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Los superhéroes y la cancha del fin del mundo

El lector Marcelo Novelli nos compartió este maravilloso cuento, el cual compartimos con todos ustedes, que lo disfruten.


***

Platón sostenía que “al contacto con el amor, todo el mundo se vuelve poeta”. Y así como el amor puede revestir diversas formas, la que siempre adoptó en mi vida fue redonda. Eso debe ser lo que me impulsa a contar esta historia, en definitiva, una historia de amor.

Era viernes, uno de esos días donde todos en la oficina están un poco menos malhumorados. Estaba en pleno almuerzo cuando un llamado irrumpió en ese breve recreo laboral. Era el loco Tito, compañero de la vida, pero sobre todo del fútbol. El torneo que solíamos jugar había terminado un par de semanas atrás y todo había quedado ahí, en stand by. Aún estábamos elaborando el duelo de la derrota, la que científicamente sólo se da por superada luego de transcurridas tres semanas sin tocar el tema en el grupo. Y ojo que no vale ni una gastada al arquero que se morfó el gol, o al delantero que le erró al arco iris. Acá es silenzio stampa, viejo. Fue así que entre su llamada y mi primer “hola”, asocié su comunicación con alguna inquietud de papeles, seguramente fiscal. El loco siempre andaba al filo de la ley. Cuando uno es contador, debe acostumbrarse a estos menesteres, a ser un consultorio de urgencias impositivas.

Pero no, me equivoqué. El loco me lo tiró de una y la verdad que me sorprendió: “che, querés venir a jugar mañana un torneo?”. Y ahí es el momento cuando te retrotraés hasta el niño que eras 20 años atrás y, sin pensar en nada, decís “sí, obvio”, para luego acordarte de tus otras responsabilidades. El transfer de mi esposa (embarazada de 8 meses) llegó rápido vía whatsapp y quedé moralmente habilitado para jugar. “Mirá que es la semifinal”, me dijo el loco, metiéndome presión y tratando de empezar a hacerme sentir el partido. Con mi último “contáme a full”, fui inscripto en su lista mental de buena fé, único requisito formal para participar de la competición.

Siendo uno más de un grupo que conocerás recién al otro día y diez minutos antes de arrancar el juego, el nivel de interrogantes que te surge puede ser nulo o ilimitado. En mi caso, fue la segunda opción. Lo bueno es que también vos solito vas generando una respuesta para cada una de estas preguntas, que te encaran cual veloz puntero derecho. Y por qué no lo llamó al Lucho, que la mueve más y está mejor físicamente? Porque el Lucho arruga cuando las papas queman, y vos sos malo pero metedor, un tipo que cumple con la definición de polifuncional: aquel que juega mal en todos lados. Y te la aguantás ser un Plan B? Y sí, pasa también en el fútbol profesional, cuando los clubes grandes (en este caso, las esposas o los laburos) no ceden los jugadores, hay que recurrir a la segunda línea. Y cómo es que pueden anotarte recién en semifinales y no pasa nada? Y acaso para la Libertadores no podés sumar refuerzos en los últimos 4 partidos? En eso no debe haber problema. Esto es amateurismo, maestro. Acá el libro de pases permanece abierto las 24 horas, los 365 días del año. Te ponés la camiseta (a veces ni eso) y jugás. Punto.

La verdad que no estaba bien físicamente. La maldita pubalgia y la osteocondritis me venían quitando silenciosamente minutos de fútbol, o lo que es lo mismo, años de vida. Además, las últimas comilonas en lo del Negro pesaban y mucho. La semanita con 11 horas laborales promedio también conspiraba contra el estado físico de este jugador, que se disfrazaba de oficinista durante la semana. Y así, casi sin darme cuenta, me iba comprometiendo con un grupo, un conjunto de muchachos de los cuales conocía a uno solo. La magia que tiene este juego y las sensaciones que genera, son difíciles de entender.

Mi parte contractual no me alteraba, sabía que lo mío era un préstamo sin cargo y sin opción, desde mi equipo de siempre (el de los Siberianos) al equipo éste, el nuevo, el de mi amigo, con el que ya me había consustanciado virtualmente, pero del cual, aunque ustedes no lo crean, aún desconocía el nombre.

