de cosas. Los políticos nos bajan los lienzos delante de todos y no nos enteramos. Si estamos babeando frente a una tele a ver como el 2 de Alemania le mete un gol a Ghana. Dejame de joder. Somos muy boludos, hermano. Anda que esto pase en un país serio. No pasa. Si ganamos es un quilombo, si perdemos, un velatorio. Nos importa más si la bocha entró o no, a que nos rompan el ojete con alguna medida económica. Adormecidos nos deja el Mundial. Adormecidos.

Usted dirá que yo soy un amargo, un antipatria. Que la gente se une con esto del Mundial. Sí, tiene razón. Le digo más, yo el 29 de junio de 1986 estuve en el Obelisco festejando a morir. Terminé festejando hasta  el otro día. Me comí una cagada a pedos de mi jefe por el faltazo. Pero estaba ahí. Habíamos ganado.  Eso fue un Mundial. Yo hubiera dinamitado el obelisco y ponía la estatua del Diego ahí. Maradona: el dios hecho fútbol. Lo más grande que hay, el Diego. Después de ese Mundial empezaron las frustraciones. Comencé a darme cuenta que todo esto del Mundial es como le digo yo. Cuando nos cagaron, porque otra palabra no hay, con Alemania en esa final. Me di cuenta que estábamos inmersos en un mar de mierda. Que esto de los Mundiales era una porquería. Que solo servía para lavarnos las neuronas. Después se vino el de Estados Unidos. Ahí me volví a esperanzar. ¿Cómo no te ibas a ilusionar? Si era un E-QUI-PA-ZO. Pero la tuvo que cagar el drogón este de Maradona. Dinamitame el monumento del Diego y volveme a construir el Obelisco. ¿Qué podes esperar de este tipo, también? Me fui alejando de la Selección, hasta el 98. Me copaba Passarella de DT, era bueno, mostraba disciplina. El pelito corto. Pero nos cogió Holanda por el pelotudo de Ortega. Bah, Orteguita no tuvo la culpa. La culpa la tuvo el facho de Passarella que se preocupaba más por el largo del pelo de los jugadores que por armar un buen equipo.

Largué la Selección a la mierda. Después se vino la crisis del 2001, los saqueos, las muertes, los 280 presidentes en una semana. Y la verdad es que me fui a refugiar en la Selección. Éramos un violín. Pasamos las eliminatorias caminando, pulverizábamos a los rivales. Ni el grupo de la muerte me asustaba. Una ilusión bárbara tenía. Bah, todos la teníamos. Hasta que nos quedamos afuera en primera ronda. La verdad que nunca más eh. Yo creo que usaron la algarabía y la esperanza que teníamos en el equipo para que los políticos hicieran cualquier cosa en el ispa. Chau Selección para mí. Si en el peor momento de nuestra historia no nos podían dar una puta alegría, váyanse bien a cagar. Al Mundial 2006 no le di pelota, hasta que vi de reojo como nos cargábamos a Serbia y Montenegro 6-0. Epa. Ahora sí, era nuestro Mundial. Teníamos a un señor entrenador como Pekerman y encima a un Messi que estaba saliendo del cascaron. Pero claro, se nos cruzó Alemania, el DT un cagón que le erró con todos los cambios. La verdad es que la culpa era mía, por seguir insistiendo. Me sentí un boludo. Pero ya había aprendido. Ya no iba más.

