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Ese día Mog llegó a su caverna temblando de excitación.


—Grog y Gmub descubrieron el fuego —fue lo primero que dijo, sentándose en una roca.
Npmw, su mujer, lo miró, dejando de castigar con un palo la carne de saurio.

—Esos dos siempre haciendo locuras —fue lo único que comentó.

—Es algo maravilloso —se entusiasmó Mog.— Algo que cambiará nuestras vidas.

—¿Qué es? —preguntó Npmw, abandonando su labor. Mog la miró largamente, frunciendo aun más su entrecejo pronunciado. Luego hizo unos gestos con las manos. Se puso de pie, para ayudarse con la mímica.

—Es alto así —indicó con su mano, casi al nivel de su cadera.— ¡Pero no siempre! —se apresuró a aclarar— a veces más, a veces menos.

—¿Qué clase de animal es? —requirió, ofuscada, Npmw. — No hay ningún animal que a veces sea de una altura y a veces de otra.

—No es animal —cortó Mog.

—¿Qué es?

Mog pensó. Transpiraba. Se rascó la cabeza.

—¿Es una piedra? —trató de ayudar Npmw —¿Una roca?

—No. No. Se mueve —afirmó Mog.

—¿Se mueve? ¿Y no es un animal?

Mog negó repetidas veces con la cabeza.

—No es un animal.

—¿Es agua? —aportó Npmw.— El agua se mueve. Mog la miró detenidamente.

—No —dijo.— No es agua. El agua se puede tocar. El fuego no se puede tocar. Npmw se sentó, perturbada.

—¿Por qué no se puede tocar? Es un animal, entonces. Un animal peligroso que no se puede tocar.
Mog pegó furiosa y repetidamente con la planta de su pie derecho contra el suelo.

—¡No! —gritó.— Los animales caminan, hacen ruidos, hablan. El fuego no hace ruido.

—¡¿Qué es, entonces?! —se exasperó Npmw.

Mog se retorció una oreja.

—Es rojo —dijo.

—¿Rojo?

—Sí, rojo. Y no se puede tocar porque lastima los dedos.

El rostro de Npmw mostraba cada vez más confusión.

—¿Es un árbol? —aventuró.— ¿Un árbol de espinos, que pincha?

—¡No!

—Pero... ¿ ¡Qué es, entonces, si no es ni un animal, ni un árbol, ni una piedra?!

—¡Es fuego, simplemente! —giró por la caverna Mog, sus largos brazos abiertos—. Eso es... ¡Fuego!
—¿Y qué es el fuego? —Npmw estaba al borde de las lágrimas.

—¡Es lo que descubrieron Grog y Gmub! ¡Eso es! —rugió Mog.

Npmw lo observó un instante como para decirle algo. Luego sus hombros se abatieron. Se puso de pie y volvió a tomar el palo.

—Está bien, Mog —dijo, casi en un susurro.— Está bien. ¿Para qué vamos a seguir discutiendo? Siempre pasa lo mismo contigo.

—Npmw, el fuego es algo nuevo —trató de interesarla nuevamente Mog.— No es agua, porque el agua es fría. El fuego es caliente, caliente como el sol cuando pega en la piedra, como el abrigo de la piel. No es roca, porque se mueve y porque uno puede ver a través de él, no es...

—¿Puedes ver a través de él? —giró hacia Mog, abandonando por un momento sus golpes sobre la carne, Npmw — ¿Puedes ver a través de él y no es agua?

—¡Te he dicho que no, Npmw! ¡Te he dicho que no! ¿Cómo puede ser que no entiendas?

Npmw asestó un tremebundo palazo sobre la carne.

—Está bien, Mog, está bien —rabió.— Está bien. Yo nunca entiendo nada. La bestia de Npmw nunca entiende nada. Está bien.

—No es un árbol tampoco... —prosiguió Mog—... porque...

—¡Está bien, está bien! —continuó golpeando la carne Npmw.— No me expliques nada. No me expliques nada que no entiendo. Soy muy bruta para entender una cosa tan simple como el fuego.

Mog se golpeó con las manos contra los muslos.

—¡Otra vez! —elevó sus ojos al cielo.— ¡Ya empezamos otra vez con lo mismo!

—Yo sólo sirvo para estar metida acá dentro —siguió hablando como para sí misma Npmw.— Es para lo único que sirvo. Para lo único que sirve Npmw es para eso.

