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João Johan Pringles Da Sousa Melo Aldana Pinto, o mejor conocido como Escrutinho es hasta ahora el jugador de fútbol profesional más veterano del mundo. Muchos glorifican al japonés Kazuyoshi Miura por seguir jugando Hasta los 50 años… es porque no conocen la historia de Escrutinho, quien llegó a disputar su último partido a la friolera cifra de 87 años, récord que seguramente permanecerá inalterable por mucho tiempo.

Nació en junio de 1924 en Remedos dos Calada, cerca de Minas Gerais. Vigesimoctavo hijo de una humilde familia, se vio obligado a trabajar desde niño cosechando la tierra, saliendo a vender periódicos o bailando lambadas  a cambio de unas monedas y, si bien se vio obligado a abandonar la escuela, no abandonó la capacidad de autosuperarse.

Cuando Eusebio Bolanhos, presidente del naciente club Boilas Quentes, vio en el chico un futuro prometedor, Escrutinho danzaba al compás del ritmo brasilero a la gorra, sin saber que su vida estaba a punto de cambiar. Bolanhos notó una gran destreza física en el chico, un quiebre de cintura único, una fortaleza física envidiable, justo el centro half que el equipo necesitaba. Sin mediar palabra, el presidente dejó en la gorra del joven muchacho, una tarjeta con su número de teléfono y la palabra “llámame” garrapateada rápidamente. Los días de pobreza para Escrutinho parecían estar por llegar a su fin.

Sin embargo los días pasaron y Escrutinho nunca lo llamó. Fue entonces que Bolanhos, muy indignado por el desplante del mocosinho impertinente, fue a buscarlo para increparle tal descortesía. “Te he dejado una tarjeta con mi numero ¿Por qué no me has llamado?” dijo enérgicamente Eusebio Bolanhos. “Es que no sé leer”, esgrimió el pequeño.  El presidente se conmovió hasta las lágrimas y, luego de llorar durante unas tres horas y de casi deshidratarse, por fin abrazó a la jóven promesa y se lo llevo al club.

Escrutinho nunca había visto una pelota; el fútbol aún no era un deporte muy popular en Brasil. Sin embargo, sus condiciones físicas eran innatas y formidables. En su primer encuentro, Eusebio Bolanhos, quien además de ser el presidente de la institución también era el entrenador, puso de titular a la joven promesa, que se transformó en el jugador más joven en debutar con tan solo 9 años. Con el correr de los partidos se fue soltando, se fue haciendo dueño del medio campo… tanto que  casi se trae a su familia a vivir al círculo central, lo cual motivó fuertes reprimendas de Bolanhos.

A los 12 años ya era capitán del equipo pero, a pesar de su gran momento, el equipo no ganaba. Boilas Quentes nunca pasaba la mitad de tabla. Esto motivó que el presidente, Eusebio Bolanhos, echara sin contemplaciones al entrenador, que era él mismo. Esto produjo una acefalía en el club, puesto que nunca se dirimió si la crisis deportiva se había cobrado dos puestos, el de presidente y DT. Esta falta de conducción fue aprovechada por el presidente del Pão de Açúcar FC, quien endulzó a Escrutinho con todo tipo de ofertas para que recale en su equipo.

Veinte años estuvo Escrutinho en el Pão de Açúcar FC hasta que tuvo que alejarse por motivos de salud, puesto que una incipiente diabetes comenzaba a aquejarlo. Por recomendación médica le aconsejaron jugar en equipos no tan refinados. Pero en dicho equipo había ganado casi todo lo que había jugado: siete Copas do Brasil,  cuatro estaduales, dos  bachilleratos (este último sin ninguna previa) y los Juegos Evita 1948.

Escrutinho no solo tuvo tiempo para ser pilar fundamental del equipo multicampeón, sino que formó su propio hogar, luego de alquilar durante muchos años. En un viaje a la Argentina conoció a Nélida Roccasalvo, vedette y bailarina con quien contrajo matrimonio al año de estar de novios. La feliz pareja fue bendecida rápidamente con dos hijos: el mayor Carlos Junior Diego Kairzinho Walter Lima Nahuel Melo Aldana Pinto; el segundo Roberto Pinto (cuyo nombre la justicia le impidió elegir a Escrutinho, tras una medida cautelar presentada por Nélida). 