Casi nos quedamos afuera del Mundial del 2010 y lo trajeron al Diego. Y la verdad que el Diego me puede. Un tipo que es un motivador nato. Era EL entrenador. Llegamos de pedo, pero yo sabía que este Mundial era nuestro. Era como revivir el 86. Con Maradona como DT y otro en la cancha como Messi. Pero otra vez nos cogió Alemania, y esta vez por goleada. Y sinceramente me sentí un pelotudo. ¿Qué podes esperar de un tipo que solo sabía hacer monerías en el banco de suplentes? Y Messi, bueh, en las difíciles siempre se ha borrado. Ese día lloré. Pero no de tristeza, sino de impotencia. Por ser tan estúpido. Otra vez estaba con la bandada de boludos  lobotomizados por el Mundial. Iluso. Juré no darle pelota al de Brasil. Pero los muchachos me convencieron de ir. “¿Cómo te vas a perder esta oportunidad, si es acá a la vuelta?”  Y fuimos. La verdad que fui como para disfrutar de mis amigos, de estar en otro país. Fuimos avanzando y me puse muy contento y feliz cuando Romero nos catapultó a la final. Era la reconciliación perfecta, salir campeones en medio de tierra brasilera. Esa no se la sacaban más de adentro. Y otra vez me entregué al Mundial. Sí, un boludo fui. Götze me devolvió a la puta realidad.

Por eso le digo, no sea boludo. No se deje lavar la cabeza por el Mundial. Mientras uno sufre, no ve la realidad. Por más que tengamos chances. Por más que este Messi y pueda llegar a ser su Mundial… por más que lleguemos muy mal como en el 86… no sé… si uno lo mira bien le digo que podemos dar el batacazo en Rusia. Yo creo que si me apretás un poco te digo que te cambio ganar este Mundial a que mi equipo gane la Libertadores, total estos muertos ni siquiera clasificaron a la Libertadores.
Toni Schweinheim
Obra Publicada, expediente Nº 510614. Dirección Nacional del Derecho de Autor
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"Me van a tener que Disculpar", de Eduardo Sacheri

Para Diego

Me van a tener que disculpar. Yo sé que un hombre que pretende ser una persona de bien debe comportarse según ciertas normas, aceptar ciertos preceptos, adecuar su modo de ser a determinadas estipulaciones convenidas por todos. Seamos más explícitos. Si uno quiere ser un tipo coherente debe medir su conducta, y la de sus semejantes, siempre con la misma e idéntica vara. No puede hacer excepciones, pues de lo contrario bastardea su juicio ético, su conciencia crítica, su criterio legítimo.

Lo que se dice un mercenario

Hoy se habla y se clasifica a los jugadores con una liviandad absoluta. Uno es un “mercenario” o un “pesetero” por cualquier pequeñez. Bueno también es cierto que últimamente se juega más por amor al dinero que a los colores. En mi época uno le tenía algo de cariño al club donde jugaba, por más que uno no sea hincha de ese club. A ver, a uno que es profesional, o pretende serlo, le dan la oportunidad de jugar al fútbol y encima pagarle. Porque peor sería laburar, no me malinterprete, el ser jugador de fútbol también es un laburo bastante digno, por cierto. Uno tiene que  levantarse temprano para ir a entrenar, hay que resignar días de estar con la familia para poder concentrar o ir a la pretemporada, hay que hacer sacrificios y evitar los excesos —aunque cada vez menos lo hacen— como la joda, la noche, el pucho y miles de cosas más. Es un poco sacrificado, pero peor sería ser, no sé, remisero u oficinista. O cargar bolsas en el puerto. Nosotros, los futbolistas, somos unos privilegiados al poder “trabajar” de esto. Por eso —y a mi entender— tendríamos que ser más justos con los equipos que nos contratan.  Las nuevas generaciones se cagan —discúlpeme la expresión— en la gente de su club. Se van de joda, se dejan estar físicamente… y lo peor es que les importan tres pepinos los colores que defienden, todo lo hacen por la plata. Cuando yo jugaba, la cosa no era tan así. Ojo que le estoy hablando de hace tan solo veinte años atrás, tampoco es tanto tiempo si uno se pone a pensar, pero todo cambio para mal. Antes para ser considerado un “mercenario”, mínimo se tenía que pasar a la contra y gritarle un gol en la cara a su ex equipo. Ahora cualquier pelagatos de no más de 19 años que se va a jugar por plata al exterior ya es un calificado como mercenario… no es tan así. Es más, en mi época yo muy injustamente fui calificado como tal, usted tal vez conozca mi caso. Digo “tal vez” porque fue muy conocido en el ascenso. Pero por aquellas épocas lo que pasaba en el ascenso quedaba allí. Solo conocían los que eran hinchas de los equipos de la B. “El mercenario de Miguel Alibour” fue el injusto título con el que bautizaron injustamente los medios partidarios del Club Atlético Buena Esperanza ¡Y usted puede creer que me quedo ese apodo!

