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“Al fútbol lo deje de seguir en 1931 cuando se profesionalizo, porque lamentablemente se transformó en un negocio que mató al espíritu del deporte”
 -Osvaldo Pugliese





Formación: TODOS si, todos aquellos que contribuyeron a que el fútbol se transforme en una verdadera porquería y cuando decimos “todos” nos incluimos.

Es difícil, es muy jodido encarar esto desde el punto de vista del humor. Así se habrá sentido Palacio cuando lo tuvo enfrente a Neuer; vamos a tratar de no definir por abajo pero la realidad es tan hija de puta que te achica los espacios y se te hace difícil definir.

Todo tenía que ser una fiesta, podía ser de River que venía bastante bien o podría haber sido de Boca, un gol es bastante remontable. Pero desde que enfocaron esa bandera que decía “Si nos cagan otra vez, de la Boca no se Ba nadie”, algo empezó a oler peor que Cavenaghi sin bañarse durante un par de días. ¿Cómo es que dejaron entrar esa bandera y no dejaron desplegar el “telón” que les regalo Tévez? Y… ¿cómo entraron las bengalas? Y… ¿cómo mierda entraron gas pimienta o mostacera? Y… ¿cómo mierda entro un drone y un joystick? Y… En la AFA, en Boca y en la policía hay más dudas que en una convención mundial de emos. Pero bien, vayamos por partes, como dice Orión antes de salir a partir rivales. Vamos a ir personaje por personaje; relatar los hechos como fueron es más al pedo que los cacheos que te hacen para ingresar a los estadios, además a estas alturas hasta una ama de casa de Groenlandia ya sabe de todos los hechos.

El periodismo hinchó tanto las pelotas con un superclásico de vida o muerte que casi termina de esa manera. Que si uno se queda afuera es fracaso, que si un DT pierde se va, móviles por todos lados. Claro, todo el periodismo no es el culpable, pero de tanto inflar las pelotas alguna termina por reventarla. Y claro cuando pasa lo que pasó, estos cagatintas automáticamente se transforman  en un Padre Farinello con 3 litros de clonazepam inyectado en las venas, diciendo con una sonrisa tranquila “basta de violencia”, cuando ellos prenden la mecha. Vamos a seguir sosteniendo hasta el final: el folclore es de los hinchas, no del periodismo que lamentablemente solo lo usa por vender un diario más, por un puto like más o por un miserable punto de rating. Durante el partido varios periodistas se indignaron más por el drone que por los jugadores de River que estaban más ciegos que cualquier árbitro de primera y con la cara más hinchada que la Tota Santillán. Luego empezaron las especulaciones: Que fue la policía, que había un soldador, que se iba a seguir jugando, que la concha de tu madre All Boys… Si la AFIP cobrara un impuesto por vender humo, la recaudación —solo el viernes— hubiese subido un “infinito por ciento”. Y luego el escandalo pasó del periodismo deportivo al periodismo “político”, donde se ponía en el centro de debate que esto era una conspiración para ensuciar a Angelici salpicando a Macri y/o una conspiración para ensuciar a Berni salpicando a Cristina. Claro, del pobre boludo que pagó una entrada, que llevó a su hijo para vivir una fiesta, que tuvo que salir con el culo en la mano del miedo  y le patearon el auto hasta el cansancio cuando salía de la cancha; nadie habló.

Otra cosa que molesto fue la actitud de los jugadores de Boca. Quienes tuvieron menos compañerismo que Icardi. Con varios jugadores de River más quemados que la cabeza de la Xipolitakis, hinchados al borde de la ceguera; el único jugador que se acercó a ver que les pasaba fue Daniel Osvaldo. Y miren que nosotros al Dani le pegamos más que Reyna a Maradona, pero allá fue él a ver qué pasaba... claro antes se había mandado una “bilardeada” diciéndole a Sanchez que Cavenaghi le había trincado a la jermu, pero se lo atribuimos a las bilardeadas ya clásicas en nuestro fútbol. La segunda, cuando los jugadores de River tenían que salir del campo de juego y antes del temporal de botellazos, el plantel de Boca se mostró menos solidario que Scar del Rey León. Tuvieron que convencerlos para que “acompañen” a los jugadores de River a salir por la manga. Hasta el propio Angelici tuvo que charlar con el Vasco, que estaba de acuerdo con la idea pero nadie le daba bola... tanto que el único integrante de Boca que acompañó a los jugadores fue Arruabarrena. La frutilla del postre fue cuando los jugadores se “formaron” en sus respectivos puestos con la venia del Vasco, en un claro significado de “nosotros queremos jugar”, algo tan asqueroso como imaginarse una escena de hard porn entre Luis D’Elia y Patricia Bulrich. Los jugadores se quedaron y se recibieron de termos al saludar a los hinchas y he aquí que Agustín Orión desplazó a Götze como el jugador de fútbol más odiado por la comunidad futbolera argentina, hasta de los mismos hinchas de Boca. Claro, al alemán uno no se lo banca por aquel gol... por cuestiones futbolísticas, más que nada. Pero lo de Orión es indefendible, a pesar de las aclaraciones de “que saludaron a los hinchas que quedaron”. Claro, algún que otro hincha “normal” quedaba en la cancha, pero la mayoría de los que quedaban no eran otros que los barras y los que tiraban botellas. Tenemos la seria teoría de que Orión una vez que se retire no va a agarrar ningún equipo como DT, sino que va a agarrar la doce.