La mañana siguiente amaneció horrible. Frío, gris, hasta lloviznaba. El día te invitaba a quedarte adentro, con la frazada hasta el cuello. La CHVF (Confederación Hogareña de Viudas del Fútbol), con presidencia alternada entre mi esposa y mi madre, no tardó en dar el parte climático. Yo asentí, pero me quedé tranquilo: sabía que había reglas, y que el transfer, una vez enviado, no se podía anular. El partido empezaba 13.40, pero en el pueblo vecino y en una cancha que, obviamente, tampoco conocía. Así que un par de horas antes y conociendo el paño, encaré hacia el dormitorio (el vestuario) y empecé a armar el bolsito. La primera pregunta surgió muy rápido: qué camiseta hay que llevar? Y pantalón? El emisario que me había contactado no me había detallado esa información. Y bueh, camiseta debe haber, y el short… el short negro, ese no falla nunca. Le metí el de Alemania de 2010, porque el traje que te ponés te define cómo jugás, y esa tarde… esa tarde necesitaba ser Schweinsteiger. Cómo que no influye la ropa en el jugador amateur? Acaso viste alguna vez a Batman hacer sus proezas sin su disfraz? Si los superhéroes necesitaban usar sí o sí su traje para poder actuar, mis superhéroes del fútbol también usaban su traje de gala, compuesto de camiseta, short y medias. Y cuántos más trajes pudiera tener, más variantes (tan necesarias para los picados) iba a tener. O al menos siempre lo pensé así.

El chárter de los jugadores (mi auto) partió 12.40, como era de esperar, con un solo pasajero a bordo. El loco podría haber venido conmigo, pero siempre le surgía algún imprevisto. Y esta vez no fue la excepción. A mitad de camino me llamó para avisarme que no llegaba, que lo habían hecho laburar de más, que el auto lo tenía roto, que el nene enfermo, y que la mar en coche. Yo le agradecí que me avisara, pero jamás dudé en seguir camino. Los flacos que iban a ser mis compañeros, ya eran mis hermanos desde el momento que me habían convocado a jugar. Que no los conocía? Cómo que no, si esa noche previa soñé con los goles que íbamos a hacer y los roces que íbamos a tener que bancar. Para mí ya tenían rostro y hasta apodo. Ya existían.

Llegar a la cancha no fue fácil. Una señora que estoicamente había salido a proveerse para el puchero diario, me informó que quedaba “derecho, hacia el fin del pueblo”. Pero cuando encontré la cancha, la desolación del lugar se parecía más a la del fin del mundo. Un linyera de pueblo, asomado al frente del portón, y mirando desde la calle el partido anterior, completaba la escena. Predominio de tierra, pastura esquiva y dura, arcos sin red, líneas demarcatorias despintadas. La señora de la entrada con su cajita y “dinero sencillo”, la que nunca falta, me avisó que la entrada eran 20 pesos. Argüí mi condición de futbolista (la que a simple vista difícilmente se hubiera podido detectar), pero fui compelido de igual modo a abonar el ticket de ingreso. Acá todos pagan, bien socialista.

Al ratito empezaron a llegar mis compañeros, perdón, mis hermanos. Me presenté ante el kapanga del equipo, el Gringo, que me recibió cual técnico ávido de refuerzos. Ahí caí en la cuenta que lo conocía. Las amistades que hace el fútbol, en algún picado lo habré cruzado. “A vos te quiero bien paradito de cinco, necesito orden en el medio”, me tiró de entrada. Yo me sentí Schweinsteiger. Y él, quizás, Guardiola.

Difícil memorizar siete nombres nuevos en diez minutos. El único que alcancé a registrar fue Beto, así que con ese, cortito y fácil, me manejé. Para mí eran todos Beto, había siete Betos, pero funcionaba. El fútbol es un idioma universal.  

El partido fue una pesadilla… para la escasa concurrencia del lugar. Chato es poco decir. El campo de juego y la pelota fueron polos opuestos, que rara vez se unieron. Los Beto respondieron a las exigencias del juego (y también a mi llamado, siempre que les pedí el balón).

Creo que solo me falta contar un detalle, una anécdota, lo que nadie va a recordar. Para muchos puede ser lo más importante, pero para mí solo es un dato más. El partido terminó 0-1. Mi conciencia deportiva (o el periodista imaginario que habita mi cabeza) me calificó con un aceptable 6 y el Gringo me saludó piadosamente con una caricia en la coronilla.

Me quedé sin revancha. Me quedé con la historia.

Marcelo E. Novelli

El antiequipo de la semana.

Futbol para Todos (finado proceso de televisación del fútbol argentino, violado, sodomizado, saqueado)

Selección.
Se terminó el futbol para todos. O mejor dicho lo fueron. Igual parece que le meten el respirador artificial gratuito hasta el 2019, pero es un parecer más que una certeza, porque en este país todo tiene menos definición que Higuaín en una final. ¿De quién es la culpa que no exista más el FPT? Si nos preguntan a nosotros, la culpa es de TODOS. AFA, gobierno anterior, gobierno actual se destacan entre el mar de culpable.