Yo ataje durante casi 21 años, debute a los 19 y me retire a los 40. En el último año de carrera jugué ese partido cruel en el que me bautizaron de esa manera. Lo triste es que ese inefable  apodo es con el que me recuerdan. Ningún hincha de ese equipo recuerda como me rompí el lomo —para no decir otra cosa— para sacarlo campeón de primera ¡Campeón de Primera! Nada más y nada menos. Nunca nadie defendió esos colores como lo hice yo, viejo. Pero toda mi carrera se olvidó, todo por un maldito partido. Todo muy injusto. Todo por un partido en el que demostré toda mi profesionalidad. Por eso hoy le quiero contar todo bien como fue. Quiero aclarar bien punto por punto. Es incompresible como  un tipo tan profesional y tan honesto como yo, haya caído bajo la cruel y helada connotación negativa de esa palabra nefasta.
Usted por ahí es un futbolero de ley y conoce mi nombre. Miguel Ángel Alibour. Tengo ya 60 pirulos. Si no me conoce o es un jovencito, use la internet —o el internet— para buscar mi nombre. En 20 años de carrera salí campeón de primera una vez, me fui al descenso la misma cantidad de veces y tan solo jugué en dos equipos.  Podrá comprobar que no soy tan “mercenario” como me quisieron pintar. A veces la gente en su afán de “ocultar” o “mitigar” los errores propios, busca culpables. Y encontraron uno en mí, una injusticia total.

No me quiero ir por las ramas; soy oriundo de Salta. Oran, puntualmente. Un buen día fui con el Chelo —somos amigos desde pibes— a probarnos a Club Atlético Buena Esperanza. Tendríamos 16 o 17 años. Vinimos de mandados que somos.  Me acuerdo que nos metieron en un equipucho horrible. Enfrentábamos a la cuarta o quinta, ya no recuerdo bien. Ese día yo atajé de todo, salvo tres pelotas que fueron imposibles de atajar. Terminamos perdiendo tres a dos.  El chelo había metido los dos goles nuestros. El coordinador de inferiores quedó encantado conmigo, o eso parecía. Resulta que tenían pocos arqueros y quedé. El pobre del Chelo se quedó afuera, una lástima. Él se volvió para Oran y yo me quede a vivir mi sueño de futbolista en la pensión del club. Una pensión bastante humilde, pero para qué queríamos lujos si estábamos cumpliendo un sueño. Me toco debutar a los 19 años en un partido durísimo contra San Lorenzo. Ernesto Sivio, el arquero titular se había ido expulsado en el partido anterior contra Atlanta, partido que todos los hinchas recordamos, porque termino atajando un defensor nuestro, el brasilero Olindes. Ganamos cuatro a tres y nos alejábamos del tan temido descenso. A mí me toco debutar, como le decía, contra San Lorenzo. No pude dormir durante toda la semana previa. Es más, ya desde el momento en el que  echaron a Sivio, me empezaron a temblar las piernas. Pero había compañerismo, Sivio me aconsejo durante todos los entrenamientos previos a mi debut. Me decía como debía pararme, me contaba las mañas de los delanteros rivales y todo lo que a un pibe le servía para dar sus primeros pasos en primera. Ahora no pasa eso, viejo. Todos se comen el hígado, los mismos compañeros se matan por un puesto o por un mango más. Discúlpeme que me vaya de tema pero hoy ya se perdieron todos los valores o los códigos, como le llaman ahora. Y bien, debate contra San Lorenzo. Y no me lo va a creer, pero fui la figura. Tape todo, empatamos cero a cero gracias a mí, no se equivoque no soy de esos agrandados, pero hasta los rivales me felicitaron una vez terminado el encuentro. Saque dos mano a mano nada más y nada menos que contra el Negro Manfredi. Ese día todos los diarios me pusieron como la figura de la cancha, por ejemplo el diario Clarín, me puso del apodo de “la pantera Alibour”, por mi forma de caer siempre parado y mi tez morena. Empecé con el pie derecho, como quien dice. Luego volvió Sivio a ocupar su lugar en el arco y yo volví al banco. Alterné banco y titularidad como por cinco años más, bah “alternar” es una forma de decir, porque ataje muy pocas veces. Cuando se lesionaba o lo expulsaban a Sivio. Hasta que en el 78 a ambos nos llegó la gran oportunidad. Vinieron desde Atlético Nacional de Colombia y se lo llevaron. Yo, en cambio, quede como el arquero titular.