Otro momento de tensión se vivió cuando Rodolfo D’Onofrio se presentó adentro del campo de juego y Rodolfo Arruabarrena charló pacíficamente con él a las puteadas y a los gritos. D’Onofrio no tenía nada que hacer dentro el campo de juego claro está. El sentido común, y sin ánimo de defender a nadie, nos indica que cualquier presidente hubiese bajado a ver lo que ocurria con sus jugadores. Pero claro, el sentido común hace rato abandonó al fútbol argentino como Chacho Álvarez en el 2000, y todos creemos que D’Onofrio intento “sacar” del partido a los jugadores, a pesar de que Ponzio tenía la cara más desfigurada que Drago en Rocky IV.

Cuando sucedió lo que sucedió con lo del gas pimienta o el preparado mostacero y el aire se cortaba con una amoladora de lo denso que estaba apareció un drone con un fantasma de la B. Más desubicado que Ahmadinejad en un Bar Mitzvá. Esto si es algo netamente del folclore futbolero, ya que no daña, no lastima, etc. Pero claro llego en un momento inoportuno y desato un vendaval de indignaciones. También y sin ánimo de defender o de ser lights, uno cuando está en una cancha no tiene mucha información cuando hay ciertos incidentes lejos de donde uno se encuentra. El temita en cuestión es que algunos periodistas pusieron al que manejo el drone a la par del cabeza de tacho que tiro la mostacera, actos en los cuales hay años luz de distancia. Pero claro para indignarse al periodismo cualquier bondi lo deja bien.

Sergio Berni hablo al rato de terminado todo el quilombo. Dijo que el operativo fue un éxito... eh…. eh… eh… eh… sin llegar a pronunciar tantas “e” como Maradona, podríamos decir que viéndolo desde el punto de vista de la demora y que en la desconcentración de hinchas no hubo heridos significativos a pesar de algunas corridas y autos pateados por los termos de siempre, podría llegar a tener razón; siempre y cuando se refiera a eso solo, porque en cuanto al operativo policial fue un completo desastre: tuvo más huecos que el peinado de Bastia. Y donde verdaderamente patinó más que Palacio, fue al momento de decir que hay “chacheos” y “CACHEOS” (le falto guiñar un ojo a lo Lionel Hutz nomás) y que no hubo bengalas; además de tirarle la pelota a Daniel Angelici y decir que la seguridad del club es responsabilidad del club. O sea, si uno ve que en la casa vecina se están moliendo a palos, uno no va a llamar al 911 porque la seguridad del vecino es cosa del vecino. Claro, sabemos que hay legislación y regulaciones, pero otra vez volvemos a pedir un cacho de cordura. Puede ser que el cacheo haya sido exitoso y que la pirotecnia y el gas mostacero lo hayan metido mucho antes del horario del operativo, uno es asiduo concurrente a las canchas y sabe que esto puede pasar; esto sí es responsabilidad de Angelici. Ahora sabemos que, a veces, los cacheos son menos efectivos que poner a Palacio de delantero en la final de un mundial... que a uno le sacan un encendedor pero adentro de la cancha ves a gente hasta con una bomba nuclear y eso sí, es responsabilidad de la policía.

¿Qué decir del termo o los termos que tiraron ese material a la cancha? Ya está todo dicho, esto le hizo tanto daño a Boca como perder 100 superclásicos al hilo.

Tal como escribimos en la editorial de la muerte de Emanuel Ortega: si a la sociedad estadounidense se la condena por el libre acceso a las armas por parte de cualquier perejil, lo cual provoca  matanzas por algún loquito que anda suelto y armado; la sociedad argentina tiene una enorme arma sobre la cabeza, cargada de desidia, de desatención, de corrupción dispuesta a generar un desastre. Ahora esa bala de esta ruleta rusa le toco al Boca – River y no hay sanción que nos haga volver de esa enorme mancha en el fútbol argentino.

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