Mog dio un par de vueltas por dentro de la caverna, nervioso, y luego se apoyó contra una de las rocas de la entrada.

—Grog y Gmub dicen que el fuego servirá para cocinar —dijo. Ahora sí, Npmw lo miró.

—¿Para cocinar? —dijo, despectiva.

—Sí.

—Já —rió Npmw.

—¿Por qué te ríes? —se amoscó Mog.

—No saben ni siquiera qué es el fuego y dicen que servirá para cocinar.

—Ellos saben qué es el fuego —afirmó Mog.— Ellos lo descubrieron.

—¿Y si ellos sabían lo que era... —Npmw se volvió hacia Mog y puso sus manos en su cintura, desafiante—... por qué no les preguntaste qué era?

Mog la miró, haciendo rechinar sus dientes, sin saber bien qué responder.

—¡Por que yo estaba allí, viéndolo! —estalló luego— ¡No tenía por qué preguntarles qué era una cosa que estaba mirando frente a mí! ¡Si tú estás viendo un gliptodonte no le preguntas a nadie qué es eso, sabes que es un gliptodonte!

—Muy bien, muy bien —aprobó, irónica, Npmw.— Entonces... ¿Qué es el fuego?

—¡Yo sé qué es! —bramó Mog.— Pero me cuesta explicarlo. Y no les pregunté a Grog y Gmub porque bien sabes que no les gusta hablar sobre lo que descubren.

—¡Sí! —chilló Npmw.— ¡No les gusta hablar pero afirman que eso servirá para cocinar!

—¡Sí que servirá! ¡Grog dice que el pescado, por ejemplo, sabe mucho mejor puesto en el fuego!

Npmw contempló a Mog, silenciosa.

—¿Sabe, acaso, cocinar, Grog? Mog esbozó un visaje de duda.

—No sé. Pienso que sí —arriesgó al fin.

—¿Un cazador, un guerrero, y sabe cocinar? —agudizó Npmw.

—No es un cazador. Es un descubridor.

—¿Descubridor, Grog? —se rió Npmw. —¿Por qué lo llamas descubridor? ¿Porque lunas atrás encontró una fruta desconocida que casi nos enferma a todos y ahora descubre esto que cuentas y que ni siquiera se sabe qué es?

—¡Sí sé lo que es! —se plantó Mog en medio de la caverna. Npmw lo miró, ante el nuevo matiz de la conversación.

—¿Qué es?

—Es un color.

—¿Un color?

—Sí, un color —se cruzó de brazos Mog, ahora aliviado.

—¿Cómo, un color?

—Sí, un color. Pero un color solo. Salido de la cosa que puede recubrir.

Npmw continuaba mirándolo, interesada.

—Mira, Npmw —explicó Mog—. Todas las cosas tienen color, tú lo sabes. Las plantas son verdes, algunos animales son marrones. El cielo es azul. Bueno, el fuego es el color rojo, pero sin nada abajo. El color solo. ¿Has visto la sangre? Bueno, es roja. Si a la sangre le sacas el color, te quedan dos cosas. La sangre por un lado y el color rojo por el otro. Como si le sacases la piel a un saurio. El fuego es la piel de la sangre.

Npmw frunció el ceño. Volvió a dar cara a la carne que estaba machacando, pero el palo castigaba ahora, débilmente, el reborde de la piedra.

—La piel de la sangre —musitó.

—Por eso se mueve —asesoró Mog.— Como se mueve la sangre, si la has visto correr por el piso. Y es transparente, porque es un color. También es transparente el color celeste, del agua y del cielo, de lo contrario no veríamos a través de ellos.

—¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó Npmw. Mog se encogió de hombros.

—Grog y Gmub me habían dicho que no lo contara a nadie —exclamó.

—¿Por qué?

Mog volvió a encogerse de hombros.

—No sé.

—Haber descubierto un color no parece tan importante —dijo Npmw.

Mog se marchó hacia el fondo de la caverna. Grog y Gmub no le habían dicho absolutamente nada. Pero a Mog le molestaba quedar como un ignorante frente a su mujer.


Roberto Fontanarrosa.
Extraído del libro "Nada del otro mundo". Ed. de La Flor 1987. Ed. Planeta 2012


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