Por supuesto que sus buenas actuaciones le valieron la convocatoria a la Verdeamarelha, pero quiso el destino que la segunda guerra mundial dejara truncos los sueños mundialistas de nuestro benemérito héroe del balompié. A pesar de ello, brilló en su patria y junto al suizo Otto Victorino formaron un dúo letal en el Vasco Da Flamma, al que la prensa denomino  dúo “Escrotto”, por el dolor que generaba en los rivales sus pases y cortes en el medio campo. Al llegar el mundial de 1950 una lesión en los gemelos le impidió participa. Era tan amigo de los gemelos Marcos y Marquinhos que decidió abandonar el mundial para cuidarlos. De estar él en el equipo, Brasil hubiese evitado el Maracanazo.

Desde 1950 a 1980, Escrutinho pasó por no menos de 35 equipos distintos. A pesar de ya tener una edad para el retiro, su nivel de juego seguía intacto. Marcaba como ninguno, dominaba las acciones, ordenaba. Con 46 años se convirtió en el jugador más longevo en levantar la Copa del estadual Pernambucano. Internacional de Porto Alegre, Chachacha, Nacional de Porto Treste, Franja Moardinha, Provincial de Porto Meh, Goias, Moria, Alcoyana,  Borcegofogo y Peronista de Recife fueron algunos de los equipos que se engalanaron con la presencia de Escrutinho. Si bien su edad iba en aumento, su carrera en cuanto a clubes iba en bajada. Prontamente se encontraba jugando en equipos del ascenso brasilero, no por su nivel de juego, sino que muchos temían contratar a un jugador que ya había superado la barrera de los 50 años. Sin embargo, Escrutinho seguía adelante, viviendo de lo que le gustaba hacer y seguramente lo disfrutaba como el primer día. 

La crisis llegó en los ’90, cuando prácticamente nadie quería contratar a un septuagenario. Estuvo sin club durante ocho meses. Se temía que Escrutinho cayera en las garras de la depresión. Sin embargo el Previsão CF, se hizo de sus servicios sin saber que la presencia del veterano jugador iba a llenar sus gradas. Todos querían ver a la gloria, al eterno guerrero de Remedos do Calada. Más allá de que muchos asistían a los partidos de este modesto equipo a ver el “fenómeno” de un jugador de edad avanzada, Escrutinho seguía más vigente que nunca y varias veces fue la gran figura del encuentro. Metía como ninguno, trababa hasta con la cabeza. Era un ejemplo para todos: el primero en llegar a entrenarse, el último en irse. El retiro aun parecía estar lejano.

Sin embargo en el 2004, una investigación periodística, de esas mala leche que nunca faltan, mostró imágenes de Escrutinho moviéndose con lentitud, ayudado por un bastón y con una boina gris a pesar que la temperatura en el lugar no baja nunca de los 30. Fue un escándalo: el Previsão CF convoco a una conferencia de prensa junto con el jugador. Al llegar todos vieron lo mismo: Escrutinho llegaba despacito, ayudado por un bastón pero con una boina marrón, el periodismo había mentido en parte. El jugador explicó que como todas las personas de su edad, el cuerpo le pasó factura pero que en la cancha se transformaba, que era su mundo. Los torcedores no necesitaban más explicaciones, Escrutinho hablaba en la cancha.

El tiempo pasó Y, ya en el 2011, llegó la hora de decir “adeus”. No porque haya mermado físicamente, sino porque le llegó un ofrecimiento que hacía años estaba esperando.  “Yo me quería retirar, más o menos desde los 30 años, pero como no sabía hacer otra cosa, seguí jugando porque de algo tenía que vivir, ahora que me ofrecieron una pensión, estoy listo”, fue el emotivo discurso del jugador de ya 87 años, ante una multitud emocionada hasta las lágrimas.


Y así Escrutinho se retiró, hoy vive en un campo cercano a su lugar de nacimiento. Hay quienes dicen que cuando se siente mal o muy viejo, se junta con sus amigos a jugar un picadito, porque ese parece ser el mejor remedio para la longevidad, por lo menos para él. 


Toni Schweinheim 
Obra Publicada, expediente Nº 510614. Dirección Nacional del Derecho de Autor

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