Y así pasaron los años, yo me fui consolidando. Tuvimos épocas regulares, buenas malas. Pero nunca descendimos. Molestábamos y bastante. Hasta nos metimos en la Libertadores en más de una ocasión. En la liguilla pre Libertadores siempre rompíamos los cocos y nos respetaban bastante. En el 89 conseguimos algo que jamás pensamos conseguir con este humilde club. Salimos campeones de primera división. Lo más cerca que este equipo estuvo de salir campeón fue un subcampeonato de pura casualidad en el 63 pero nada más. ¡Qué manera de meter, Dios mío! Cuanto huevo tenía ese equipo.  Teníamos cada nene en el equipo que mama mía. El negro Pintos, Hermenegildo Sosa, Walter Ramón, Manuel Duró,  abajo, un volante central de la talla de Furriel —que después se fue a River—, a Quinteros, Romualdo Costiña, el Rifle Perea y el Moncho López arriba cabeceando hasta los ladrillos. Después alternaban José Rio, Eduardo Tomassi, el ardilla Francesco…

Ya en la fecha 10 le habíamos sacado ocho puntos al segundo. Recién perdimos el invicto por la fecha 13. Déjeme decirle algo que me llena de orgullo: yo era el capitán de ese equipo, encima terminamos con la valla menos vencida. Me acuerdo la noche en la que ganamos el campeonato. Niños, adultos y gente grande llorando. Todos venían y me abrazaban. Que lindos recuerdos. Había un chico que había venido en sillas de ruedas, me conto cual había sido su sueño; era el de vernos campeones. El pibe no soñaba con volver a caminar ¡Solo soñaba con vernos campeones! Le juro que llore como un nene cuando lo escuché.

Pero como todo lo que sube tiene que bajar, empezamos a decaer futbolísticamente. Malas decisiones de los dirigentes, jugadores que se iban de a poco. Lentamente pasamos de “molestar” a ni siquiera hacerles cosquillas a los otros equipos. Y llego ese último y fatídico torneo en primera. Últimos cómodos salimos. La gente que antes solo nos daba gritos de aliento, nos insultaba de arriba abajo. Yo era uno de los blancos predilectos de los hinchas. Yo le voy a ser muy sincero, cuando un equipo desciende o es goleado fecha tras fecha, seguramente el culpable directo es el arquero. Pero déjeme decirle que yo no tuve la culpa en la mayoría de los goles que nos metieron. No, no pretendo esquivar mi responsabilidad ni echarles la culpa a otros. Pero yo no tengo la culpa de haber tenido una defensa horrible y de que los dirigentes hayan traído cada muerto que daba miedo. Yo soy arquero, un simple arquero. Sin una defensa más o menos buena, por más que uno sea un Oliver Kahn o un Yashin, mucho no puede hacer. Y me echaron la culpa a mí. Se dijo cada barbaridad terrible. Que yo andaba mal de la vista, que ya estaba viejo, que me iba de joda… Justo yo, casado y con dos pibes hermosos. “Ciego”, “manco”, de todo me decían. Mucho se habló de mí, pero lo que más me dolió es que dijeron que yo solo jugaba por la guita, que ya debería haberme retirado.

