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Por Ale Apoesia (*)

Y bien querido espectadores del indómito deporte que se desarrolla en el verde césped de los estadios donde los 22 gladiadores demuestran su valentía dándole rienda suelta a sus instintos de guerreros. Vuela Bueno, vuela como un danzarín barrilete impactado por el rayo de las piernas de Orión, cual constelación nos muestra su imperturbable brillo en el ocaso del día sanjuanino. La lejanía de estas estrellas las trae consigo el uno de Boca y se las hace ver a Bueno, que relincha del dolor. Las sirenas irrumpen en el cantico de la popular del Ingeniero Hilario Sánchez. Allá se va en una ambulancia Bueno, quedose en el piso Orión, tal vez golpeado en su humanidad o en su moral. Roja, roja como la herida en el alma del maltrecho uruguayo que su dureza ahora está en el yeso, yeso que inmoviliza su pierna y el corazón de la abarrotada tribuna. Oh injusto destino que has quebrado a Bueno y al Parma.


Prestos los guerreros de la lepra y del cervecero se disponían a enfrentar una dura y épica batalla en la oscura noche rosarina, oscura como aquellos maléficos hechiceros en la edad media, oscura como ese que escucha cumbia sin auriculares en el colectivo. Y el colectivo imaginario ya se ponía en marcha. Estoica la figura de Julio Cesar Falcioni metiendo miedo desde los recovecos de su banco de suplentes. Partido duro y tenso como los pelos de mi barba cuando no le pongo crema enjuague, pero las emociones se hicieron esperar y llegaron al final como llegan las miguitas de una bolsa de papas fritas. La primera daga en el corazón de Quilmes la clavo Scocco, que fue el coco, pero ni el coco se puede asustar de Falcioni y así en tres minutos más empato Rodrigo Gómez.

Rulos al viento cual bosque en llamas, quemándose estaba Troglio, quemándose como mi cena después de distraerme escribiendo estas líneas. Partido duro en el campo de juego del verde césped, le costó a Lanús, como le cuesta a Homero. Cuando sale del trabajo, Homero viene pensando que al bajar del colectivo, esquivará algunos autos, cruzará la avenida, se meterá en el barrio, pasará dando saludos y monedas a unos vagos. La primera estocada de la noche vino por parte de Ayala. Bombazo de Ayala, le pego duramente cual Niembro le pega al mundo cuando no tiene acceso a la conexión Wi Fi. Y después se vino el segundo, Jorge Ortiz. Gano el granate, se pone a tiro en la tabla y amenaza con arrebatarle la punta a duro conjunto del Chacho Coudet y del duro Garce.

Impiadoso presente vive el sabalero, duro como la realidad, duro como las puertas pentágono, duro como su comercial, duro como Fava. Allá va penando en su presente, impotente como abuelo sin pastillita azul. Allá va penando Colón, y ahí está el bravo, el indómito Tigre de Alfaro, arrebatándole los tres puntos en casa, robándole la alegría. Fue Marcelo Larrondo quien puso el 1-0 y estirar la agonía de este Colón.

Vuelan los puntos de Vélez en este mal pasar de esta temporada. En frente estaba el prócer celeste, el prócer que sabe eso de sumar puntos, el primer gol de la jornada en el verde césped del Amalfitani fue en contra, Lema en contra, en contra como el harakiri que hacen los japoneses, ese ritual en el que ha aflorado la vergüenza, vergüenza quizás de un gol en contra. Pero en el complemento, donde las aves hacen el amor, donde el ocaso del juego llega para acelerar el pulso de los fanáticos, en ese periodo, en la menopausia del epilogo se vinieron los goles del celeste. Márquez a los 20 y Escudero a los 27 dejaron con lágrimas en los ojos a los de Russo.

Floreose la noche en el Libertadores de América. Una, dos, tres, cuatro veces hicieron el amor. Ella con su amante, la red. La beso, la apretujo contra su fibra de red y pasaron una noche romántica a la luz de luna. Paso tan solo algunos segundos para que Albertengo oficie de cupido y mande al balón a besarse con su amado arco y el grito de orgasmo se siéntase en toda la popular  y la platea. Riaño desato la promiscuidad entre el balón y la red, segunda al hilo, cual actor porno se desata de furia en una película subida de tono. Ya en el segundo tiempo, volvió Independiente a forzar el eterno amor entre la caprichosa y la estructura metálica. Fue Albertengo el que posibilito que la pelota se introduzca en el himen gigante haciéndolo copular al grito de placer de los hinchas. Y se acabó, cuando Cuesta hizo acabar a ella adentro de la red, otro grito más. Cuanto placer, tengo miedo nene.

Un partido jugado en el verde césped de la verde ciudad de Junín, con sus verdes guerreros. Verde que te quiero verde. Barraza, el lateral puso el primer gol de la noche. Barraza como el queso, que cremoso me comería ahora o una provoleta, redonda como el balón, que rico, tengo hambre nene. Pero el verde no se iba a quedar verde y maduro nene, maduro y Tobías Figueroa puso el primer tanto para los de Junín. Uno a uno estaban ahora pero el verde se transformó como el verde del increíble Hulk y sobre el fina parecería Gervasio Núñez para que Sarmiento agarre la onda verde y vuelva al triunfo. 

(*) No nene, no. No es el Apo posta, no tengas miedo es una parodia.

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