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Primer Puesto: Eduardo Coudet (Entrenador de Rosario Central, loco lindo, ex teñido,  festejador)

Segundo Puesto: Ricardo Zielinski (Entrenador de Belgrano de Córdoba, protestón, Carusista libre de humo)

Tercer Puesto: Guillermo Barros Schelotto (Entrenador de Lanús, llorón, protestón, doble de lagrima de Andrea del Boca)

Otra vez Central en el primer puesto, si bien en el campeonato tiene más punteros que el peronismo, el conjunto caballa volvió a lo más alto tras un “bajón” —debe ser por Garcé—, en el que no perdió partido. Y ahí está el entrenador debutante, Eduardo Coudet, el chacho, uno de los pocos entrenadores-hinchas de verdad que hay en el fútbol argentino. Contra San Martin de San Juan fue un partido más duro que el estado de su ayudante de campo, pero gano en la última bocha y se volvió a trepar a lo más alto. Él, que fue expulsado, se cago en el protocolo, en la seriedad de los entrenadores y festejo como un hincha más, un genio. Solo le faltó ponerse en bolas y hacer helicóptero con la chota dedicándole el triunfo a los vecinos.

La semana a pasada a Ricardo Zielinski lo pusimos en el tercer puesto del podio, hoy su puesto coincide con el de Belgrano en el torneo: segundo. El pirata cordobés se puso como único escolta en un torneo en el que el más regular zafa. Y si hablamos de regularidad, el ruso viene teniendo más regularidad que las adictas al activia, desde el 2011 que está en Belgrano y el celeste nunca desentono. Hoy está ahí nomás de la punta. Zielinski, un Caruso Lombardi libre de humo.

Guillermo Barros Schelotto llegó al clásico en la cuerda floja, a pesar de haber protagonizado excelentes campañas con el conjunto granate, pero el fútbol es así y los resultados actuales mandan. El entrenador con los lagrimales más entrenados que Andrea Del Boca se impuso en un clásico del sur de alto voltaje, donde ganaba el que era más “vivo” y allí lo llamaron a su juego. Potenció a un jugador como Acosta inculcándole todas sus virtudes y sus mañas. No solo gano el clásico del sur, sino que le gano el duelo a Almeyda, un símbolo de River y él un símbolo de Boca. El mellizo volvió a tomar aire.

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