Me fui por la puerta de atrás. Me echaron como a un perro sarnoso. Pero nuestros destinos  se volverían a cruzar.  Yo firme con Juventud de Rawson. Un pequeño equipo, justamente de Rawson. Había ascendido recientemente para disputar por primera vez el Nacional B y andaban buscando un arquero experimentado. No lo dudé y me fui a instalar en la paz del sur. Había una linda base en la que confluían juveniles y jugadores experimentados. Teníamos la difícil misión de mantenerlo en primera. Yo me tenía fe le confieso.  Empezamos perdiendo seis partidos al hilo. Recién ganamos un partido en la fecha diez y fue frente al otro debutante en la categoría: Deportivo Iguazú. No fue anda fácil la adaptación pero le poníamos el pecho y más o menos logramos levantar  y empezar a sumar puntos. El último partido de la primera rueda fue justamente contra mi ex equipo, no lo jugué. Pero no porque no quise. Tuve un hecho desgraciado que me impidió jugarlo. A mi padre le había dado un infarto y tuve que viajar de urgencia a Salta. Por suerte fue solo un susto. Ese partido lo perdimos tres a uno. Ellos venían quintos y nosotros en el lote de los últimos. Era mucha la diferencia entre ambos equipos. A pesar de que ellos estaban heridos y fundidos le metían garra. Nosotros hacíamos lo que podíamos.

En la segunda ronda  mejoramos bastante. Metimos cuatro triunfos al hilo. Sumamos puntos de visitante. Pudimos estabilizar al equipo. Pero al promediar esta segunda ronda, nos agarró un bajón. Perdimos tres partidos al hilo y de nuevo estábamos con la soga al cuello. Recién en la última fecha se definían los descensos y los que quedaban el octogonal. Mire que cruel es el destino, usted ya se habrá dado cuenta que ese partido crucial lo teníamos que jugar contra mi ex club, donde fui ídolo y ahora me odiaba. Club al que amaba.  Pero ahora me tocaba defender otro equipo y yo soy muy recto, muy profesional. Ellos estaban pelando para meterse en el octogonal para ver si podían ascender. Tenían que ganar o empatar y esperar a que Dalmine empatara o perdiese por goleada.  Yo soy hincha del club y me hubiese dejado hacer uno o dos goles, pero antes que hincha, yo soy un profesional —y por sobre todo un tipo agradecido— y me debía a este equipo ahora.  Sufría una impotencia bárbara por no poder ayudar a mi equipo a volver a la elite del fútbol argentino.  La semana previa al partido fue una porquería, una mierda —discúlpeme el vocabulario— una completa basura. Me llamaron a casa los dirigentes de mi antiguo club.  Primero se hacían los sotas. Me decían que yo era un ídolo, un ejemplo para los más chicos. Lambiscones eran. Me adulaban con palabras vacías y me daban a entender que querían que vaya para atrás ¡Justo a mí! Los saque corriendo. Al otro día ya fueron más directos y me ofrecieron plata. Les corte a esos hijos de puta —perdóneme el insulto— otra cosa no se merecían. Los muchachos me vieron tenso, muy mal de ánimo y comenzaron a apoyarme. Cuando más o menos logre concentrarme, mi señora me llamo desde Buenos Aires —donde habían quedado con mis hijos— para decirme que habían puesto un pasacalle que decía: “Alibour desagradecido, conociste el agua caliente en Buena Esperanza y nos mandaste al descenso, anda para atrás o sos boleta”. Quede pálido al escuchar eso. No sabe la calentura que me pegue. Pero que desagradecidos. Yo que soy el más hincha de ese equipo. Le pedí permiso al gringo Belini para salir un rato para despejarme e ir a hablar con una amigo. Fui a la casa del Rubio Finesa. Lucas Finesa fue uno de mis mejores amigos que me había dado mi equipo anterior. Era mi suplente.  A él también lo habían rajado por la puerta de atrás del Buena Esperanza.  Había pasado por una cantidad enorme de equipos ya. En ninguno se quedaba fijo. Si un equipo le ofrecía un mango más, se iba y punto. Él era lo que se dice un mercenario. Hoy por hoy atajaba en Dalmine y yo sé que a pesar de su interés por la guita, se había ido bastante dolido del Buena Esperanza y ahora buscaba venganza dejándolo afuera del reducido. Hable de todo con el Rubio. Me comento que a él también lo habían llamado los dirigentes de nuestro antiguo equipo. Pero que los había sacado corriendo ya que se había enterado que los sinvergüenzas ni siquiera les pagaban los sueldos a los empleados del club y pretendían malgastar guita en sobornos. Era un mercenario Finesa, pero guardaba algo de códigos aún. Estuvimos hablando como hasta las tres de la mañana. Me tranquilice bastante y me hizo bien hablar con él. Volví a la concentración como si me hubiese sacado una carga de encima.

