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Paso un nuevo año, otro más, ya van siete. Pero el negro sigue más vigente que nunca. Sus cuentos, sus novelas, sus personajes. Todas sus creaciones. Todos saben que en esta página siempre le rendimos homenaje al Negro con los segmentos de “Sábados de Fontanarrosa”, quiso la cosa que caiga un sábado, justo el séptimo año sin él.  Como todos los años, hay un pequeño homenaje, en esta primera entrega les dejamos antes que nada la tapa de Clarín y la de Pagina 12 con la penosa noticia, luego una nota que salio en clarín en el 2008 (a un año de la muerte del Negro) en donde sus íntimos hablaban de Fontanarrosa a un año de su partida. En la segunda entrega vamos a dejarles algunos homenajes que varios colegas del dibujante rosarino hicieron, ya sea por el tema de su fallecimiento o porque así lo sintieron. Salud, feliz día del amigo para todos y que el Negro siga haciéndonos cagar de risa desde el cielo.

Las tapas




EL RECUERDO DE CALOI
Un amigo entre un millón
(Este es el texto que me vi obligado –por el Negro Fontanarrosa– a escribir en representación de los amigos y colegas, en ocasión de un homenaje que le hicieron en el Senado el 26 de abril de 2006. Justo homenaje para quien fue el constructor de un precioso puente para salvar la distancia que había entre la popu y la literatura, nada menos. El mismo que recorrió él con absoluta naturalidad desde la historieta hasta convertirse en uno de nuestros grandes narradores, sin espada, con el plumín y la palabra. Estaba en sus últimos días. Sé que es tonto hablar de justicia o injusticia ante lo irreparable de la muerte. Pero en la desesperación que nos tomaba a quienes lo rodeábamos, parecía muy contrastante la crueldad de su enfermedad con la entrega de quien había trabajado tanto por la felicidad de tantos.) En este tipo de actos, generalmente, se espera que uno hable bien del homenajeado. Para desolemnizar este momento, y para hacerme un poco el original, yo me he propuesto hablar mal de Fontanarrosa. En Rosario se vive sencillamente. El paisaje y la idiosincrasia no permiten fanfarronadas; es como si no hubiera de qué agrandarse. Los soberbios desentonan, no armonizan con el entorno. Fontanarrosa adhiere totalmente a este culto.

LA PERPETUA INSPIRACION

Con el Negro hemos compartido muchos momentos en los que ¡el destino! nos envió para derramar un cacho de cultura por Córdoba, Mendoza, Comodoro Rivadavia, Misiones, etc. Y también por el exterior. Era el que viajando por México, Estados Unidos y Europa "pelaba" puntualmente su agenda y organizaba las citas con colegas de allá. Al que apodábamos "la tía", porque cuando abandonábamos un hotel, miraba debajo de la cama para ver si habíamos olvidado algo. Lo ubican como canalla, pero sabe de todo el fútbol. Un día, en México, estábamos con el Negro Crist y habíamos pescado un diario argentino con los resultados de los partidos; me pedía que le leyera los resultados y él iba adivinando quiénes habían convertido los goles... ¡Y la pegaba en un 80%! Y con algunos difíciles: a veces arriesgaba goleadores que no eran el 9 o el 10. ¡Eran defensores! Esto lo extendió años más tarde en el personaje de la Hermana Rosa. Lo cierto es que el Negro logró superar a Roberto Carlos. No en la potencia del remate, ni en la habilidad con la pelota o la velocidad, ni siquiera en la negrura. Porque al que superó es al otro Roberto Carlos, el cantante... que quería tener un millón de amigos. ¡El Negro los tiene! Doy fe. Uno de sus primeros desgarros lo sufrió cuando, no sé por qué rara coincidencia o epidemia, sus mejores amigos emigraron en masa, muy jóvenes, a España: unos tipos macanudos que conocí en Barcelona. Tal vez a partir de eso, se dio a la tarea de juntar nuevos amigos, muchos, para que la posibilidad de que algunos se quedaran en Rosario fuera más grande (...). Habrán notado que no encontré cómo hablar mal del Negro. Es que, como decía Machado, éste es, en el buen sentido de la palabra, bueno. La única diferencia con él que recuerde es que no cree en la inspiración. Cree en el trabajo. Cómo va a creer en la inspiración si es un tipo inspirado. No necesita inspirarse. Sólo trabajar. Y entonces le salen las cosas naturalmente inspiradas. Cuando la gente le dice "¡Genio! ¡Ídolo!", mira para otro lado, como si hablaran de otro. Se sacude los elogios como quien se quita de encima salpicaduras. Por eso, querido Negro, querido hermano, te tenemos rodeado el rancho. Don Inodoro, esto es un malón de admiración y, sobre todo, de cariño. Como dijo sabiamente Juan Ramón Jiménez: "El Negro es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón...".

