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Lucas acababa de recibir su título de abogado. Su pasión era el derecho y se recibió en tiempo record. Trabajó y estudió en todo momento. A pesar de ello, en ningún momento dejo de lado a la familia.

—Qué lindo verte recibido, yo siempre soñé con verlo a tu padre recibido—El abuelo Roque se había puesto melancólico.

—Confórmate con verlo a tu nieto —comento sonriente Lucas.

—No es conformismo, es una alegría enorme Lucas — dijo dándole una palmada al nieto— el único reproche que tengo es que ni a vos ni a tu padre le gusta el fútbol.

—Para hacerse mala sangre esta la vida, el laburo —comenzó a enumerar Rubén, el padre de Lucas e hijo de Roque.

—Es un comentario muy simplista Rubén —respondió Roque mientras se sentaba en un pupitre que estaba en el medio del patio de la vieja facultad.

—A mí no me gusta el fútbol, nunca fui a la cancha pero reconozco que antes de morirme quisiera ir a una—se excusó Lucas.

—Vamos el domingo Lucas —devolvió inmediatamente el abuelo.

—No sé, abuelo, no me gusta…

—Dale hacelo por mí, antes que me vaya al cielo—Don Roque apelo a la lastima— es uno de mis mayores anhelos ir con vos a la cancha.

—Anda Lucas dale, si quieren los acompaño —terció Rubén.

—Quisiera ir con mi nieto solamente, así estoy un rato con él…

—Está bien abuelo, pero si la cosa se pone jodida nos vamos eh.

—Trato hecho — dijo el viejo con una sonrisa de oreja a oreja

El domingo Lucas fue para la casa del abuelo. Quien ya lo estaba esperando en su viejo Ford Taunus modelo 78. Estaba vestido con los colores de su equipo y su sonrisa adornaba todo. Estuvo esperando toda la semana a que llegara el domingo. Lucas en cambio estaba un tanto nervioso. Si bien ya era grande, estaba por pisar los 25 años, pero nunca había pisado la cancha. Nunca había seguido a  ningún equipo. Cuando le preguntaban de qué equipo era, decía que no le gustaba el futbol con una sonrisa de compromiso. Le pasaba pocas veces ya que su núcleo de amigos era como él. También estaba intranquilo. Las imágenes que siempre veía de los estadios era el de la violencia, barras, muertos.

Fueron a platea, donde la cosa es más tranquila. El partido fue verdaderamente un asco. Un completo dolor de ojos. Un cero a cero en todo sentido. Ni siquiera un tiro en el travesaño o en el palo. Nada. Lo más cercano que paso al arco fu un despeje al córner de un defensor que no quiso correr riesgos.

—Soy un tonto Luquitas —se disculpó Roque ya de vuelta en el auto—  elegí un partido de mitad de campeonato, donde ya no luchamos por nada al igual que el rival…

—No pasa nada abuelo —respondió Lucas— pasa que lo mío es otro ámbito. Es el derecho. La discusión, el debate. Indagar, aportar datos certeros, elaborar una defensa o un ataque. Eso me encanta a mí

—Eso también es fútbol…

—No abuelo. Si vos decís un ataque por un ataque al arco rival, no. Eso es un hecho deportivo. Físico. Yo te hablo de elaborar un ataque con datos, información...

—Yo tampoco te hablo de jugadas y eso, Lucas —dijo el viejo— es más, ya que me lo decís voy a presentarte a los mejores abogados del mundo.

— No entiendo…

—Vos déjame a mí, venite el miércoles para casa y te los presento.

El miércoles el flamante abogado fue para lo de su abuelo en su auto. Roque salió con su boina marrón, su campera. Se subió al cero kilómetro de su nieto y partieron.

Lucas y su abuelo entraron al bar del pequeño club que quedaba a dos cuadras de su casa.  Se sentaron en una mesa para dos. En la mesa contigua, había tres viejos que saludaron e invitaron  efusivamente a Don Roque a que se siente con ellos. El abuelo de Lucas se excusó diciendo que estaba con su nieto, aprovecho para presentarlo ante esos tres viejos chicharacheros, quienes lo saludaron fervorosamente. Roque se acercó hasta la barra, pidió dos cervezas y una picadita para compartir con su nieto.

—Bueno ya está —dijo Roque sentándose pesadamente.

— ¿A qué hora vienen estos abogados? —inquirió Lucas.

—Ahí están —comento divertido el abuelo mientras señalaba con el mentón a los tres viejos.

— ¿Ellos son los abogados?

—Así es…

—Pinta no tienen.

—La pinta es lo de menos. Tampoco tienen el título de abogados. Pero te puedo asegurar que la mejor defensa y la mejor querella esta en esos tres tipos.

