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Arriba: Asociación del Fútbol Argentino (Ente anárquico, deudor y acreedor,  tomado por los inútiles); Walter Erviti (Casi ex jugador de Banfield, casi ex jugador, caprichoso, crack); Eduardo Spinosa (Presidente de Banfield, poco pagador, deudor compulsivo, amante de Tinelli).

Abajo: Marco Van Basten (Ex crack de la selección holandesa, demente, director general para el desarrollo técnico de la FIFA, flashero); Raúl Gámez (Presidente de Vélez, puteador, ex barra, contradictorio crónico), Mauricio Macri (Ceo de la Nación, gato, tarifascista).

Selección.
En este verano hay tres hermosas novelas. La de la AFA, la de Erviti y Spinosa y la del periodismo deportivo que quiere ponerlo a Montoya a toda costa en River o Boca. Vamos con la primera. En la AFA hay crisis, bronca y hambre. Ninguna novedad, desde la partida de Don Julio quedó el ente quedo más huérfano que Simba tras la muerte de Mufasa. Los clubes al borde del abismo, deudas con jugadores empelados, deudas con AFA… y apareció Mauricio Macri para hablar de una crisis terminal y que los dirigentes no se toman anda en serio. Luego aparecería Raúl Gámez para agarrarse del alambrado y recontra putearlo: "Es un hijo de puta. Lo que hizo con el fútbol éste tipo pedante, soberbio, basura, del presidente de los argentinos no tiene perdón de Dios". ¿Quién tiene razón? Ambos tienen completamente la razón. Desde hace varios meses se viene fogoneando desde el gobierno la idea del desembarco de las Sociedades Anónimas Deportivas. Hay un constante repiquetear de que el futbol argentino es una mierda, que hambrea al perro, que no dice “amen” en publicaciones de Facebook, que se roban toda la guita, que abandona gatitos al costado de la ruta… Lo triste es que es cierto y tenemos dirigentes tan pelotudos que viven mandándose cagadas y dándole la razón. Algunos porque realmente son pelotudos y otros porque también bombean para ese lado. Nos quieren vender que la salvación son las Sociedades Anónimas Deportivas, dando como ejemplo al Manchester City, al Paris SG… y obviando el caso del Valencia y el funcionamiento de las gerenciaciones. Claro, puede funcionar y por ahí estamos equivocados, pero viendo la clase de políticos, dirigentes y empresarios que tenemos en el país, lo más probable es que las SAD se transformen en una especie de Laverap.

Se vino el segundo capítulo de la novela de Eduardo Spinosa y Walter Erviti. Con el tema de la negociación de los sueldos más o menos encaminada y a cuenta gotas con gran parte del plantel, ahora el pedido de Erviti pasó de ser estrictamente salarial a querer irse a Independiente de Holan. Recordemos: Erviti quería a Holan en Banfield pero a Falcioni le fue bien, Holan arregló con el rojo y ahora el que se quiere ir es él. Spinosa quiere que se vaya, a cambio de la deuda y algún jugador del Rojo. La contraoferta de Moyano fue: un millón de pesos por Erviti y el porcentaje de algunos juveniles. Porque a la miseria del de enfrente haya que aprovecharla. Lo cierto es que el traspaso del ex jugador con rodete quedo trabada y ahora el 10 de Banfield amenazó con retirarse si no lo venden. Una novela que promete continuar.

Esta semana nos enteramos que Marco Van Basten es director general para el desarrollo técnico de la FIFA. Nos enteramos porque luego de una joda en Ámsterdam en donde se fumó hasta las macetas de la zona roja, se despertó con la idea de querer modificar ciertos aspectos del reglamentos, tales como sacar el off-side, la definición por penales, meter 6 cambios por partidos, etc. El holandés recibió cientos de puteadas y algún que otro apoyo. Todos estos cambios para “beneficiar al espectáculo”. Marco, si querés espectáculo, págate Netflix, ratón. 

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