POR GABRIELA MAHY, SU VIUDA
Entre sus cosas
Un año sin el Negro. Qué decir, si todavía hay momentos en que sacudo la cabeza diciendo "no puede ser". ¿Qué pasó con sus cosas? El estudio está como hace un año: su mesa de dibujo, su archivo, su PC y todos los elementos que hacían a su trabajo cotidiano están igual, y seguirán estando así mientras lo siga sintiendo en este lugar. La desaparición física no es cosa menor, pero es nada más que eso, y la sensación de presencia, e incredulidad de ausencia, se acentúa aún más cuando se trata de alguien tan querido, valioso y significativo como era para mí el Negro.

POR FRANCO, SU UNICO HIJO
Ganas de hacer
El regalo más grande que tuve de papá, la mayor de sus enseñanzas, no fue con las palabras sino con los actos, con los hechos. Gracias a mi viejo sé que hay que decir y hacer lo que uno siente. Fue un artista honesto que abrió su alma y se la mostró a la gente. Pocos tienen ese grado de transparencia; él era un genio vestido de civil. Este primer año solo fue duro, pero con una transformación personal mía muy grande y positiva. Me inyectó energía y sabiduría; fue un tiempo de mucha inspiración. Gracias a mi viejo, hoy tengo ganas de hacer cosas y progresar.

POR CRIST
El Negro siempre está
En lo que va de este año, desde que el Negro se fuera, he participado en muchos homenajes que la gente le brinda aquí y en el exterior; siempre está la anécdota o sus dibujos colgados mostrándonos su ingenio imbatible. No parece que se lo recordara sino que es en realidad otro invitado. Hace unos días coincidimos con Daniel Divinsky en Mendoza; el Museo de Chacras de Coria festejaba los cuarenta años de Ediciones de la Flor. Las paredes, llenas de fotografías, de portadas de libros, de originales que ilustran esos libros, cubrían el salón principal del coqueto lugar sostenido por bellísimas vigas de madera lustrada. Inodoro Pereyra, Mendieta y Martín Fierro se mezclaban con Mafalda y los trazos inconfundibles de Luis Scaffatti. Hubo charlas, cenas, vinos y una función de teatro a la que nos invitaron al día siguiente, que más parecía de café concert por la cercanía de nuestra mesa con los actores. Estábamos María Teresa, Kuki Miler, Daniel Divinsky y yo, esperando que comenzara el espectáculo que no era otro que la adaptación de unos cuentos de Fontanarrosa por dos excelentes actores mendocinos. Al rato escuchábamos esos diálogos tan familiares, especialmente para Daniel ya que por sus manos pasaron esos textos por más de treinta años. En un momento, cuando los personajes transitaban las baldosas de El Cairo, ese lugar sagrado donde transcurren tantas desventuras de los galanes de marcado acento rosarino, nos reíamos al escucharlos renovados con tonada cuyana; me pareció por un instante que había alguien más en la mesa que se divertía con esa versión inesperada de la aldea a la que pintó como nadie para hacerla universal.

POR SENDRA
Fuimos colegas, fuiste un maestro
Hacerse de un nombre en la vida es difícil. Se necesita trabajo, suerte, inteligencia y constancia. Fontanarrosa tuvo todo eso y por eso el nombre Fontanarrosa se convirtió en marca. Lo verdaderamente difícil es hacerse de un sobrenombre porque esa medalla ya no le pertenece a la razón, sino al corazón, que ama cuando puede y que puede cuando ama, pero el Negro lo consiguió. Fuimos colegas, por decir lo aparente, en realidad él fue un maestro porque reinventó el humor gráfico con un impresionante manejo del diálogo, buenísimas ideas y una gráfica potente e impecable. Negro, me hicieron falta estas primeras líneas de aproximación para decirte que guardo como una joya el recuerdo de que alguna vez hayas dicho en público que yo era tu amigo. Fue un arrebato de tu generosidad, ya lo sabemos. Tus amigos eran esos sátrapas de El Cairo a los que envidio con todo el alma, porque te tuvieron como un par, y ser un par tuyo debe ser mucho. Te hago un pedido, si se puede... dejáme tomar un café con ellos, no hace falta que estén todos, pero que haya tres o cuatro, sólo para conocer lo que me pierdo. Capaz que no es tanto y me estoy haciendo el bocho por tonterías; yo voy poco a Rosario, pero si esto sale, me mando hasta allá nada más que para eso. Y esto sin desmedro de mis amigos que son es-pec-ta-cu-la-res, pero ese asunto del café, parece una cosa del pasado... de mis tíos... algo que siempre vi de afuera cuando era chico. Y ya que estamos en tren de confesiones, te envidio también tu fanatismo por Rosario, tu club, porque yo no puedo... no hay caso, no puedo ser fanático del fútbol. Ahora, te dejo con un gran abrazo, y una pregunta... ¿Cómo hiciste? 