—Te juro abuelo que no entiendo.

—Ya vas a entender, ya vas a entender. No hables mucho, para la oreja y presta atención a lo que dicen.

Lucas paro el oído unos minutos. Los tres viejos estaban hablando de temas banales. De carreras de caballo. Lucas no entendía bien porque. Pero su abuelo siempre le hacia este tipo de cosas. Los viejos hablaban de la quinta, la sexta de Palermo. Hasta que en eso sintió un tirón en la manga. Era su abuelo, quien lo miro, señalo a un muchacho con la camiseta de River que cruzaba por el bar para ir hasta la entrada de la cancha. Roque lo miro a su nieto, se llevó el dedo índice a la boca, en clara señal de silencio y con las cejas indico que prestara atención a los tres “abogados”.

— ¡Que grande millonario! —Grito uno de los viejos al muchacho que pasaba— Dale campeón, dale campeón.

— ¡Pero cállate amargo! —Se crispo uno de sus compañeros de mesa— festejas una copa de leche. Caradura.

— ¿Perdón? —Se defendió el otro—  Vos contabilizas la Copa Nicolás Leóz desde 1993, cararrota.

—La jugamos contra el Atlético Mineiro, no contra un equipo de tintoreros y podadores de bonsáis.

—Vos no tenés vergüenza Juan, jugaste esa copita de morondanga porque ganaste la copa pedorra que era la Master. Accedimos a la Suruga porque ganamos la Sudamericana ¿Te acordás? Donde lo dejamos afuera a ustedes…

—Pero nosotros te dejamos afuera toda la vida, no me vengas con pavadas.  En el 78 te deje afuera de la Libertadores, en el 94 te saque de la Supercopa ¿Te suena Palermo en el 2000 o la gallinita de Tévez en el 2004?

—Por supuesto que me acuerdo, así como también me acuerdo de la mancha del partido entre ustedes y Oriente Petrolero para sacarnos de la Copa...

— ¿Mancha? ¿Vos me venís a hablar de mancha? Tenés esa mancha de la B, desde el 2011, no me jodas.

—Ay porque Boca no jugo en la B ¿No? Estuviste cinco temporadas en la segunda división, 1908 a 1912. No me vengas con estupideces Juan,  te tuvieron que hacer ascender porque no ascendías.

—Son épocas del Amateurismo, Juan…

—Ajá, por eso te colocas la estrella de los seis campeonatos que ganas en el amateurismo. Contá todo Clemente.

—Seguí festejando, que te falta el doble de libertadores para alcanzarme.

—Sigan discutiendo que yo tengo 7 Libertadores —arremetió Luis que hasta el momento estaba callado— el único y primer rey de copa.

—Pero vos entrabas a jugar en semifinales caradura —lo corto Clemente— En el 66 cuando te toco ir a la fase de grupo  te quedaste afuera ahí mismo.

—Eso fue solo en la Copa de 1965, una sola vez. —respondió el viejo de Independiente.

— ¿Y en el 73, 74 y 75 Luis?

—Entramos en la segunda ronda, no en seminales.

— ¿Ah no es lo mismo? —se ofusco Clemente.

—Por supuesto que no, además vos siempre ganaste por penales no sé qué venís a hablar—dijo Luis.

—Por penales tiene el mismo valor, Luisito.

—Nosotros jugábamos partidos desempate —dijo Luis mientras juntaba miguitas con el meñique— era mucho más jodido. Además antes clasificábamos solamente los campeones, no como ahora que te meten por la ventana como hicieron ustedes contra Vélez o vos que clasificaste de pedo a segunda ronda.

—Pero antes lo más lejos que viajabas era a Colombia. 

—Lo que pasa es que la última Copa que gano Luis fue en blanco y negro.

—Claro, cuando Mirtha Legrand era joven

Los tres comenzaron a reírse. Hicieron un parate para tomar un trago de cerveza. Luego la discusión viro abruptamente hacia la política. Pero Lucas no necesitaba escuchar más nada. Se había dado cuenta por qué su abuelo había denominado a esos tres viejos como los mejores abogados del mundo. En cuestión de segundos pasaban de ser la defensa a ser la querella. Con datos precisos.

— Es increíble abuelo. Datos precisos, cierran cualquier tipo de vericueto del otro — se sorprendió Lucas— Pero tengo una pregunta, ¿Quien suele ganar con este tipo de pleitos?

—El futbol Lucas, el fútbol. — Dijo el viejo— ahora yo te hago una pregunta ¿Querés venir el próximo partido?

— ¿Vamos en tu auto o en el mío?
Toni Schweinheim
Obra Publicada, expediente Nº 510614. Dirección Nacional del Derecho de Autor


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