Con el futbol “pago” los clubes estaban al borde de la quiebra, con el futbol “gratuito” los clubes están al borde del colapso económico y financiero.

Desde el primer contrato con TyC, allá por el año 1991, hasta hoy,  la situación de los clubes empeoro más que el peinado de Bastia. Inclusive los clubes están más pelados que el mediocampista. La excusa de Don Julio para dar el puntapié al futbol codificado fue que con el dinero de la TV, los clubes ordenarían sus cuentas. No paso, las cuentas se ordenaron menos que la jeta de Ribery. Y es más, empezaron las quiebras de los clubes: Racing —como caso más resonante—, Talleres de Escalada y un sinfín de equipos pasaron más hambre que un zombi buscando cerebros en la cámara de diputados.

Vino el FPT, acá decidimos copiar y pegar lo que pusimos hace un tiempo, total no cambio nada:

(…)Una de las premisas del FPT en su arranque fue la de que todos los clubes se iban a sanear económica y financieramente.  Un hermoso chiste futbolero. Porque ningún club cumplió y mucho menos controlaron a los clubes, ni la misma AFA ni el gobierno. Depositaban la guita y se escurría. Menos control que Fabbiani en un tenedor libre. Y, la verdad es que a muchos no les convenía controlar. La plata del FPT iba en aumento pero se la chupaba un agujero negro más grande que la defensa de Argentinos Juniors. ¿Dónde está la guita del FPT? Al igual que la pelota del penal de Higuaín: nadie sabe a dónde mierda fue.  Los clubes están cada vez peor y ahora la solución es… volver al “fútbol privatizado”… ¿Pero cómo? ¿La solución definitiva no era el fútbol para todos? Ahora parece que la solución es volver al “fútbol pago”, entonces… ¿Por qué andaban tan mal económicamente  los clubes cuando el fútbol era codificado? Welcome to Argentina, el lugar en el mundo donde nada funciona racionalmente (...)

Síntesis: Con estos dirigentes de mierda que tenemos, EL FUTBOL PAGO Y EL FUTBOL GRATUITO NO FUNCIONO.

¿La culpa entonces es del sistema de televisación o de los dirigentes? Pregunta boluda si las hay, todos ya sabemos la respuesta.

¿Es culpa de Macri la finalización del futbol gratuito? Al gobierno de Cambiemos, los muchachos de la AFA  le tiraron un centro justo para que haga lo que mejor sabe hacer: recortar. Si bien en el contrato del Fútbol Para Todos hay una cláusula de ajuste para incrementar el canon y que es justa… con una mano en el corazón díganos ¿Usted le daría a estos garcas hijos de putas que fundieron la AFA 1.500 millones de pesos? Usted dirá que hay miles de prioridades antes que el fútbol, y eso es cierto, muy cierto. Hay millones de prioridades antes que el fútbol. Hospitales que se caen a pedazos, escuelas que están más derrumbadas que la credibilidad de los dirigentes de nuestro fútbol… ¿Pero usted piensa que de verdad van a invertir esos 1.500 en eso, cuando nos están recortando más que a Caruso el pelo? Ojalá que sí, ojalá que el gobierno presente un plan de inversiones en donde estén plenamente identificados esos 1.500 millones, pero la verdad que confiamos menos que viendo a Higuaín frente a frente contra Bravo en la final de la Copa América Centenario. El fútbol estuvo en manos privadas mucho tiempo, el estado sin embargo nunca ni mejoró hospitales o escuelas. Como dijimos antes, esta es una opinión, no es la verdad revelada y todos tienen su opinión formada.

Nos despedimos transcribiendo algo que también ya habíamos escrito sobre este tema y en el cual seguimos pensando lo mismo. 

(…)El que consume futbol lo va a seguir consumiendo. Salvando las distancias de la comparación medio pedorra que vamos a hacer: un fumador por más que le pongan un atado de puchos a $100 (muy pronto llegara a esa suma, no se preocupe estimado fumador), va a seguir consumiendo. Hará malabares pero seguirá fumando. El futbol no es un vicio, es una pasión indescriptible,  usted lo sabe y por eso tal vez se encuentre leyendo estas líneas. Si viene el futbol pagado nuevamente seguramente muchos futboleros de ley, dejaran de gastar en otra cosa y pondrá futbol pago como ya lo hizo en una época. Si no le alcanza la plata, seguramente apelara a alguna ilegalidad, como en los ’90 fueron los decodificadores truchos. Hecha la ley, hecha la trampa (…)


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