POR TUTE
Una pena de las grandotas
El Negro es uno de los motivos por los que me hice humorista gráfico. Siendo un pibito ponía una silla al lado de la suya cuando firmaba en la Feria del Libro o en exposiciones y me la pasaba dibujando al Inodoro. "Te sale mejor que a mí", ironizaba. Recuerdo copiarle hasta el brillito de la nariz y, por supuesto, las uñas caladas. También las vacaciones con él y con Franquito (su hijo), las "luchas libres" en la cama (mis dos hermanos y yo contra él) y, ya más de grande, estudiarle los mecanismos del humor con admiración. Era generosísimo. El que no tiene algo suyo es porque no se lo pidió. La muerte del Negro es una pena de las grandotas, de la que no se salva nadie y que va a tardar mucho en tomárselas.

POR DANIEL DIVINSKY
Años de trabajar 'en Negro'
Cuando se pidió mi testimonio avalando la postulación de Fontanarrosa para personificar "el gen argentino" en su categoría en el programa de televisión homónimo, me ubiqué casi como un testigo en contra. Para mí, el Negro no podía representarnos por varias características que lo hacían atípico. Su generosidad: nunca dejó de escribir un texto de contratapa o un prólogo para apoyar a jóvenes escritores que le parecieran valiosos, de ilustrar gratis libros de amigos o conocidos. Su recato cultural: en un medio donde muchos ostentan más lecturas de las que hicieron, el Negro disimulaba la vastedad y variedad de las suyas. Pero principalmente, por no ser "creído": a pesar del inmenso reconocimiento de la gente por sus novelas y cuentos, que comenzaron a ser considerados también por "la academia", nunca se subió al pedestal del "escritor". Jamás convirtió sus textos en fetiches y estuvo abierto, como nadie que conozca, a aceptar modificaciones y mejoras. Editar sus libros durante más de treinta años, haber sido depositario de una confianza tal que nunca volvió a leer un libro suyo luego de haber sido revisado por mí, es un privilegio y motivo de orgullo. Que me haya confiado "el corte final" como se dice encine, hasta de su obra póstuma, significa una responsabilidad pesada pero gratificante, un deber de amigo más que de editor. En el último viaje que compartimos, cuando fue a Guadalajara para recibir un premio de sus pares como humorista gráfico, y participar en paneles sobre fútbol y humor, su ingenio veloz y desbordante hacía casi imperceptibles sus dificultades motrices, sobre las que también ironizaba. Incluso con los impedimentos que en los últimos meses de su vida tornaban muy complicada la comunicación telefónica con él, era mi interlocutor preferido para muchos temas, a través de los e-mails que dictaba. En mi currículum, ser el editor de Fontanarrosa aparecerá en negrita y subrayado.

POR ROGELIO MOLINA, DE LA 'MESA DE LOS GALANES'
El amigo invisible
Desde el '83 en adelante, nos veíamos casi todos los días, hasta que empezó esa maldita enfermedad y para él empezó a ser un esfuerzo infinito salir a la calle. Imagínense que vivía en el Barrio Alberdi, y todos los días a las 19.30 iba hasta el centro de Rosario en su Citröen. Llegaba al bar El Cairo, se tomaba un mate cocido y a las nueve de la noche volvía a su casa. Si no venía era porque estaba de viaje, pero siempre nos traía algo. Una vez llegó de Colombia, trajo un paquete y nos dijo: "Les traje esto porque les va a gustar"... Eran hormigas culonas para comer. Parecían maníes. ¿Que cómo fue esa primera mesa sin el Negro? Bueno, fue al día siguiente de su muerte, pero él ya hacía mucho tiempo que había dejado de ir al bar por su enfermedad. Por eso, nos reuníamos en un bar que quedaba cerca de su casa, una vez por semana, para que él pudiera estar... La última reunión fue el miércoles 18 de julio del año pasado: él murió al día siguiente, a las dos de la tarde. Yo no fui porque estaba en Buenos Aires, pero los que fueron habían estado con él, en su departamento, hasta las nueve de la noche. Ahora es medio raro porque es como si el Negro estuviera presente porque es la reflexión obligada con cualquier acontecimiento: "Si estuviera el Negro diría tal cosa" o "era un cuento para que el Negro escribiera", cosas así. El Negro es una memoria que vuelve. Durante este año nos visitó hasta The History Channel, que hizo un especial sobre él. Y la verdad es que en todo este tiempo me shockeó mucho verlo en las cosas que pasan en la televisión sobre él, porque ahí tomo conciencia de que murió. Y eso me causa mucha tristeza. El Negro es un insustituible. Va a pasar mucho tiempo para que la nación se dé cuenta de lo que perdió. No sé de cuántas personas se puede decir lo mismo.

