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Arriba: Periodismo deportivo argentino (veleta, peseteros, humeadores seriales, panelistas de feria, cortamambos)

Selección.

Curiosamente este antiequiipo de nuestra vuelta tiene un único jugador, si tal vez no dio paja poner más, pero este único integrante de esta sección merecía su nota especial.

Bueno, nos fuimos un poco más de dos años y las cosas mucho no cambiaron, bah empeoraron. Hasta el sábado cuando uno escuchaba las palabras “Final- Argentina- Messi”, le agarra un ataque de pánico y hasta el Papa Francisco perdía la fe. Pero por fin se terminó el maleficio del orrrrrto este. Messi trajo la co, Messi trajo la co, Messi trajo la copa y cerro varias co, cerro varias co, varias colas.

Casi todos queríamos que la Selección gane la Copa América y seamos felices por un ratito entre tantas pálidas. Nos referimos a “casi” porque hubo una parte del periodismo deportivo que apostó fuertemente a que perdíamos. La palabra no es apostar, es más bien, negociar. Ver levantar la copa a Messi les dolió más que a cualquiera de nosotros el upite cuando sale de la carnicería o el supermercado. Como, por ejemplo, el programa que es un genocidio de letras “S” que conduce el Pollo Vignolo. Desde panelistas que siempre han camarilleado DT, hasta un “esss campeón del mundo del ochentaisei’” tiraban en contra. Uno como capitalista, o mejor dicho como deudor moroso, entiende la guerra desatada entre “Tapia y Tinelli” y que los sobren vuelan. [Nota: si el Chiqui o el Cabezón nos están leyendo, por unos mangos le lavamos la imagen y el auto al mismo precio. Aprovechen la promo]. Ruggeri actuó mejor en la publicidad con la hija, que simulando estar contento por la decimoquinta Copa América obtenida. Pero papá, con la “selesion” no. Ahí como futboleros, argentinos e hinchas queremos que la selección gane siempre, a pesar de que esté Mariano Iudica o Darth Vader como presidente de la AFA. Déjense de joder. Pero bueno, hoy en la escena domina la escuela Niembro. La otra parte del periodismo, que se mantuvo a la espera de perder la final, luego de la final, ya estaba exigiéndole a Scaloni y Messi que ganaran el mundial de Qatar. Paren un poquito, van más rápido que Nik borrándole la firma a un meme.

Lo más lindo—después de ganar la Copa, obvio—, fue ver la cantidad de veletas dándose vuelta. Si hubiesen instalado algún parque de energía eólica cerca de los canales y radios, hoy teníamos más electricidad que Raiden del Mortal Kombat. Aaaaamigo. Si bien Messi no tuvo una gran noche, hubo cuadras y cuadras de periodistas para lustrarle el sable corvo con saliva. Si, esos mismos que hacia un poco más de 20 días pedían que se fuera de la selección. La frutilla del postre fue ver a Azzaro (ferviente ex antimessi, actual messista futuro exmessista antimessista diabólico) bardeando al pollo Vignolo por twitter. Hay que tener cuidado con el monóxido de carbono en estos días, y no por la calefacción, sino por el periodismo deporto mainstream argento.

Nos toca ser sinceros, cuando lo vimos a Di María de titular en la final, medio que nos abrazamos a un blíster de clonazepam. Muchos se pusieron contentos por Messi, si nosotros también, pero más por Di María, al que siempre hacia (e hicimos) mierda en cuanta final jugábamos o pifiaba el rosarino. Perdón fideo, siempre te bancamos, si te criticábamos era porque querías que cambien, tontuelo.

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