El día del partido lo tomé como una verdadera final.  Los hinchas del Buena Esperanza me dedicaban cantitos, me puteaban de arriba abajo ¡hasta me hicieron una bandera los muy malditos! “Alibour traidor te vamos a matar”. Juro que me hervía la sangre. No le voy a contar los pormenores del partido ya que seguramente a usted no le interesara mucho. Pero fui la figura del partido, viejo, atajé todo. A los cinco minutos había llegado un centro envenado que cabeceo Soto y la pelota parecía que entraba al ángulo. No sé dónde saque tanta agilidad a los 39 años y volé para sacarla de un manotazo al córner. En una jugada posterior, el mismo Soto le pego cruzado, llegue a sacarla de una forma formidable. Hubo muchas jugadas más y yo me encargaba de ahogarle el grito a todos esos desagradecido. Sin embargo me dolía que estuviera dejando sin posibilidades de ascender al equipo de mis amores, pero estaba tranquilo. A los 30 minutos llego nuestro gol. Tiro libre espectacular que pateo Espasa al ángulo. Nos salvábamos del descenso. En el segundo tiempo el rival se desmorono, ya casi no nos atacaban y si lo hacían chocaban contra mis seguras manos. Y así se fue el partido. Ganamos de visitante y nos salvamos. Pero le voy a ser sincero, la mayor alegría la tuve cuando me entere que Dalmine había perdido por 3-0 y por diferencia de gol Buena Esperanza se metía en el reducido. Le juro que salte de la alegría por eso. Yo al principio tuve un poco de miedo por algún tipo de represalia que pudiesen haber tomado en contra mío o contra mi familia. Pero la verdad que lo único es que pase de ser un simple “mercenario” a ser un “súper mercenario”. Aún hoy  la gente de Buena Esperanza me cruza en la calle y me dice que por mi culpa casi se quedaron afuera del octogonal. Me recuerdan con ese vil calificativo. Es triste que pese más un descenso y ese partido que todo el resto.

Al otro día de terminado el partido fui a verlo de nuevo a Lucas Finesa.  Me hizo pasar a su departamento, estaba bastante contento el rubio. Me senté en uno de los sillones de su living mientras su señora nos servía un café y de fondo se escuchaba un programa infantil, que estaba mirando su pibe de no más de cinco años. El rubio miro detenidamente el bolso que había traído. “¿Trajiste eso?” me pregunto expectante Lucas. Abrí uno de los cierres del bolso y saque una bolsa con doce mil pesos.  Finesa quedo absorto en las doce lucas y se puso a contar billete por billete. Yo le di un sorbo a mi café pensando que había hecho la mejor inversión de mi vida, total cuatro mil pesos por gol no era tanta guita. 

Toni Schweinheim
Obra Publicada, expediente Nº 510614. Dirección Nacional del Derecho de Autor
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