POR REP
El milagro del humor
El Negro alguna vez dijo que, de no haber sido dibujante y humorista, hubiera querido ser periodista de los de antes, de escritorio. Yo ilustré la nota, pero después no salió el dibujo que está acá abajo. Entonces lo guardé, para darle a Roberto el original, con una notita escrita con birome. Y quedó ahí, postergada la entrega, por culpa de que en esos tiempos sentía que ambos éramos inmortales. Ahora que ya el Negro no tiene que trabajar a destajo como lo hizo, que tiene más tiempo para hojear revistas y recibir regalos, es la hora de dárselo. Tarde.
Pese al sufrimiento diario de sus últimos tres años, Roberto siguió trabajando para la felicidad de nuestra patria y dándose con amor a encuentros con la gente, hasta el final, sin quejarse jamás. Por mucho menos martirio y entrega, el Vaticano santificó a personajes menos virtuosos. Fontanarrosa produjo el milagro permanente del humor. Desde esta página, proponemos que se canonice al gran escritor y dibujante: San Negro. Y que tenga su iglesia. O parroquia. En Rosario, claro. No se aceptará ningún tipo de limosnas.

POR LINIERS
Los Beatles del gran humor
¿Cómo saludarlo? Cuando lo veía no le decía: "¿Qué hacés, Negro?", le decía: "Hola, Roberto", porque desgraciadamente no lo conocí lo suficiente, qué rabia. Me hubiese gustado conocerlo más. Llegar a decirle Negro. Nos cruzábamos de vez en cuando porque tuve la suerte de publicar en su misma editorial, en De La Flor. Yo era el pibito nuevo, el que no podía creer que los Beatles (léase Quino, Maitena, Fontanarrosa, Rep, Caloi, Garaycochea...) lo invitaran a zapar a esas mesas de dibujantes emblemáticas de la Feria del Libro. Las mismas a las que iba como espectador desde siempre. La admiración nunca me dejó tratarlo con familiaridad. "Hola, Roberto", con un poco de vergüenza. Después ligaba una invitación de Daniel Divinsky a comer con John, Paul, George, Ringo y Roberto y me hablaba de Pratt y me preguntaba cómo iban mis cosas, en que andaban mis Macanudismos. Para Macanudo #3 me escribió un generoso prólogo y después multiplicó esa generosidad presentádolo conmigo en la librería Ross en Rosario. Me hizo reír mucho ese día. Estoy seguro de que a la larga me hubiese animado... a lo mejor me animo ahora. "¿Qué hacés, Negro?"


POR JOAQUIN SABINA
Zamba pal Negro (rosarino universal)

Lo peor de la cosa 
nostra es el chau 
de Fontanarrosa. 
Primos al Palau 
San Jordi del noi 
sensa renegau. 
Ni vengo ni voy 
ni firmo recetas 
de ayer para hoy, 
porque, sin 
Mendieta, Boogie 
el aceitoso 
parece un poeta 
lírico y leproso 
y su pobre viuda 
una osa sin oso 
ni fosa ¿quién duda, 
Pereyra Inodoro, 
de la bronca muda 
del pibe del coro 
que desface 
entuertos sin 
hallar tesoro? 
¿Cómo que estás 
muerto?


Mientras en Rosario 
Central, che, Roberto, 
un clon de Romario 
te brinde un golcito 
canalla y sicario 
que muere por Fito, 
por vos, por Olmedo, 
por mi Juan Carlitos 
Baglietto, me quedo 
y me voy con Guevara, 
compadrito en pedo, 
cholo tarahumara, 
tronco de un Quevedo 
que escribe y dispara.

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